Santo
Toribio de Mogrovejo
Fecha central: 27 de abril

Nació en Mayorga, España, en 1538. Los datos
acerca de este Arzobispo, personaje excepcional en la
historia de sudamérica, producen asombro y maravilla.
El santo era graduado en derecho, y había sido
nombrado Presidente del Tribunal de Granada (España)
cuando el emperador Felipe II al conocer sus grandes cualidades
le propuso al Sumo Pontífice para que lo nombrara
Arzobispo de Lima.
En 1581 llegó Toribio
a Lima como Arzobispo, dedicandose con todas sus energías
a lograr el progreso espiritual de sus súbditos.
La ciudad estaba en una grave decadencia espiritual; los
conquistadores cometían muchos abusos y los sacerdotes
no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse
del mal que estaban haciendo, decían que esa era
la costumbre. El arzobispo les respondió que Cristo
es verdad y no costumbre. Y empezó a atacar fuertemente
todos los vicios y escándalos. Las medidas enérgicas
que tomó contra los abusos que se cometían,
le atrajeron muchos persecuciones y atroces calumnias;
el callaba y ofrecía todo por amor a Dios.
Tres veces visitó
completamente su inmensa arquidiócesis de Lima.
En la primera vez gastó siete años recorriéndola.
En la segunda vez duró cinco años y en la
tercera empleó cuatro años. La mayor parte
del recorrido era a pie. A veces en mula, por caminos
casi intransitables, pasando de climas terriblemente fríos
a climas ardientes. Logró la conversión
de un enorme número de indios.
Santo Toribio se propuso
reunir a los sacerdotes y obispos de América en
Sínodos o reuniones generales para dar leyes acerca
del comportamiento que deben tener los católicos.
Cada dos años reunía a todo el clero de
la diócesis para un Sínodo y cada siete
años a los de las diócesis vecinas. Fundó
el primer seminario de América. Insistió
y obtuvo que los religiosos aceptaran parroquias en sitios
supremamente pobres. Casi duplicó el número
de parroquias o centros de evangelización en su
arquidiócesis. Cuando él llegó había
150 y cuando murió ya existían 250 parroquias
en su territorio. Su generosidad lo llevaba a repartir
a los pobres todo lo que poseía.
El 23 de marzo de 1606, un
Jueves Santo, murió en una capillita de los indios,
en una lejana región, donde estaba predicando y
confirmando a los indígenas. Estaba a 440 kilómetros
de Lima. Santo Toribio tuvo el gusto de administrarle
el sacramento de la confirmación a tres santos:
Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y San Martín
de Porres. El Papa Benedicto XIII lo declaró santo
en 1726.
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