El
impacto del SIDA según Juan Pablo II
Selección
de pasajes de la Carta de Juan Pablo II a Kofi Annan
Secretario general de la Organización de las
Naciones Unidas, con motivo de la XXVI sesión
especial de la ONU sobre VIH-SIDA
"La epidemia del VIH-SIDA representa sin duda una
de las mayores catástrofes de nuestra época,
particularmente para África. No se trata sólo
de un problema de salud, ya que la infección
tiene consecuencias dramáticas en la vida social,
económica y política de los pueblos.
Aplaudo los esfuerzos que se están
realizando a nivel nacional, regional e internacional
para afrontar este desafío, gracias a la puesta
en marcha de un programa de acción destinado
a la prevención y al tratamiento de la enfermedad.
El anuncio que habéis hecho de la próxima
creación del Fondo mundial "SIDA y salud"
es un motivo de esperanza para todos. Deseo de todo
corazón que las primeras conclusiones positivas
se concreten rápidamente en un apoyo efectivo.
La terrible difusión del
SIDA tiene lugar en un universo social caracterizado
por una seria crisis de valores. En este campo, como
en los otros, la comunidad internacional no puede eludir
su responsabilidad moral; al contrario, en la lucha
contra la epidemia debe inspirarse en una visión
constructiva de la dignidad del hombre y trabajar en
favor de la juventud, ayudándola a crecer hacia
una madurez afectiva responsable.
La Iglesia católica sigue
afirmando, a través de su magisterio y su compromiso
en favor de los enfermos de SIDA, el valor sagrado de
la vida. Los esfuerzos que realiza, tanto en la prevención
como en la asistencia a las personas afectadas, a menudo
en colaboración con las instituciones de las
Naciones Unidas, se sitúan en el marco del amor
y del servicio a la vida de todos, desde la concepción
hasta el fin natural.
Dos problemas me preocupan particularmente,
y estoy seguro de que serán tratados con especial
atención en los debates de la sesión especial.
La transmisión del VIH-SIDA de la madre al hijo
es una cuestión sumamente dolorosa. Mientras
que en los países desarrollados, gracias a terapias
adecuadas, se ha logrado reducir notablemente el número
de niños que nacen con el virus, en los países
en vías de desarrollo, particularmente en África,
son muy numerosos los que nacen infectados, y esto constituye
un gran sufrimiento para las familias y la comunidad.
Añadiendo a este cuadro sombrío el desamparo
de los huérfanos de padres muertos a causa del
SIDA, nos encontramos ante una situación que
no puede dejar impasible a la comunidad internacional.
El segundo problema es el del
acceso de los enfermos de SIDA a los cuidados médicos
y, dentro de lo posible, a las terapias antirretrovirales.
Sabemos que los precios de estos medicamentos son excesivos,
a veces incluso exorbitantes, comparados con las posibilidades
de los ciudadanos de los países más pobres.
La cuestión abarca diversos aspectos económicos
y jurídicos, entre los cuales algunas interpretaciones
del derecho a la propiedad intelectual.
A este propósito, me parece
oportuno recordar lo que subrayó el concilio
Vaticano II y que mencioné en la encíclica
Centesimus annus sobre el tema del destino universal
de los bienes de la tierra: "La propiedad privada,
por su misma naturaleza, tiene también una índole
social, cuyo fundamento reside en el destino común
de los bienes" (Gaudium et spes, 71; Centesimus
annus, 30). En virtud de esta hipoteca social, traducida
en el derecho internacional, entre otras, por la afirmación
del derecho de toda persona a la salud, pido a los países
ricos que respondan con todos los medios disponibles
a las necesidades de los enfermos de SIDA de los países
pobres, a fin de que estos hombres y mujeres probados
en el cuerpo y en el alma tengan acceso a los medicamentos
que necesitan para curarse.
Vaticano, 21 de
junio de 2001
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