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8 de septiembre
NATIVIDAD DE
LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA
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Fiesta
::
El nombre de María
:: Los
santuarios y la Natividad de María
:: Fuentes
de la Mariología
:: Dios
prepara la Maternidad Divina de María
::
Inmaculada
Concepción de María
:: Efectos
de la Concepción de María
:: María,
Llena de Gracia
::
Perfección
del alma y del cuerpo
:: Himno
- I y II
:: Oración
:: Poesía
a la Natividad de María
::
Galería
de imágenes
Fiesta
(Sábado)
La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima
Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue
fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año
litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición,
en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era
celebrada con una procesión-letanía, que terminaba
en la Basílica de Santa María la Mayor.
El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero
hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente
de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente
griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María.
Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén
el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática,
o sea, de las ovejas. Debajo de la hermosa iglesia románica,
levantada por los cruzados, que aún existe -la Basílica
de Santa Ana- se hallan los restos de una basílica bizantina
y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte
de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.
Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos
como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se vincula
con la convicción expresada por muchos autores acerca de
que Joaquín, el padre de María, fuera propietario
de rebaños de ovejas. Estos animales eran lavados en dicha
piscina antes de ser ofrecidos en el templo.
La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico.
Es famosa la homilía que pronunció San Juan Damasceno
(675-749) un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana,
de la cual extraemos algunos párrafos:
"¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar,
de cualquier época y condición, celebremos con alegría
la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones
muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios,
por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado
y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo.
Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con
dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate,
llena de gracia!
¡Oh feliz pareja, Joaquín y Ana, a ustedes está
obligada toda la creación! Por medio de ustedes, en efecto,
la creación ofreció al Creador el mejor de todos los
dones, o sea, aquella augusta Madre, la única que fue digna
del Creador. ¡Oh felices entrañas de Joaquín,
de las que provino una descendencia absolutamente sin mancha! ¡Oh
seno glorioso de Ana, en el que poco a poco fue creciendo y desarrollándose
una niña completamente pura, y, después que estuvo
formada, fue dada a luz! Hoy emprende su ruta la que es puerta divina
de la virginidad. De Ella y por medio de Ella, Dios, que está
por encima de todo cuanto existe, se hace presente en el mundo corporalmente.
Sirviéndose de Ella, Dios descendió sin experimentar
ninguna mutación, o mejor dicho, por su benévola condescendencia
apareció en la Tierra y convivió con los hombres".
Si pensamos por cuántas cosas podemos hoy alegrarnos, cuántas
cosas podemos festejar y por cuántas cosas podemos alabar
a Dios; todos los signos, por muchos y hermosos que sean, nos parecerán
tan sólo un pálido reflejo de las maravillas que el
Espíritu de Dios hizo en la Virgen María, y las que
hace en nosotros, las que puede seguir haciendo... si lo dejamos.
El
nombre de María
Su belleza, amada de Dios, estrella del mar, señora y también
el de iluminada. Todo depende de las múltiples interpretaciones
que se hagan de las palabras que forman el nombre, tanto en griego
como en hebreo.
Incluso hay quien cree que puede significar "mar amargo",
por la situación de amargura en que vivía el pueblo
de Israel. Recuerda que muchos israelitas ponían a sus hijos
los nombres que más expresaran las situaciones sociales y
económicas en que vivían.
También es
importante destacar que en 1683, el Papa Inocencio XI declaró
oficial una fiesta que se realizaba en el centro de España
durante muchos años y que es la del "Dulce nombre de
María".
Se cuenta que la primera diócesis que celebró oficialmente
la fiesta fue la de Cuenca. Pero, la onomástica del "Dulce
nombre de María" tiene fecha propia, y es la del 12
de septiembre. Es bueno que sepas que hay muchas "Marías"
que celebran su fiesta durante este día y no el 15 de agosto.
Los santuarios
y la Natividad de María
Muchos santuarios marianos de todo el mundo celebran su fiesta el
8 de septiembre. La mayoría son aquellos que basan su historia
en la tradición de que la imagen que se venera ha sido hallada
por casualidad por un animal -normalmente suele ser un toro- o por
una pastorcilla. Es el caso de santuarios catalanes como el de Montserrat,
Núria, el Tura, o el de Maritxell de Andorra. Hay otros templos
que, a pesar de que no tienen esta tradición, aprovechan
la festividad de la Natividad de María para hacer una conmemoración
festiva.
Fuentes de la Mariología
Obtenemos noticias
sobre la Virgen Madre de Dios y de la Iglesia:
De las fuentes de
la Revelación: Palabra de Dios escrita (Sagrada Escritura)
y Palabra de Dios transmitida de viva voz a través de todas
las generaciones (Tradición).
- LA SAGRADA ESCRITURA,
en el Antiguo Testamento, nos habla de la Virgen de manera misteriosa.
En el GENESIS aparece
íntimamente llegada a la promesa del Redentor inmediatamente
después del pecado de nuestros progenitores, así como
Eva estaba íntimamente ligada con Adán en la comisión
de ese pecado. Las palabras de Yahvé: " Yo pongo enemistad
entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te aplastará
la cabeza mientras tú te abalances a su calcañal "
(Gén 3, l5), nos hacen ver a Cristo con María triunfando
sobre el demonio tentador.
En las personas bíblicas
de Rut, Judit, Ester, así como en la Esposa de los Cantares
y, sobre todo en la Hija de Sión, se ha visto vislumbrada
la figura de María, así como en múltiples textos
de los libros sapienciales, que la Iglesia recibe en su liturgia
mariana.
Así también
aparece, según el mismo entender de los santos padres, la
figura del misterio de la Virgen Fecunda en la nube que el profeta
Elías divisara desde el Monte Carmelo, y que se convirtió
en abundante lluvia (l Re l8, 44), con grandes beneficios para la
tierra de Israel esterilizada tras larga sequía.
En el NUEVO TESTAMENTO
aparece María aureolada de una sobriedad maravillosa que
hace más admirables y llenos de frescor natural los relatos.
En los Sinópticos (Evangelios de San Mateo, San Marcos y
San Lucas), especialmente en San Lucas, se nos manifiesta la presencia
histórica de María en los hechos de la Infancia del
Señor. El Evangelio de San Juan nos complementa, por decirlo
así, la Mariología del Nuevo Testamento con el relato
detallado del papel espiritual de María en las Bodas de Caná
y al pie de la Cruz del Señor, en el Calvario. (Jn 2,l2,
l9,25-27)
LOS HECHOS DE LOS
APOSTOLES nos completan la figura neotestamentaria de María,
describiéndonos su presencia en la naciente Iglesia del Cenáculo
y Pentecostés y, por fin, en el Apocalipsis se vislumbra,
según la constante interpretación de la Iglesia en
sus Santos Padres y en la Liturgia, el misterio de la gloria de
María.
- LA TRADICION,
segunda gran fuente de la Palabra de Dios revelada, nos presenta
a María, bien sea a través de las decisiones de los
concilios y de los Sumos Pontífices acerca de sus diversos
misterios, o bien en los comentarios de los Santos Padres y escritores
eclesiásticos, así como también en las manifestaciones
de la arqueología, del arte cristiano de todos los tiempos,
y de la liturgia.
Dios prepara la Maternidad Divina
de María
Dios planeó
desde toda la eternidad toda la obra admirable de la Encarnación
del Verbo como culminación de la creación del Universo;
y como quiera que en la mente sapientísima de Dios cabía
simultáneamente la previsión del mal del hombre y
de su restauración por medio del mismo verbo revestido de
carne mortal, dentro de toda esta visión divina estaba también
con preponderante papel, la persona y la misión de María
Madre del Verbo hecho carne. Así, pues, la razón misma
de ser de la Virgen María estaba en los designios del Altísimo
aun antes del tiempo, en su carácter de Madre del Verbo Encarnado.
Nosotros pensamos
y proyectamos, pero muchas veces nuestros proyectos, por hermosos
y hacederos que parezcan, permanecen en la ineficacia; no ocurre
así con Dios, cuyo poder no tiene límites. De ahí
que, al pensar Dios desde toda la eternidad en María, Madre
de su Hijo Unigénito hecho carne, confiera a esta elegida
un carácter muy específico para su existencia. Por
eso podemos concluir que la elección de María no es
el escoger una persona determinada para una misión específica,
sino la predestinación desde antes de los siglos de una Madre
para Jesucristo.
La liturgia de la
Iglesia dedica con insistencia a la Madre del Señor en sus
festividades los textos de los libros sapienciales en los que aparece
la Sabiduría, o la Esposa, en la mente de Dios desde antes
de los tiempos:
"Desde el principio
y antes de los siglos me creó, y para la eternidad viviré
" (Ecl 24, 9)
"Yahvé
me creó en el comienzo de sus designios, antes de sus obras
más antiguas. Desde la eternidad fui constituida, desde el
comienzo, antes del origen de la tierra."
"Cuando el abismo
no existía, fui yo engendrada, cuando no había fuentes
ricas en aguas. Antes que los montes fueran fundados, antes de las
colinas fui yo engendrada " ( Prov 8, 22-25 )
Estas expresiones
son aplicables a la Madre de Dios.
En la Bula "Ineffabilis
Deus" de Pío IX leemos cómo "El Dios inefable,
habiendo previsto desde toda la eternidad la lastimosísima
caída de todo el género humano por la transgresión
de Adán, decretó la primera obra de su bondad en el
misterio oculto desde los siglos, por medio de la encarnación
del Verbo.
"Es pues, la
elección y predestinación de María algo íntimamente
unido al decreto de la Redención que había de realizarse
por el Verbo tan unido, que, concluye el Papa Pío IX, el
destino de la Virgen fue preestablecido en un mismo decreto con
la Encarnación de la Divina Sabiduría."
Esta predestinación
de Nuestra Señora, desde la eternidad, para ser Madre de
Dios, empieza a realizarse con el tiempo. He aquí cómo
lo expresa el Concilio Vaticano II:
" El benignísimo
y sapientísimo Dios, al querer llevar a término la
redención del mundo, cuando llegó la plenitud del
tiempo, envió a su Hijo hecho de mujer... para que recibiésemos
la adopción de hijos (Gál 4 4-5)
El cual por nosotros,
los hombres, y por nuestra salvación descendió de
los cielos, y se encarnó por obra del Espíritu Santo
de María Virgen." (Credo de la Misa: Símbolo
de Constantinopla)
Este misterio divino
de salvación se nos revela y continúa en la Iglesia,
a la que el Señor constituyó como su Cuerpo y en ella
los fieles, unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos
sus santos, deben también venerar la memoria "en primer
lugar, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro
Dios y Señor Jesucristo" (Canon de la Misa. Concilio
Vaticano II: Constitución Apostólica "Lumen Gentium",
capítulo VIII n.52)
Inmaculada Concepción de María
Si en el orden de
la intención divina, lo primero y primordial es la destinación
de María a ser Madre de Dios, en la ejecución temporal
de esos designios de la economía de Dios, el primer momento
corresponde a la Concepción Inmaculada de María.
Consiste este singular
privilegio de Nuestra Señora en haber sido excluida por especial
bondad de Dios, y en previsión de los méritos de Nuestro
Señor Jesucristo, de la común suerte de los hijos
de Adán que, después del pecado de este, que llamamos
pecado original nacen todos privados de la gracia de Dios.
María fue,
pues, redimida, pero de una manera especialísima: si nosotros
somos salvados del pecado después de haber incurrido en él,
la Virgen Santísima fue preservada de caer en el mismo pecado.
Como hija de Adán tenía que correr esta misma suerte
que nosotros, pero, como quiera que estaba destinada desde toda
la eternidad a ser el Tabernáculo en el que estaría
encerrado el Verbo antes de nacer en carne humana, y la Casa de
Dios, según estaba escrito, debe ser siempre santa, era necesario
que desde el primer instante de su existencia, desde la misma concepción,
fuera "digna mansión del Hijo de Dios".
El ángel Gabriel
dijo a la Virgen: " Llena de Gracia"
Mas para que esta
salutación, pronunciada en nombre de Dios, suma Verdad, fuera
verdadera en todo momento y en toda su extensión, era preciso
que en todo momento estuviera María inmune de culpa original,
puesto que la plenitud de gracia exige carencia total y absoluta
de todo lo que es pecado. La Iglesia ha Visto también siempre
en el misterio de la Concepción Inmaculada de María
la verificación plena del anuncio hecho por Dios en el Paraíso:
" Yo pongo enemistad
entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te aplastará
la cabeza mientras tú te abalances a su calcañal"
( Gén 3, l5
La iconografía
cristiana nos da un dato elocuente de la convicción del pueblo
creyente de este privilegio singular de la Virgen, al presentar
tan insistentemente la imagen de Nuestra Señora pisoteando
una serpiente que a su vez trata de retorcerse y morderle el talón.
La Concepción
Inmaculada de María es para los católicos un dogma
de fe, definido el 8 de diciembre de l854 por Su Santidad el Papa
Pío IX con estas palabras: "Para honor de la santa e
individua Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de
Dios, para exaltación de la fe católica y acrecentamiento
de la religión cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor
Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo
y con la nuestra, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina
que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada
inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante
de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios
omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús
Salvador del género humano, está revelada por Dios
y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos
los fieles "
Este privilegio de
la Virgen era ya tenido por cierto en la Iglesia desde la más
remota antigüedad, bien sea en la fe implícita de los
primeros siglos, de la que dan testimonio San Efrén, Siro,
San Ambrosio, San Agustín, etc., como en la fe explícitamente
confesada antes del siglo XI con innumerables testimonios de los
Padres de la Iglesia y demás escritores eclesiásticos
que exaltan la pureza virginal de la Madre de Dios.
Un reflejo de esta
fe era la fiesta de la Concepción de la Bienaventurada Virgen,
celebrada ya en el siglo VIII en Oriente.
Efectos de la Concepción Inmaculada
Al ser concebida
María sin pecado original, también debería
quedar inmune de los efectos de ese pecado en la naturaleza humana,
como son:
La pérdida
de la gracia, del derecho al cielo y de la inmortalidad.
La concupiscencia o mala inclinación al pecado en la carne,
ignorancia en el entendimiento, fragilidad en la voluntad, enfermedades
y muerte corporal.
Por consiguiente, sus facultades corporales sensitivas y espirituales
conservaron la más admirable armonía, sin manifestación
alguna de desorden ni concupiscencia; su entendimiento gozó
de espléndida lucidez, su voluntad siempre sujeta a la recta
razón y a la voluntad de Dios, y, en fin, su derecho a la
inmortalidad y a la incorrupción corporal.
Sin embargo, María
sufrió y murió, en virtud de la solidaridad con Cristo
que también había de padecer y morir, no como efecto
del pecado, sino como medio de expiación del mismo.
María, llena de gracia
Al tener el privilegio
de nacer inmune de pecado, o sea la parte negativa de su santificación,
la plenitud de gracia verifica la parte positiva de esa admirable
limpieza original del alma de María. Ya que el pecado es
absolutamente incompatible con la gracia, la misma plenitud de gracia
de la Virgen exige de por sí la ausencia, en todo momento,
del pecado original y actual.
La gracia es una
participación de la naturaleza de Dios en la creatura racional,
que, entonces, vive de la vida de Dios es un don sobrenatural que
infundido por Dios en el alma, nos hace justos, agradables a Dios
y amigos suyos, sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
En el Evangelio de
San Lucas leemos: " Al sexto mes el ángel Gabriel fue
enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una
virgen desposada con un varón llamado José... entrando
junto a ella, le dijo: Salve, llena de gracia, el Señor es
contigo" (Lc l, 26-28)
Palabras semejantes
de boca del arcángel en nombre de Dios no pueden menos de
ser la expresión más palpable de la benevolencia divina,
la que a su vez no puede ser menos que la plenitud de la gracia
santificante. Esta sola prerrogativa de Nuestra Señora la
haría de por sí acreedora al título especial
de culto con que la honra el pueblo cristiano.
Perfecciones del alma y del cuerpo
de María
Virtudes de la Madre de Dios
Juntamente con la
infusión de la gracia santificante, la creatura racional,
en el momento de recibirla, recibe igualmente las virtudes sobrenaturales,
es decir, esas fuerzas indispensables para poner en actividad la
vida nueva que le ha sido dada: la fe, la esperanza, la caridad
y demás virtudes morales infusas que, juntamente con los
dones del Espíritu Santo, constituyen la estructura del organismo
sobrenatural, es decir, todas las facultades y poderes de obrar
bien y practicar actos virtuosos que le sirvan para conseguir méritos
para la vida eterna.
María Santísima,
al recibir desde el primer momento de su concepción la plenitud
de gracia, conjuntamente fue adornada de la más profunda
fe, de la más confiada esperanza y el más encendido
amor de caridad con Dios y los prójimos, además de
la infinidad de virtudes morales.
En el Evangelio y
en la tradición cristiana aparece María llevando a
la ejecución en grado heroico todas las más hermosas
virtudes de que Dios adornó su alma, para que fuera digna
Madre de Cristo, Dios y hombre verdadero.
"Bienaventurada
la que ha creído que se cumplirán las cosas que se
le han dicho de parte del Señor " (Lc l, 45)
No podría
darse mejor testimonio de la fe profunda de Nuestra Señora
que esta expresión inspirada de su prima Isabel.
La esperanza anima
toda la existencia terrena de Nuestra Señora: en virtud de
ella resplandece el misterio de su soledad y sacrificio; la vemos
asimismo en la espera de la venida del Espíritu Santo, en
el Cenáculo, con los apóstoles: "Todos ellos
perseveraban unánimes en la oración, con las mujeres,
y con María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos."
(Act l, l4)
La inmensa caridad
de María la llevó a aceptar todo el peso del sacrificio
que la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo
le imponía para realizar los designios de Dios en beneficio
de la humanidad.
No faltan, dentro
de la notoria sobriedad evangélica en todo lo referente a
la Madre del Señor, ciertos rasgos simpáticos de esa
inmensa caridad y misericordia de la Virgen, como en las Bodas de
Caná:
"Tres días
después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que
se hallaba la madre de Jesús... Y como faltase vino, dijo
a Jesús su madre: No tienen vino... La madre dijo a los sirvientes:
Haced lo que El os diga" (Jn 2, l, ll)
También expresa
el breve relato evangélico las demás virtudes morales
de Nuestra Señora: su humildad, que la hace considerarse
"sierva del Señor", al mismo tiempo que era designada
su Madre: "Dijo entonces María: He aquí la esclava
del Señor, hágase en mí según tu palabra
"(Lc l, 38)
Esa humildad profunda
que atrajo las bondades del cielo: "Mi alma glorifica al Señor,
y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha
mirado la humilde condición de su sierva." "Porque
desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones."
( Lc l, 48)
La obediencia ciega
a los designios de Dios, por difíciles e incomprensibles
que parecieran: "Se apareció en sueños el ángel
del Señor a José y le dijo: " Levántate,
toma al niño y a su madre, huye a Egipto, y estate allí
hasta que yo te avise... "Muerto Herodes, un ángel del
Señor se apareció en sueños a José en
Egipto diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre,
y vuelve a la tierra de Israel; porque han muerto los que atentaban
contra la vida del niño " (Mt 2, l3,l9)
La prudencia resplandece
en su posición discreta y sencilla, a pesar de la altísima
dignidad, pero conforme en todo a la economía con que Jesús
se manifestaba; la justicia en su exactitud en el cumplimiento legal
de la purificación: " Cuando se cumplieron los días
de la purificación, según la Ley de Moisés,
lo subieron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor...
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: He aquí
que este niño está destinado para ser caída
y resurgimiento de muchos en Israel..." (Lc 2, 22,38)
La fortaleza, que
la distingue como "Reina de los mártires", es la
virtud que resplandece en ella durante la pasión y muerte
del Señor.
"Y una espada
atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos
de muchos corazones " (Lc 2,35)
La virtud de la templanza
resalta de una manera peculiar en la virginidad perpetua de la Virgen.
Virginidad perpetua de María
a. - La virginidad
corporal o integridad física que supone la carencia total
y perpetua de todo deleite carnal en la Virgen;
b. - La virginidad
esencial del alma, o sea la voluntad de evitar todo cuanto se opone
a la perfecta castidad, y
c. - La virginidad
integral del sentido, o sea la inmunidad de los movimientos de concupiscencia
de la carne y del placer venéreo, de tal manera que no experimentara
nada menos casto.
Sin embargo, cuando
nos referimos a la Virginidad perpetua de la Madre de Dios, nos
referimos a la primera, es decir, a la corporal, puesto que la segunda
y la tercera son consecuencias necesarias de su Purísima
Concepción y de su plenitud de gracia.
La virginidad
corporal de María subsiste:
l.- ANTES DEL PARTO,
en la misma concepción, puesto que, según leemos en
el Evangelio de San Lucas, concibió a Jesús, no de
varón, sino fuera de todo concurso humano: " la virtud
del altísimo te hará sombra" (Lc l, 37)
2.-EN EL PARTO, porque
dio a luz a su Hijo sin violar, romper ni perforar o desgarrar el
sello de la virginidad, sin dolor, por especial y portentoso milagro
del poder divino "Como el rayo del sol pasa a través
de un cristal sin romperlo ni mancharlo", según la hermosa
expresión del catecismo del P. Astete. De manera que la mente
humana se resistiría a admitir si no estuviera en el misterio
de la fe.
3.-DESPUES DEL PARTO,
es decir, que después del nacimiento de Cristo tampoco hubo
consorcio alguno con varón, y por consiguiente no tuvo otros
hijos, y ni siquiera perdió la integridad de su cuerpo de
manera puramente accidental.
La triple virginidad
de María antes del parto, en el parto y después del
parto es un misterio de fe católica, proclamado en el Concilio
Lateranense bajo el Papa Martín I, en el año 649,
y también en el Concilio III de Constantinopla en el año
68O. Sin embargo, ya antes esta verdad estaba en el patrimonio de
la fe cristiana.
Los primeros en proferir
injurias contra este inefable privilegio de la Madre del Señor,
fueron los judíos, al decir que Cristo nació verdadera
y propiamente engendrado por José; más tarde completaron
la farsa blasfema atribuyendo el nacimiento de Jesucristo a la obra
de un soldado romano llamado Panther o Pantheres, conseja heredada
por muchos protestantes y racionalistas que ven con mucho agrado
la confusión entre "Parhenos", sustantivos griego
que significa "Virgen", y "Panter" o "Panteros",
nombre propio de un varón.
La definición
del Concilio Lateranense dice:
" Si alguno, en conformidad con los santos Padres, no confiesa
que la Santa Madre de Dios y siempre Virgen Inmaculada María...
concibió del Espíritu Santo sin concurso de varón,
y que ésta engendró incorruptiblemente, permaneciendo
insoluble su virginidad después del parto, sea condenado".
El Evangelio nos
ofrece el más claro testimonio de la Virginidad perpetua
de María por boca de ella misma en esa hermosa expresión
con la que respondió al saludo del Angel "María
dijo al ángel: ¿ Cómo será esto, pues
no conozco varón? " (Lc l, 34)
Expresión
que indica un voto emitido, en un presente admirable, "a lo
divino", y que significa: no conozco, ni he de conocer, significado
este que fue refrendado por la misma autoridad de Dios, al explicarle
inmediatamente el Angel del Señor: "El Espíritu
Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por eso el niño que nazca será santo
y llamado Hijo de Dios" (Lc l, 35)
Igual explicación
ofrece el Angel del Señor a su esposo José: "Estando
desposada María su madre, con José, antes de que convivieran
se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo".
" José, su marido, siendo justo y no queriendo denunciarla,
resolvió dejarla secretamente".
Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor
se le apareció en sueño y le dijo: "José,
hijo de David, no temas recibir contigo a María, tu mujer,
pues su concepción es del Espíritu Santo." (Mt.
l, l8,2O)
La antigua tradición
llamaba siempre a María con el título de Aeiparthenos,
palabra griega que significa: La siempre Virgen, expresión
que, a la verdad, contrastaba enormemente con el ambiente pagano,
y se hacía incomprensible para aquellos cuyas mejores vírgenes
eran nada más que prostitutas sagradas.
Matrimonio de María con José
La perpetua virginidad
de María no es obstáculo para que entre ella y San
José hubiera un verdadero matrimonio. Además del testimonio
evangélico de que " Estaba desposada con José
" (Mt l, l8) y de que después "la recibió
como esposa" (Ibid. 24), tenemos la clara explicación
de que, si bien el consentimiento matrimonial tiene que tener, para
su validez, como objeto el derecho mutuo al uso del cuerpo del otro
cónyuge, ese derecho muy bien podía estar condicionado
a un propósito, también mutuo, de no usarlo, propósito
que, después del matrimonio ratificado, podía muy
bien convertirse en un mutuo voto sin invalidar el mismo matrimonio.
En este caso se junta un verdadero matrimonio con una verdadera
virginidad, y no hay lesión alguna de la virtud de la justicia
que regula los derechos matrimoniales.
Santo Tomás
de Aquino presenta como razones que pueden demostrar la conveniencia
de que Cristo fuera concebido y naciera de Madre Virgen:
a.- La dignidad del
Padre, ya que, siendo Cristo verdadero y natural hijo de Dios, no
convenía que tuviese otro Padre que compitiese con Dios tal
dignidad;
b.- Su mismo nombre
y calidad de Hijo o Verbo de Dios que excluye toda corrupción
del espíritu;
c.- La dignidad del
Hombre-Jesús, que no debía tener en su origen nada
que fuera pecado, puesto que había venido a borrar el pecado
del mundo;
d.- Por el fin de
la encarnación del Verbo, que era para que los hombres renacieran
hijos de Dios.
Sin embargo, esa
misteriosa conjunción de maternidad y virginidad es siempre
un misterio impenetrable, objeto exclusivo de la fe, la cual simplemente
se apoya en la autoridad de Dios y en su poder infinito, que, como
el ángel Gabriel explicara a la Virgen, "porque nada
hay imposible para Dios" (Lc l, 37)
Perfección del cuerpo de María
Recordemos que, siendo
María inmune del pecado original y, por consiguiente, de
todas las taras que trajo este consigo, también tenía
que quedar inmune de las imperfecciones de cuerpo y espíritu
que son efecto de ese pecado, y libre asimismo de los desórdenes
consiguientes.
De ahí que
debamos suponer una hermosura corporal sin igual, una proporción
de todas sus partes cual describe Salomón en su esposa (Cantar
de los Cantares, c,4,), y más todavía, una nobleza
de cualidades sensibles y espirituales cual se debía a quien
había de ser la Madre de Cristo, pedagoga y reina del mejor
hogar que han conocido los siglos, el de Nazaret.
Cuando nos referimos
a la belleza corporal de Nuestra Señora, debemos de tener
presente que no hay una belleza ideal para aplicar a Nuestra Señora;
la iconografía universal se ha encargado de demostrarlo.
Así es como, por ejemplo, la belleza ideal que en España
o en Italia se atribuye al cuerpo de Nuestra Señora, es muy
distinta de la que se tiene en Japón o en Africa Central
o en Indoamérica. El tiempo también ha contribuido
a fomentar este concepto, de manera que hoy a muchos dice mucho
más una imagen estilizada y deshumanizada de la actualidad,
que un cuadro del Renacimiento, o una talla antigua.
Himno
I
Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.
De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
Gloria al Padre, y gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien
II
Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Canten hoy pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Dignan, Señora de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense desde ahora,
para cuando venga Dios.
Y nosotros que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.
Oración:
Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que,
cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por
la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz
en la fiesta de su Nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Poesía a
la Natividad de María
Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también,
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.
(Lope de Vega)
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