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8 de Mayo
SAN PEDRO, Arzobispo
de Tarentaise
San Pedro de Tarentaise,
una de las glorias de la orden cisterciense, nació cerca
de Vienne, en la provincia del Dilfinado. Desde joven, dio prueblas
de una memoria extraordinaria y de gran inclinación a los
estudios religiosos y a los 20 años, entró en la abadía
de Bonnevaux. Con gran celo, abrazó la austeridad de la regla
y edificó a cuantos le trataron, por su caridad, humildad
y modestia. Al cabo de un buen tiempo, su padre, su madre y su única
hermana tomaron el hábito en un convento cisterciense de
los alrededores. Además de esos miembros de la humilde familia
de San Pedro, muchos nobles abrazaron también la vida religiosa
en Bonnevaux, movidos por el ejemplo del santo.
Todavía no
cumplía los 30 cuando fue elegido superior del nuevo convento
de Tamié, en las solitarias montañas de Tarentaise.
Con la ayuda de Amadeo III, conde de Saboya, que le tenía
gran estima al santo, San Pedro fundó un hospital para los
enfermos y forasteros, en el que asistía personalmente a
sus huéspedes.
En 1142, San Pedro
fue elegido arzobispo de Tarentaise. El nuevo arzobispo encontró
la arquidiócesis en un estado lamentable, por lo que decidió
trabajar con mucho esfuerzo por el bienestar de ella. San Pedro
visitaba constantemente su dióceis, recuperó las propiedades
confiscadas, destinó a los mejores sacerdotes a las parroquias,
fundó instituciones para la educación de la juventud
y el socorro de los pobres y promovió la celebración
de los divinos oficios en todas las iglesias.
En 1155, después
de 13 años de gobierno de su diócesis, desapareció
sin dejar huella. Se había retirado a una lejana abadía
cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y
lo aceptaron como un hermano lego. Pero cuando sus superiores supieron
la noticia, lo obligaron a regresar a su diócesis donde los
feligreses lo recibieron con júbilo. San Pedro decidió
entonces dedicarse a ella con mayor ahínco y celo apostólico,
realizando múltiples obras en favor de ella.
Debido a su fama
de hábil pacificador, Alejandro III decidió enviarlo
a negociar la reconciliación entre Luis VII de Francia y
Enrique II de Inglaterra. Aunque era ya bastante anciado, el santo
partió y predicó durante todo el viaje. Durante el
encuentro sostenido con ambos monarcas, el rey de Inglaterra le
prodigó al sando de toda clase de honores; sin embargo, la
paz no se produjo hasta después de la muerte del santo.
Cuando volvía
a su diócesis, San Pedro cayó enfermo cerca de Besanconm
y murió cuando le transportaban a la abadía de Bellevaux.
Su canonización se realizó en 1191.
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