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11 de Abril
Santa Gemma
Galgani
Santa Gemma nació
el 12 de marzo de 1878 en el pueblo de Borgonovo de Capannori, Italia.
Tuvo como padre a Enrique Galgani y Aurelia Landi, quienes tuvieron
8 hijos -Carlos, Guido, Héctor, Gino, Antonio, Angelina y
Julita-. De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer y la primera niña
de la familia.
Al día siguiente,
Gemma fue bautizada por el Padre Pedro Quilici, Párroco de
San Miguel, bajo los nombres de Gemma Hipólita Pía.
Luego de un mes, toda la familia se mudó a Lucca, donde vivió
el resto de su vida.
Desde muy niña
Gemma mostró signos de santidad. Cuando tenía cuatro
años, estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando
un día, ésta al entrar en su cuarto, la encontró
de rodillas frente a una imagen de la Virgen. La abuela corrió
a llamar al tío, quien la contempló por largos minutos;
luego le dijo: "¡Gemmita! ¿Que estas haciendo?.
La niña, sin inmutarse, contestó: "Estoy rezando
el Ave María. Salid que estoy en oración". Desde
esta tierna edad, la oración era ya para ella el sostén
de su vida y de sus virtudes.
Nos podríamos
preguntar: ¿Quién enseñó a Gemma a amar
a Jesús y a María?. Su primera y gran maestra en la
escuela del amor a Jesús fue su madre, Doña Aurelia,
quien inculcó en el corazón de su hija lo que sería
el distintivo especial de toda su vida: Su amor a Cristo Crucificado,
del que llegaría a ser como imagen viva, y a la Santísima
Virgen, que hizo su santidad tan dulce y atrayente.
Al hablar sobre su
infancia, Santa Gemma señaló: "De lo primero
que me acuerdo es que mi mamá, cuando yo era pequeñita,
acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando...me enseñaba
un crucifijo y me decía que había muerto en la Cruz
por los hombres"
Había también,
entre ellas, diálogos como este: "Hija mía -me
decía mamá- yo moriré pronto y tendré
que dejarte. Si pudiera te llevaría conmigo. ¿Te gustaría
venir?".
-"¿Y
a dónde vamos?", le preguntaba yo.
-"Al Paraíso con Jesús y con los ángeles."
A los siete años
de edad, el 26 de Marzo de 1885, Gemma recibió la Confirmación
por medio de Mons. Nicolás Ghilardi, Arzobispo de Lucca.
Durante la Ceremonia se desarrolló entre el Espíritu
Santo y Gemma este diálogo:
-De repente, una voz me dijo al corazón: -"¿Quieres
darme a tu mamá?"
-"Sí", respondí, "pero llévame
también a mí".
-"No", me replicó la voz, "dame generosamente
a tu mamá. Tu debes quedar por ahora con papá. Llevaré
a tu mamá al cielo, ¿sabes?,¿Me la entregas
de buena gana?".
-Tuve que decir que sí. Acabada la misa fui corriendo a casa.
¡Dios mío! Miraba a mamá y lloraba, no podía
contenerme.
Mi madre Santa María
Al morir su mamá,
Gemma indicó: "Al perder a mi madre terrena me entregué
a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: "¡María!,
ya no tengo madre en la tierra; se tú desde el cielo mi Madre".
Y también expresó: "¡Oh, cuántas
veces -dice la santa- depositando en mi Mamá del cielo las
angustias y penalidades de mi corazón afligido, ella me consolaba!
Sí; yo recuerdo que hallándome en las mayores angustias,
huérfana de madre en la tierra, me tendió cariñosamente
los brazos la Madre del cielo".
Primera Comunión
Para Santa Gemma,
la Eucaristía era el centro de su vida. Este deseo de recibir
a Jesús en la Sagrada Hostia iba en aumento mientras pasaban
los años. Si bien era cierto que ya estaba Confirmada, no
podía recibir la Primera Comunión ya que no tenía
la edad requerida en ese momento para recibir el Sacramento. Santa
Gemma tenía 9 años.
Fue su confesor,
el Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, quien conociendo el anhelo
tan grande de su corazón, le dijo a su padre que si no le
daba el permiso para recibir la Comunión, Gemma moriría
de dolor.
Fue así que
Don Enrique dio el permiso para que las religiosas del Colegio de
Santa Zita, donde Gemma asistía, la preparasen para recibir
este Sacramento. Inmediatamente comenzó un retiro de 15 días
con las demás niñas del colegio. Dice Santa Gemma:
"Apenas me vi en el convento rebosaba de felicidad. Corrí
a la capilla a dar gracias a Jesús y le pedí con gran
fervor la gracia de prepararme bien para la primera comunión".
Hizo confesión
general tres veces sucesivas con Monseñor Volpi, quien sería
su confesor ordinario.
Llegó, por
fin, el día tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del Sagrado
Corazón. Las vivencias de Santa Gemma solo ella las puede
explicar: "me siento incapaz de describir la experiencia de
aquel encuentro. En ese momento comprendí que las delicias
del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir
nunca aquella unión con mi Dios. Me sentía cada vez
más desprendida del mundo y más dispuesta para la
unión con el Señor. Aquella misma mañana Jesús
despertó en mi un gran deseo de ser religiosa".
A raíz de
la primera comunión se afianza la vocación de Gemma.
Ella misma lo afirma: "sentía desarrollarse en mí
un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a Jesús a sobrellevar
la Cruz".
Más adelante,
fallece su papá, situación dolorosa que produce la
separación de los hermanos. Héctor emigra al Brasil,
donde muere. Guido abandona la práctica religiosa e interrumpe
sus estudios de farmacia en Pisa, que más tarde concluye.
Julia y Angelina se quedan con las tías Elena y Elisa. Gemma
y Antonio se refugian en Camaiore con los tíos Carolina Galgani
y Domingo Lencioni.
Gemma poco a poco
se fue alejando del Señor, aunque Él nunca la dejo
de proteger y librar de pecados graves. Esta crisis se da hasta
cuando tenía 20 años, en este momento Jesús
permite una enfermedad grave para que Gemma retorne a Él
con todo su corazón y nunca más se distraiga con las
cosas del mundo. Ella cuenta: "De repente comencé a
andar jorobada y a sentir dolores de riñón. Resistí
durante algún tiempo, pero como la cosa iba peor, pedí
permiso a la tía para regresar a Lucca".
Al continuar el dolor,
el médico la atendió y diagnóstico osteítis
en las vértebras lumbares con sucesivo absceso frío
en los ingüinales. Se quedó paralítica de ambas
piernas. El 28 de Enero de 1899 le sobreviene un dolor insoportable
en la cabeza, fruto de una otitis media purulenta aguda con participación
del mastoide. Los médicos, viendo que los remedios no producían
mejoría y que la enfermedad avanzaba, la desahuciaron; solo
por cumplimiento acuden de cuando en cuando a verla.
El 8 de Diciembre,
Fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma, indicó: "le dije
a Jesús que no rezaría más si no me curaba.
Y le pregunté qué pretendía teniéndome
así. El ángel de la guarda me respondió: -Si
Jesús te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez
más en el espíritu".
San Gabriel de la
Dolorosa
Su antigua profesora,
sor Julia Sestini, le contó la biografía de un joven
pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa. Una señora piadosa,
Cecilia Giannini, acudió a practicar una obra de misericordia
con Gemma; un día la visitó, y para que se distrajera
le prestó la biografía de Gabriel de la Dolorosa,
escrita por un desconocido P. Germán de San Estanislao, C.P.
¡Cómo son las cosas del Señor! Estas dos personas
serían para Santa Gemma, en los últimos años
de su vida dos grandes regalos de Dios. Doña Cecilia sería
la que cuidaría de ella, y estaría al tanto de sus
éxtasis y experiencias místicas y el P. Germán
sería el director espiritual que el mismo Señor le
enviaría para que guiara su alma y para confirmar luego la
autenticidad de su vida.
Dice Santa Gemma:
"Tomé el libro con desprecio y lo puse debajo de la
almohada... Un día estaba sola. Serían como las doce.
Me sobrevino una fuerte tentación, y me decía para
mí que estaba aburrida de todo. El demonio se valió
de esto para tentarme, diciéndome que si le hacía
caso me curaría. Estuve a punto de sucumbir. Pero de repente
me vino una idea; recurrí al Venerable Gabriel y le dije:
Primero el alma, después el cuerpo".
Superada esta tentación,
comenzó a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel
y queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando
doña Cecilia volvió para recoger su libro le costó
mucho a Gemma devolvérselo. Aquella misma noche, "se
me apareció (Gabriel) vestido de blanco. No lo reconocí....se
quitó la túnica blanca y se apareció vestido
de pasionista."
Me dijo: "Ya
ves qué agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo
a verte. Procura ser buena y volveré."
En otra ocasión
se le apareció de nuevo el Ven. Gabriel y esta vez le dijo
que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no añadiera
nada más.
"¿Y por
qué?"-le pregunté.
"Me sonrió
y me miró. Me puso el escudo pasionista y repitió:
'Hermana mía...', y desapareció."
La curación
Su salud empeoraba,
y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita María
por el milagro de su sanación. Ella inició la novena
al Sagrado Corazón varias veces pero su debilidad no le permitía
continuarla. El día 23 de Febrero 1899, recomienza en serio
la novena, y en la noche del día 1 al 2 de Marzo ocurre esto:
Faltando algunos minutos para la media noche, Gemma escuchó
el rozar de las cuentas de un rosario y sintió una mano que
se le posó en la frente, la voz que escuchaba rezar le preguntó:
-¿Quieres
curarte?.
-"Todo me da igual", le respondí.
-Te curarás. Ruega con fervor al Sagrado Corazón...
-"¿Y a la Beata Margarita?", pregunté.
-"Añade en su honor tres veces el 'Gloria'". (La
Beata Margarita es hoy Santa Margarita María)
"En el penúltimo
día de la Novena quería recibir la Comunión,
ya que terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgué
muy temprano. ¡Que momentos tan deliciosos pasé con
Jesús! El me repetía:- '¿Quieres curarte?'.
No pude contestar por la emoción. ¡Pobre Jesús!
La gracia había sido concedida. ¡Estaba curada!".
Al amanecer del 2
de marzo se levantó con sus propios pies y toda la familia
al verla lloraba de alegría ante aquel milagro de Dios. Este
milagro es la antesala de otras grandes gracias que Santa Gema recibiría
durante su vida. Su amor por Cristo crucificado y su anhelo de ser
solo para Jesús la llevarían a cada vez más
a ofrecerse al Señor como víctima de amor.
Los estigmas
El 8 de Junio 1899,
Víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón, luego de
haber sido rechazada en varias comunidades religiosas a causa de
su frágil salud, Jesús la eleva en este día
a la categoría de "Víctima". Al respecto,
Santa Gema cuenta: "Después de la Comunión, Jesús
me avisó de que por la tarde me haría una gracia grandísima.
Se lo dije a Monseñor Volpi, y este me dijo que estuviese
atenta y que se lo contara luego. Llegó la tarde. De repente
me asaltó un fuerte dolor de mis pecados. Después
me sentí recogida... Al recogimiento sucedió la pérdida
de los sentidos y me hallé en presencia de mi Madre Celestial
y del angel de la guarda, que me mandó hacer un acto de contrición.
Después mi Madre me dijo: -"Hijita, en nombre de Jesús
te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho y quiere hacerte
una gracia muy grande. Sabrás hacerte digna de ella... Yo
seré tu Madre. Sabrás mostrarte verdadera hija."
Me cubrió con su manto, y en ese instante apareció
Jesús. De sus llagas no salía sangre sino llamas de
fuego, que vinieron a cerbarse en mis manos, pies y costado. Creía
morir y habría caído al suelo si mi Madre no me hubiera
sostenido. Permanecí así varias horas. Después
mi Madre me besó en la frente, desapareció y me hallé
de rodillas. Seguía sintiendo un dolor fuerte en las manos,
pies y costado. Me levanté para acostarme, pero noté
que de estas partes manaba sangre..."
Santa Gema, la víctima
de Jesús, comienza a "suplir en su carne lo que le falta
a la Pasión de Cristo". Este hermoso regalo se repetirá
en las tardes del jueves al viernes, todas las semanas. Para disimular
las llagas usa guantes.
Su Confesor
Conversando con la
señora Cecilia Gianni, Gema oye hablar del P. Germán
de San Estanislao, le pide a Jesús que se lo muestre y el
Señor lo hace en un éxtasis y le dice que este es
el sacerdote que guiará su alma. Efectivamente el P. Germán
se convierte en el confesor y director extraordinario de Gema, quien
es testigo de las obras de Dios en su alma.
Muchos fenómenos
relacionados con la Pasión se dieron en la vida de Santa
Gema; además de las estigmas, tuvo sudor y lágrimas
de sangre. Se la vio padeciendo la flagelación. Recibió
un regalo que apreció con todo su corazón. Su ángel
de la guarda un día le mostró dos coronas y le pidió
que escogiese la que ella quisiera, y ella escogió "la
de Jesús".
Su Ángel de
la Guarda
Santa Gema tenía
una relación muy particular con su ángel de la guarda,
que siempre le acompañaba y le protegía, e incluso
muchas veces le servía de "cartero", llevando sus
cartas al P. Germán. Se asegura que también tenía
el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a
varios religiosos que abandonarían la religión, cosa
que sucedió mas tarde, confirmando este don de su corazón.
Hay una anécdota
muy preciosa que le sucedió a Santa Gema en la casa Giannini.
En el comedor de la casa hay un crucifijo grande al que toda la
familia tenía gran devoción. También Gema en
muchas ocasiones le hacía pequeñas "visitas",
orando frente el. Un día, al tiempo que Gema preparaba la
mesa, alzó los ojos hacia su Jesús y le dijo que tenía
hambre y sed de El. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero
no alcanza porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro.
Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente,
permitiéndole apagar su sed en la fuente viva de su costado
abierto.
El combate contra
el enemigo
Jesús dijo
cierto día a Gema: "Prepárate, pues el demonio
será quien dé la última mano a la obra que
en ti deseo ejecutar". Y estas palabras del Señor se
cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gema; le daba
golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes
sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase e incluso
llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo
Jesús.
Por todos los medios
trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole
cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar
por ellos. Era una guerra constante y continua que duró hasta
su misma muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio
ya que serían muchas las almas que se beneficiarían
de los sufrimientos y oraciones de Santa Gema, y mas aún,
ella solo quería conformarse con la voluntad de Dios para
su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia,
porque no podía vencerla.
Tanta era la rabia
que sentía hacia la pureza de Santa Gema que un día
la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir
de él, hizo la señal de la Cruz y se arrojó
en un pozo de agua helada en el jardín. Su ángel la
sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por
su valentía y por su triunfo.
En otra ocasión,
cuando la santa, por orden del P. Germán, escribía
su vida: "dándose cuenta el demonio del fruto que podía
hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: '¡Guerra,
guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos'; y se relamía
y se revolcaba en el suelo de la satisfacción."
El P. Germán,
enterado por una carta de Gema, se fue al sepulcro de San Gabriel
de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando
al demonio que volviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo
devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como
se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas
de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.
Escribe la santa:
"El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por
vencerle Jesús y María, o bien el Ángel o San
Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres."
"¡Si viera
cómo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!.."
Más adelante,
al despedirse por última vez del Padre Germán, el
demonio no reconoció límites su bestialidad durante
siete largos meses. Perturbaba su imaginación con horribles
fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza,
amargura y temor, que la indujeran a la desesperación. Le
decía muchas veces: "Ahí tienes lo que has conseguido
con tus fatigas en el servicio de Dios"; y le presentaba tales
figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán:
"Padre mío, pídale a Jesús que me cambie
esta cruz por cualquier otra. Haga desde ahí los exorcismos
para que este perverso se vaya, o mande a su ángel para que
lo ahuyente".
Viendo que con tentaciones
no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes
más brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban
despedazarla. Dirigiéndose entonces a María Santísima,
le decía: "Madre mía; me encuentro bajo el poder
del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús.
Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!".
Jesús y María,
complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz
o a San Gabriel para animarla. El mismo Jesús le dijo: "Hija
mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que
tu lucha te conducirá a la victoria".
Entrega su vida por
un pecador
Le escribía
al P. Germán: "Usted siempre me recomienda paz. Gracias
a Dios la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria.
Y tendré mayor aún, cuando se convierta mi pecador".
Este pecador al que
se refiere la santa, era un sacerdote que había dejado el
sacerdocio hacía ya doce años y daba mucho escándalo
con su vida, haciendo que muchos se perdieran. Santa Gema viendo
que los sacrificios que ofrecía no eran suficientes, pidió
permiso a su director, para ofrecerle al Señor la mitad de
su vida por su conversión; el padre dijo que sí y
Jesús aceptó el intercambio.
Este sacerdote se
convertiría dos días antes de Gema morir, dándole
a ella un gran consuelo, exactamente en el plazo que ella había
ofrecido al Señor. (Pasados los doce años que aquel
sacerdote andaba descarriado; doce años y medio es la mitad
de la vida de Santa Gema quien morirá en sus 25 años).
El tránsito
hacia el Padre Celestial
Gema había
pedido a Jesús morir crucificada con El, y crucificada moriría.
Como a las diez de la mañana doña Cecilia pensaba
retirarse un poco y Gema le dijo: "No me dejes, mamá,
mientras no esté clavada en la cruz, pues Jesús me
ha dicho que tengo que morir crucificada como El". Momentos
después entró en éxtasis profundo, extendió
un poco sus brazos y, en esta posición permaneció
hasta mediodía. Su semblante era mezcla de amor y dolor,
de calma y desolación...¡Agonizaba, como Jesús
en la Cruz! Los presentes la contemplaban atónitos.
Era Viernes Santo,
10 de Abril de 1903.
A las ocho de la
mañana del sábado, se le administró la Extremaunción
(hoy día se le llama Unción de los Enfermos), a cuyo
rito sagrado contestó con pleno conocimiento. A doña
Cecilia que le habló del P. Germán le dijo: "Ya
he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos, para prepararme
a morir".
Tomó entonces
el crucifijo en las manos y exclamó: "¡Jesús!...¡En
tus manos encomiendo mi pobre alma!"; y volviéndose
a la imagen de María, añadió: "¡Mamá
mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma...Dile que
tenga misericordia de mí".
De repente toda señal
de agonía desapareció, y una sonrisa de cielo se dibujó
en sus labios. Dos lágrimas corrieron de sus ojos. El párroco,
que estaba presente exclamó: "Jamás he presenciado
muerte semejante". Y él mismo puso sobre el pecho de
Gema el escudo pasionista que llevó al sepulcro.
Muere Santa Gema
a la 1:45 p.m. del Sábado Santo, 11 de Abril de 1903.
La profecía
de Santa Gema se cumplió. Los pasionistas la rechazaron en
vida, pero después de su muerte la tomaron para sí.
El Señor que había acrisolado su corazón con
el sufrimiento, también había pedido de ella el sacrificio
de no entrar en ninguna orden religiosa y ella lo aceptó
y lo ofreció al Señor, como todo lo demás.
Era necesaria una
prueba irrefutable que revelara las intimidades del corazón
de aquella criatura que había amado ardientemente a Jesús.
La prueba se tuvo
cuando al fin, y Dios sabe con qué sacrificios, llegó
el P. Germán a Lucca.
Ya habían
pasado 14 días de la muerte de Santa Gema. El Padre anhelaba
volver a ver aquel rostro lleno de dulzura. Pero quería sobre
todo verificar los misterios de aquel corazón virginal cuyos
secretos en vida nadie mejor que él había profundizado...
"El 24 de Abril se procedió a exhumarlo. Se abrió
el cuerpo y se extrajo el corazón, que apareció fresco,
lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre, igual que si
estuviera vivo. Los especialistas que practicaban la autopsia quedaron
maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por ambos lados,
apareciendo como más ancho que alto. Al abrirlo fluyó
enseguida la sangre, bañando el mármol donde se realizaba
la intervención". Aquella que en muchas ocasiones le
había pedido al Señor que le ensanchara el corazón
para poder amarlo más, recibió esta gracia que tanto
pedía. Su corazón se conserva en el convento Pasionista
de Madrid.
El proceso para la
canonización se abrió el 3 de Octubre de 1907, cuatro
años después de su muerte; el Papa Benedicto XV dispensó
el proceso de "fama de santidad", porque era conocida
ya en todo el mundo.
Gema fue Beatificada
el 14 de Mayo de 1933, Año Santo del XIX Centenario de la
Redención; la Beatificó el Papa Pío XI.
Gema fue Canonizada
el 2 de Mayo de 1940 (día de la Ascensión del Señor),
por el Papa Pío XII, que dijo: "Santa Gema será
la piedra preciosa de nuestro Pontificado".
Los grandes amores
de Santa Gema, durante toda su vida fueron Jesús Crucificado,
la Virgen María, la Eucaristía y la sed de conversión
de las almas. Para ellos vivió toda su vida y por ellos murió
como víctima de amor.
Otra santa del día:
San Estanislao, Obispo de Cracovia
y Mártir
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