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Campo
de la realeza de Cristo
a) En
lo espiritual
Sin embargo,
los textos que hemos citado de la Escritura demuestran,
y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar,
que este reino es principalmente espiritual y se refiere
a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones,
cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles,
imaginaron erróneamente que el Mesías
devolvería la libertad al pueblo y restablecería
el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó
esa vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando
iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena
de admiración, le rodeaba, El rehusó tal
título de honor huyendo y escondiéndose
en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador
romano manifestó que su reino no era de este
mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con
tales características, que los hombres, para
entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia
y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el
cual, aunque sea un rito externo, significa y produce
la regeneración interior. Este reino únicamente
se opone al reino de Satanás y a la potestad
de las tinieblas; y exige de sus súbditos no
sólo que, despegadas sus almas de las cosas y
riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan
hambre y sed de justicia, sino también que se
nieguen a sí mismos y tomen su cruz.
b) En
lo temporal
Se cometería
un grave error el negársele a Cristo-Hombre el
poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto
que el Padre le confió un derecho absolutísimo
sobre las cosas creadas, de tal manera que todas están
sometidas a su arbitrio. Sin embargo, mientras él
vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente
de ejercitar este poder, despreciando la posesión
y el cuidado de las cosas humanas, así también
permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores
de ellas las utilicen.
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