"La razón de que los discípulos
tardaran en creer en la Resurrección del Señor,
no fue tanto por su flaqueza como por nuestra futura
firmeza en la fe; pues la misma resurrección
demostrada con muchos argumentos a los que dudaban,
¿qué otra cosa siginifica sino que nuestra
fe se fortalece por su duda?" (San Gregorio Magno,
Homilía 16 sobre los evangelios).
"Después de la tristeza
del sábado resplandece un día feliz,
el primero entra todos, iluminado con la primera de
las luces, ya que en él se realiza el triunfo
de Cristo resucitado" (San Jerónimo, comentario
al Evangelio de San Marcos 16).
"Y dicho esto, les mostró
las manos y los pies. En los que vieron claramente
los vestigios de los clavos; y según San Juan,
también les enseño el costado que había
sido abierto con la lanza, para que, viendo las cicatrices
de las heridas, pudiesen curar las heridas de sus
duidas. Y no quiso curar estas señales; en
primer lugar, para confirmar en sus discípulos
la fe de la resurrección; en segundo lugar
para poder enseñárselas a su Padre cuando
intercediese por nosotros, manifestándole la
clase de muerte que por nosotros había sufrido;
en tercer lugar, par demostrar siempre a los redimidos
con su muerte el gran amorque con ellos empleó,
presentándoles las señales de su pasión;
finalmente, para probar el día del juicio la
justicia con que serán condenados los impíos"
(San Beda, en Catena Aurea, vol. VI, p. 548).
"Y habiendo comido delante de
ellos, tomó las sobras y se las dio. Para demostrarles
la veracidad de su resurrección, no sólo
quiso que le tocasen sus discípulos, sino que
se dignó comer con ellos, para que viesen que
había resucitado de una manera real, y no de
un modo imaginario. Comió para manifestar que
podía, y no por necesidad: la tierra sedienta
absorbe el agua de un modo distinto a como la absorbe
el sol ardiente; la primera por necesidad, el segundo
por potencia" (San Beda, en Catena Aurea , vol.
VI, p. 550).
"Pascua del Señor, Pascua;
lo digo por tercera vez en honor de la Trinidad; Pascua.
Es, para nosotros, la fiesta de las fiestas, la solemnidad
de las solemnidades, que es superior a todas las demás,
no sólo a las fiestas humanas y terrenales,
sino también a las fiestas del mismo Cristo
que se celebran en su honor, igual que el sol supera
a las estrellas" (San Gregorio Nacianceno, Oración
45, 2).
"Y entrando, no hallaron el cuerpo
del Señor. No habiendo encontrado el Cuerpo
de Jesús, porque había resucitado, eran
agitadas por diversas ideas; y como amaban tanto al
Señor y se hallaban tan apenadas por su desaparición,
merecieron la presencia de un ángel" (San
Cirilo, en Catena Aurea, vol. VI, p. 524).
"Se aprovecharon tanto los Apóstoles
de la Ascensión del señor que todo lo
que antes les causaba miedo, después se convirtió
en gozo. Desde aquel momento elevaron toda la contemplación
de su alma a la divinidad sentada a la diestra del
padre, y ya no les era obstáculo la vista de
su cuerpo para que la inteligencia, iluminada por
la fe, creyera que Cristo, ni descendiendo se había
apartado del Padre, ni con su Ascensión se
había apartado de sus discípulos"
(San León Magno, Sermón 74).