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Ante
el sufrimiento
Madre Dolorosa te han
llamado los siglos.
Y con razón, pues sufriste indeciblemente.
Tú corazón por la espada traspasado
recuerda que con viva imagen
que bien eres Maestra
es saber bien sufrir.
Enseña a sobrellevar el sufrimiento,
soportándolo con visión de eternidad,
con esa esperanza, asociada a la Cruz reconciliadora
de tu Hijo, el dulce Señor Jesús,
de la que vivamente das ejemplo.
Me atrevo a pensar que el misterio del dolor
muchas veces se te hizo abrumador,
como hoy siento el mío.
Auxíliame, pues, ¡oh poderosa intercesora!,
obténme la gracia que me permita aprender
y vivir intensamente tu ejemplo y lección.
Que así sea.
Ante
el tránsito de un ser querido
¡Oh María
del Aliento!,
cuando supiste lo de Lázaro,
sin duda alguna
comprendiste más y mejor,
avizorando la luminosidad
que el misterio de la revivificación encerraba.
Así, cuando ocurrió
el tránsito del Señor Jesús,
tu Hijo adorado,
tu fe se avivó aún más
y es posible creer
que al ritmo que crecía
la justa y sensible aflicción
tu paz y confianza se agigantaban.
Y es que siempre le creíste
al Dulce Jesús,
y en tu corazón conservabas
con certeza sin igual
las experiencias y las promesas
en torno al misterio de la resurrección.
Ante esta pérdida
mía
te imploro que me ayudes con tu ejemplo,
que en tu seguridad afinque yo mi firmeza,
que en tu fortaleza
encuentre base mi serenidad,
que el aliento de tu profunda convicción
consolide la expectativa
de que, como el Señor Jesús vive hoy,
primogénito de los resucitados,
quien hoy siento como pérdida
resucitará para la vida eterna.
Y, finalmente,
Madre de la Vida
te pido te todo corazón
que tu plegaria intercesora
le encamine al encuentro
de la Comunión de Amor
y a mí me obtenga del Altísimo
una fe sólidamente cimentada en la confianza
y una esperanza centrada en el amor.
Gracias.
Amén.
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