Una forma de hacerlo es poner al descubierto
las motivaciones de los que piden la redefinición
del matrimonio. Son gentes profundamente heridas que
tratan de cambiar la sociedad porque tienen miedo a
ocuparse de sus propios problemas.
En la mayoría de los casos, se
puede hallar el origen del SSA de un adulto en el hecho
de haberse sentido “diferente” de su progenitor
o de sus compañeros del mismo sexo, desde su
primera infancia. Cuando eran niños, se sintieron
rechazados, pero ocultaron su enfado. Continúan
airados –especialmente con las imágenes
de padre—y reclaman la aceptación que se
les denegó, pero la exigen en sus propios términos.
No quieren perdonar. Proyectan su propia rabia en nosotros.
Las personas con SSA tienen mucha más
probabilidad de sufrir alteraciones psíquicas,
abuso de drogas, y adicción sexual que la población
corriente. Sus amigos no dejan de ver sus problemas.
El reconocer la vulnerabilidad de las personas con SSA
puede ser una de las razones de que haya tanta gente
que simpatiza con la demanda de redefinición
del matrimonio. Hemos de reconducir esa simpatía,
hacia la prevención y el tratamiento. La redefinición
del matrimonio no resolverá los problemas internos
de las personas con SSA, sino que los bloqueará
en actitudes rígidas y negará a los niños
con riesgo de SSA la ayuda que necesitan.
Los medios de comunicación han
ocultado constantemente la verdad del SSA. La mayor
parte de la gente, incluyendo a muchos que se oponen
a la redefinición del matrimonio, se creen al
menos algunas de las mentiras acerca del SSA y ello
influye en el debate. Necesitamos presentar continuamente
la verdad acerca del SSA:
No existe un gen gay
El SSA es una alteración del
desarrollo psicológico que se origina en las
experiencias de la primera infancia. El síntoma
más temprano y común es el sentirse “diferente”
del progenitor y de los compañeros del mismo
sexo.
Los niños con GID (alteración
de la identidad de sexo: Gender Identity Disorder) están
en situación de alto riesgo de SSA en la posterior
infancia y en la adolescencia.
El SSA no es algo que elige una persona.
El SSA puede prevenirse y tratarse.
Los niños que “se sienten
diferentes” o cuya necesidad de aceptación
no se ha atendido son más proclives a convertirse
en víctimas del abuso sexual.
El SSA, especialmente en los varones,
va acompañada frecuentemente por la adicción
sexual.
Las personas con SSA están más
expuestas que las demás a sufrir otras alteraciones
psíquicas, el abuso de drogas y la idea de suicidio.
Nuestra defensa del matrimonio debe
ir acompañada por esfuerzos sinceros para que
se pueda disponer de una prevención y un tratamiento
para las personas que padecen SSA. Ésta es la
verdadera respuesta a la demanda de una redefinición
del matrimonio. Los que claman que la compasión
requiere eliminar la “discriminación”
no están ofreciendo libertad sino una esclavitud
más confortable.
Hemos de admitir los modos en que se
ha producido el fallo de la sociedad en su respuesta
al problema del GID y el SSA. En los comienzos de la
década de los 1960, la comunidad psiquiátrica
había revelado muchos de los factores que conducen
a la SSA y elaboraron protocolos de tratamiento. Pidieron
que esta información se transmitiera a padres,
profesores, pediatras y pastores de almas, de forma
que los niños con GID pudieran recibir la ayuda
que necesitaban y se evitara la SSA. No se hizo lo suficiente.
Los muchachos que no recibieron tratamiento en los años
60 se encontraban entre los de la primera oleada de
los destruidos por la epidemia de SIDA de la década
de los 1980.
Si te encuentras con un hombre encadenado
a un árbol –hambriento, desnudo, sediento--,
¿le proporcionas alimento, vestido y bebida,
o te haces con la herramienta cortante adecuada y le
liberas de la cadena? Lo que debemos hacer es lo segundo.
La verdadera compasión
Con frecuencia, el más duro criticismo
de este enfoque proviene de los que comparten nuestra
visión del problema: “Pero bueno –preguntan—¿es
que las personas con SSA no pueden sencillamente corregirse?
¿Por qué tenemos que compadecerlas? Fue
su elección.”
Necesitamos comprender, y ayudar a los
demás a que comprendan por qué es tan
difícil para las personas con SSA el resistir
a la tentación de actuar según sus atracciones.
Elisabeth Moberly, en su folleto “Homosexualidad:
una nueva Ética cristiana (Homosexuality: A New
Christian Ethic), explica que todo ser humano nace con
una necesidad de ser amado y aceptado por el progenitor
del mismo sexo. La atracción SSA “es esencialmente
un estado de desarrollo incompleto”. Es esa ausencia
de acabamiento lo que se opone al desarrollo armónico
de la personalidad de los afectados: ”la expresión
sexual no es la adecuada en las relaciones previas a
la edad adulta con lo que el impulso amatorio hacia
el mismo sexo no es otra cosa que el intento de hacer
buenos los deficits de identidad sexual.”
La respuesta no es suprimir la sana
necesidad de sentirse amado por los del mismo sexo,
sino satisfacer esa necesidad sin que medie la relación
sexual.
¿Por qué es eso tan difícil?
Porque el niño que no experimenta el amor y la
aceptación paternos, probablemente se enfadará
pero temerá expresar abiertamente su enfado.
El enfado no expresado se convierte en resentimiento
y encono. Esto lleva a envidiar las características
de otros del mismo sexo que el niño piensa que
no tiene. Lo cual abre la puerta a la autocompasión
y luego a conductas de autosatisfacción, y finalmente
al orgullo. Resentimiento, envidia, autocompasión,
conductas de autocomplacencia y orgullo, son hábitos
que si no se corrigen en un niño son difíciles
de vencer en un adulto. Y esto es doblemente duro para
la persona que mantiene una relación negativa
con su padre, porque el padre es el modelo de la disciplina
necesaria para adquirir la virtud. Todo ello se complica
aún más por el hecho de que los hombres
con atracción por el mismo sexo (SSA) frecuentemente
han tenido madres que protegían excesivamente
a sus hijos y, de modo inconsciente, animaban al resentimiento,
la autocompasión y el orgullo. Si, además,
una persona con SSA ha sido víctima de abuso
sexual en su infancia y sufre adicción sexual,
entonces la recuperación resulta más complicada.
Los activistas gays puede que respondan
a la clasificación del SSA como alteración
psicológica haciendo ver que la homosexualidad
ya no se considera un desorden por las organizaciones
de salud mental. Lamentablemente, la homosexualidad
se suprimió como patología en respuesta
a las presiones políticas, y no porque hubiese
pruebas de que no es una alteración patológica.
Una de las razones por las que algunos
no reconocen al SSA como alteración psíquica
es que tienen una idea equivocada de lo que constituye
un desorden psíquico. Una persona puede funcionar
en sociedad, tener un empleo, llevar una vida de relaciones
sociales, y aun así carecer de la libertad que
se asocia a la salud psíquica, en otras áreas
de su vida. Por ejemplo, una persona que sufra el síndrome
compulsivo de “adquisición de bienes materiales”,
no es capaz de renunciar al exceso de posesiones. Los
objetos materiales se acumulan hasta el punto de que
algunas partes de su casa quedan inservibles para su
uso normal, y sin embargo esa misma persona puede que
realice bien su trabajo. Los amigos que no visitan su
casa pueden no tener ni idea de que existe un problema.
Este síndrome es extremadamente difícil
de tratar. Los que lo padecen insisten en que no necesitan
ayuda alguna y luchan contra los intentos de eliminar
los excesos por parte de otros.
El SSA es una alteración del
desarrollo psicológico porque, al no atenderse
adecuadamente durante la primera infancia la necesidad
de aceptación por los del mismo sexo ni la de
seguridad en sí mismo, la persona queda atascada
en ese aspecto de su desarrollo, pero continúa
madurando en otros aspectos. La necesidad es tan intensa
en la adolescencia que se interpreta como ansiedad sexual.
Las autobiografías de personas con SSA revelan
la naturaleza esencialmente no sexual de la necesidad
en cuestión –la de sentirse aceptado por
sus iguales en sexo--, y cómo se sexualizó
, con frecuencia a través del abuso sexual.
La liberación de la conducta
homosexual no es fácil. Las legítimas
necesidades deben satisfacerse sin recurso al sexo,
los traumas han de sanarse, y hay que vencer los hábitos
negativos, y todo ello debe acompañarse con la
recuperación de cualquier tipo de adicciones.
Un breve folleto titulado “Homosexualidad: un
hachazo a las raíces (Homosexuality: Laying the
Axe to the Roots), escrito por Ed Hurst (Outpost, 1980),
explica que la recuperación de la SSA requiere
el tratamiento del rechazo, la rebelión, el miedo,
el compadecerse de sí mismo, la envidia, y la
amargura.
Dado su historial, se comprende que
las personas con SSA piensen que la redefinición
del matrimonio les proporcionará la aceptación
que se les denegó. Comprendiendo su historial,
debemos explicar por qué eso no va a funcionar
así.