De: Vivir en Familia
Gerard J. M. Van Den Aardweg
Homosexualidad es la atracción
sexual hacia personas del propio sexo. En cromosomas,
hormonas sexuales y constitución física
los homosexuales son normales. Hubo un tiempo, el de
Freud, en que se pensó que se debía a
factores hereditarios, pero esta hipótesis hoy
ha sido científicamente desechada. Los homosexuales
son biológicamente normales, lo que no es normal
es el ejercicio de la homosexualidad. Es de advertir
que el homosexual tiene instintos heterosexuales; lo
que ocurre es que se le bloquean por alguna razón,
que puede ser un complejo de inferioridad. Quienes de
verdad se empeñan en luchar contra ese complejo,
aun en casos de transexualidad, en uno o dos años
acaban con sus obsesiones. Para dar la impresión
de normalidad, hay quien asegura que quizá uno
de cada cinco hombres tiene «tendencias»
homosexuales, pero las estadísticas lo desmienten
y ponen de manifiesto que en realidad no pasan de un
uno o dos por ciento.
El movimiento mundial para la emancipación
de los homosexuales trata de eludir cuestiones fundamentales,
se sirve de medias verdades y de falsedades totales
y maneja el concepto de discriminación para suscitar
compasión. Hace del homosexual una víctima.
Una causa: la falta de madurez
En la pubertad, puede tratarse de un
fenómeno transitorio. Hay casos en que la homosexualidad
arraiga en los primeros años de juventud. Este
hecho ha llevado a algunos a pensar que no tiene sentido
procurar desarraigarla. La teoría más
en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación
del llamado «sentido de identidad sexual».
La realidad demuestra que los homosexuales están
afectados no sólo en su faceta sexual, sino en
todo su mundo emotivo. Su vida emotiva coincide mucho,
por ejemplo, con la de tipo ansioso, compulsivo o depresivo,
caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas
relacionales y psicosomáticos. No son capaces,
en determinados aspectos de su vida emotiva, de madurar
y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad
y alegría no son felices interiormente. La causa
no está en la discriminación de la que
se quiere acusar a la sociedad que les haría
«víctimas» de ella, sino en fuerzas
que actúan en el interior mismo de los interesados
(...)
¿Se puede curar la homosexualidad?
Mucha gente no sabe que la génesis
psíquica de esta condición sexual carece
en absoluto de misterio y que su terapia es posible.
El método que he utilizado consta de dos partes:
la primera consiste en hacer adquirir al interesado
una visión clara de la propia identidad y de
su propio mundo afectivo; la segunda, en afrontar esa
situación. Llevamos a las personas a reírse
de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable)
y a la adquisición de hábitos positivos:
valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina,
capacidad de amar a los demás; así, hasta
lograr que el homosexual pierda sus hábitos neuroinfantiles.
Es esencial neutralizar la autoconmiseración
crónica. Es obligado decir que:
- En un treinta por ciento de los casos,
la curación es completa: acaban desarrollando
actitudes y hábitos sexuales normales y afectivos
y una vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación
sólo sexual no sería una curación
completa.
- Otro treinta por ciento de personas
cambia más o menos gradualmente, pierde sus obsesiones
homosexuales y asume una actitud emotiva nueva, aunque
no lo suficiente para poder hablar de curación
completa.
- Hay otros que progresan con extremada
lentitud por su estado neurótico grave, pero
también éstos, si son ayudados por una
asistencia y un tratamiento constructivos, adquieren
fuerza y coraje y poco a poco van perdiendo sus depresiones,
nerviosismos y ansiedades.
Responsabilidad de los educadores
Los complejos homosexuales se pueden
evitar educando a un muchacho como muchacho y a una
chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar
las cosas. Una total identificación, la total
identidad de roles que quiere cierto feminismo exacerbado
es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel
importantísimo cuando aportan al crecimiento
psicológico una contribución mucho mayor
de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer
que todo «amor» es bueno; hay formas de
amor compasivas y neuróticas que revelan una
personalidad dividida en sí misma y que necesitan
una guía moral firme y segura. Los pacientes
que viven su fe de manera positiva tienen las mayores
esperanzas de un cambio radical en su homosexualidad:
ésta es mi experiencia de años.
El problema de la homosexualidad es
presentado en una injustificada atmósfera de
fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por
la mayoría de la gente a la luz de prejuicios
e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de las
que, por desgracia, no están ausentes profesionales
(médicos, sociólogos, psicólogos,
sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos
la falta de puesta al día de la Psiquiatría
y de la Psicología, se crea una situación
de la que se aprovecha la estrategia de la emancipación
de homosexuales militantes, flanqueada por el «establishment
progre» occidental que pretende hacer creer que
la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad
humana, que homosexual se nace y que no se puede cambiar.
A todos ellos no les vendría mal una mejor información.
La falacia de la resignación
Los responsables mejoran poco a poco
las situaciones concretas. Hay directores espirituales
que animan correctamente a los homosexuales a vivir
la castidad y el dominio de sí mismos, pero de
hecho consideran que es imposible desarraigarla. Es
muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia
que, de buena fe, pero víctimas probablemente
de la escasa difusión de las experiencias terapéuticas,
consideran que el mejor modo de ayudar a los homosexuales
es enseñarles la resignación y la aceptación
del sacrificio que supone su situación, en lugar
de animarles y ayudarles a salir de ella, con paciencia
y perseverancia.
Además de ignorancia, demuestran
ingenuidad, ya que es dificilísimo, por no decir
imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales
sin dejarse arrastrar por ellas. El camino de la curación
de los homosexuales no pasa por la compasión
y mucho menos por la aceptación de su situación
como «normal».
Es impresionante y doloroso constatar
cuántos médicos, terapeutas, sacerdotes,
psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen
muchas personas con tendencias homosexuales. La afectividad
desviada no es más que un aspecto de una personalidad
inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al
paciente a reconocer y combatir toda una gama de expresiones
de ego-centrismo infantil, de temores, complejos de
inferioridad, reacciones consolatorias, afectaciones
y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto
mayor es la confianza en nosotros mismos como hombres
o como mujeres con plenitud y felicidad. Un psiquiatra
holandés que militaba en el movimiento de emancipación
homosexual cuenta la curación de una lesbiana
gracias a un sacerdote dotado de buen sentido psicológico,
que le dijo: «¡Si es que tú te has
quedado en cuando eras una niña ... !».
Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó
reconociendo ante el psiquiatra que su problema había
desaparecido «como una pierna amputada, que no
vuelve».
Gerard J. M. van den Aardweg es un acreditado
psicólogo holandés, catedrático
desde hace más de treinta años, casado,
padre de siete hijos, que ha dictado cursos en Estados
Unidos, Canadá y Brasil. Autor de numerosos libros,
ensayos y artículos sobre la homosexualidad,
aborda en este artículo las causas y las posibles
soluciones de una de la variantes de la homosexualidad.
Cortesía de:
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