Homilía
de su Santidad Juan Pablo II
en la celebración Eucarística de la
Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo en 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Os
saludo con afecto a todos vosotros, habéis
venido para vuestra celebración jubilar ante
la tumba de san Pedro, en la víspera de la
solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Según
las imágenes del Apocalipsis, Cristo es <<el
alfa y la omega, el primero y el último, el
principio y el fin>> (Ap 22, 13). Como verdadero
<<Rey del universo>>, lo gobierna y renueva
todo, para poder <<entregar>> al final
el mundo al Padre, <<para que Dios sea todo
en todos>> (1 Co 15, 28). Queridos hermanos,
venís hoy a encomendarle a él nuevamente
vuestra vida. Procurad que su realeza se manifieste
en vuestro esfuerzo por vivir las realidades del mundo
transfigurándolas con el amor y la alabanza
a Dios.
Saludo
cordialmente ahora al cardenal vicario Camillo Ruini,
que ha celebrado la eucaristía, y le agradezco
las palabras que me ha dirigido en nombre de todos
y a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas
presentes.
Una actividad
importante para el bien común
2. Os
saludo también a los que realizáis la
peregrinación de los empleados de varios organismos
constitucionales de la República italiana:
la presidencia de la República y la del Consejo
de ministros, el Senado de la República, la
Cámara de diputados y el Tribunal de cuentas.
Os saludo a todos cordialmente. Hace poco, en el jubileo
de los gobernantes, los parlamentarios y los políticos,
exalté la nobleza de la política, reafirmando
la exigencia de vivirla con una dimensión espiritual,
marcada por la competencia y la moralidad. ¿Me
alegra dirigirme hoy a vosotros, que colaboráis
en la obra de los políticos y los gobernantes.
Con vuestro servicio estable en el seno de las instituciones,
estáis llamados a garantizarles continuidad,
talante profesional y elevación moral.
Al trabajar
en sectores tan prestigiosos, en cierto modo sois
personas privilegiadas. Sin embargo, es fácil
intuir que en vuestro ámbito profesional tampoco
faltan las dificultades y los desafíos. En
el vuestro, como en cualquier otro sector humano,
la realidad diaria está siempre lejos del ideal,
y a veces quizá también vosotros, llevados
por la desconfianza, sentís la tentación
de abandonaros a la rutina. ¡No cedáis
a esta tentación! Realizad siempre con esmero
incluso el trabajo más burocrático.
Mirad siempre a las personas, sus problemas y sus
sufrimientos, aunque debáis ocuparos de ellas
sólo mediante documentos o cifras, artículos
de códigos y áridos reglamentos. Haced
de vuestro trabajo un espacio de verdadera humanidad
y una ocasión de perfeccionamiento moral. Un
discípulo de Cristo jamás ha de acomodarse
en la mediocridad: todo trabajo puede ser camino de
santidad.
Al trabajar
en sectores tan prestigiosos, en cierto modo sois
personas privilegiadas. Sin embargo, es fácil
intuir que en vuestro ámbito profesional tampoco
faltan las dificultades y los desafíos. En
el vuestro, como en cualquier otro sector humano,
la realidad diaria está siempre lejos del ideal,
y a veces quizá también vosotros, llevados
por la desconfianza, sentís la tentación
de abandonaros a la rutina. ¡No cedáis
a esta tentación! Realizad siempre con esmero
incluso el trabajo más burocrático.
Mirad siempre a las personas, sus problemas y sus
sufrimientos, aunque debáis ocuparos de ellas
sólo mediante documentos o cifras, artículos
de códigos y áridos reglamentos. Haced
de vuestro trabajo un espacio de verdadera humanidad
y una ocasión de perfeccionamiento moral. Un
discípulo de Cristo jamás ha de acomodarse
en la mediocridad: todo trabajo puede ser camino de
santidad.
3. En
realidad, vuestro trabajo supera los confines de vuestras
oficinas, contribuyendo al funcionamiento global de
un aparato institucional que es de suma importancia
para el bien común. A esto tiende, ante todo,
el servicio prestado a la unidad de la nación
por la presidencia de la República y el de
gobierno ejercido por la presidencia del Consejo de
ministros. De igual importancia es el papel del Senado
de la República y de la Cámara de diputados
en la realización de la función legislativa,
así como el papel de garantía que desempeña
el Tribunal constitucional con vistas a la conformidad
de las leyes con la charta magna de la República,
y el de control sobre la gestión de las finanzas
públicas que lleva a cabo el Tribunal de cuentas.
Al trabajar
en sectores tan prestigiosos, en cierto modo sois
personas privilegiadas. Sin embargo, es fácil
intuir que en vuestro ámbito profesional tampoco
faltan las dificultades y los desafíos. En
el vuestro, como en cualquier otro sector humano,
la realidad diaria está siempre lejos del ideal,
y a veces quizá también vosotros, llevados
por la desconfianza, sentís la tentación
de abandonaros a la rutina. ¡No cedáis
a esta tentación! Realizad siempre con esmero
incluso el trabajo más burocrático.
Mirad siempre a las personas, sus problemas y sus
sufrimientos, aunque debáis ocuparos de ellas
sólo mediante documentos o cifras, artículos
de códigos y áridos reglamentos. Haced
de vuestro trabajo un espacio de verdadera humanidad
y una ocasión de perfeccionamiento moral. Un
discípulo de Cristo jamás ha de acomodarse
en la mediocridad: todo trabajo puede ser camino de
santidad.
El primado
de Dios
4. Entre
las virtudes que deben brillar en vosotros figura
sin duda la lealtad a las instituciones, a las que
estáis llamados a servir teniendo muy en cuenta
el primado de Dios: <<Dad al César lo
que es del César, y a Dios lo que es de Dios>>(Mc
12, 17).
Este luminoso
principio evangélico ha orientado a la Iglesia
desde sus orígenes, impulsándola a mostrar
gran respeto por las instituciones civiles. En ellas,
y en los hombres que asumen su responsabilidad, se
ha de ver un signo de la presencia de Dios, que guía
los acontecimientos de la historia. <<Omnis
potestas a Deo>> (Rm 13, 1): todo poder viene
de Dios. En esto se basa el deber de acatamiento a
las leyes y a quienes
ejercen la autoridad. Sin embargo, todo se debe someter
a la soberanía de Dios, hasta el punto de que
en ningún caso puede llegar a ser obligatorio
lo que se opone a su ley. El cristiano debe ser firme
testigo de este principio, yendo, cuando sea necesario,
<<contra corriente>>. En este caso encontrará
apoyo en la fuerza de la oración. Como la primera
comunidad de Roma, a comienzos del siglo II, los creyentes
invocan la ayuda divina para cuantos están
investidos de responsabilidades públicas, a
fin de que el Señor dirija sus decisiones según
lo que es bueno y agradable a sus ojos (cf. Primera
Carta de san Clemente a los Corintios, LXI, 1).
5. Os
saludo ahora a vosotros, queridos trabajadores del
sector del transporte, empleados de la Empresa de
tranvías y autobuses del ayuntamiento de Roma
(ATAC) y de otras empresas del Lacio y de toda Italia.
Vuestra realidad es vasta, con una extensa red de
servicios que os comprometen a diario a favor de los
ciudadanos. Además, en este año del
gran jubileo merecéis particularmente nuestra
gratitud por la acogida prestada a los numerosos peregrinos:
os lo agradezco de corazón.
El transporte
público, en las actuales condiciones de intercambios
más intensos de personas y de tráfico
a menudo caótico, está destinado a desempeñar
un papel de creciente importancia. Desde el punto
de vista ecológico y humano, existe una difundida
exigencia de asegurar un mejor nivel de vida a nuestras
ciudades. Es necesario evitar que nuestros paisajes
se vean alterados o contaminados ulteriormente, y
salvaguardar la dimensión humana de las ciudades.
¿Y no depende todo esto del modo como se organiza
el transporte? Por lo demás, no hace falta
demostrar la importancia que tiene esto para Roma,
por su doble papel de capital de Italia y de centro
de la cristiandad.
En efecto,
tanto los peregrinos como los turistas, que vienen
desde lejos, antes de sumergirse en la historia de
Roma, en su arte y en su significado religioso, por
lo general se encuentran con vosotros. Vuestra disponibilidad,
cordialidad y eficiencia es como una tarjeta de presentación
de la <<ciudad eterna>>.
Ciertamente,
es fácil imaginar las dificultades que hacen
pesado vuestro servicio. A pesar de todo, esforzaos
por prestarlo como un verdadero acto de amor. Precisamente
a ello os comprometéis, abriendo vuestro corazón
a la gracia jubilar que Cristo os da hoy. Sed para
las personas que transportáis otros <<cristóforos>>,
portadores de Cristo, que quiere que lo encontremos
y lo tratemos con amor en cada persona, especialmente
en los más pobres (cf. Mt 25, 35).
El jubileo
es momento de conversión y renovación
6. Me
agrada saludar ahora al grupo de fieles del círculo
de la agencia ANSA. Es conocido el papel de vuestra
agencia en el panorama de la información. Vuestra
presencia me impulsa a invocar al Señor para
que ilumine a cuantos trabajan en este sector y les
ayude a prestar del mejor modo posible su servicio,
hoy particularmente difícil y lleno de responsabilidad,
por las condiciones generales del sistema de los medios
de comunicación social y la influencia a menudo
exagerada ejercida por pocos y grandes gestores del
poder informativo.
Por último,
doy mi bienvenida a los otros numerosos grupos presentes:
grupos parroquiales, escolares y asociaciones de diferentes
tipos y de diversa proveniencia. Queridos hermanos,
os deseo que viváis este jubileo como un momento
de conversión y renovación interior.
Cristo os pide que os adhiráis con más
fuerza a su Evangelio y que lo traduzcáis en
un testimonio coherente. ¡Confiad en él!
Ante las <<sirenas>> atractivas de una
cultura que, alejándose de él, promete
en vano felicidad verdadera y duradera, decidle con
la convicción del apóstol san Pedro:
<<Señor, ¿a quién iremos?
Tú tienes palabras de vida eterna>> (Jn
6, 68).
María,
Madre de la Iglesia, nos obtenga que Cristo, Rey del
universo, sea el Rey de nuestro corazón, de
nuestras familias y de nuestras comunidades. En el
nombre del Señor, os bendigo a todos.