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Biografia
Los
orígenes del apellido Goya son vascos, aunque sus padres,
don José Goya, de profesión dorador, y doña
Gracia Lucientes, estaban asentados en Zaragoza. El pintor nació
en la pequeña aldea de Fuendetodos el 30 de marzo de 1746
y poco se sabe de su infancia.
Parece ser que fue alumno de las Escuelas Pías y que a los
catorce años ingresó en el taller del pintor Luzán,
donde debió ejercitarse, como era habitual en la época,
en la copia de grabados. A finales de 1763 Goya realiza su primer
viaje a Madrid para participar en un concurso de la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando.
Pero los inicios no pueden ser mas desoladores y su obra no obtiene
un solo voto. Vuelve a probar suerte en 1776 en un nuevo concurso
academico cosechando el mismo fracaso.
Durante
estos años Goya comienza su carrera como pintor realizando
sobre todo cuadros de tema religioso. Luego, retornó a Zaragoza,
donde se encuentra desde finales de junio de 1771, y pronto recibiría
su primer encargo importante: la bóveda del coreto de la
Basílica del Pilar. Goya pudo poner en práctica su
habilidad como fresquista, técnica probablemente aprendida
en Italia, en una obra aún dependiente de las tradiciones
barrocas.
El 25 de julio
de 1773 Goya se casa en Madrid con Josefa Bayeu, hermana de los
pintores Francisco y Ramón, que tendrán un importante
papel en su vida durante estos primeros años. Dos años
después la recién formada familia se instala en Madrid
para que el joven pintor logre afianzar su carrera en medios cortesanos.
En estos años
se producen también sus primeros tanteos como grabador. Especialmente
importante es la serie de copias de cuadros de Velázquez,
que le permitirán ahondar en el conocimiento de la técnica
del genial sevillano e incorporarla como un elemento importante
de su arte. En 1780 es admitido en la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando, para lo que presentó un Cristo crucificado.
Poco después es llamado de nuevo a Zaragoza para realizar
un fresco en la Basílica del Pilar. Se trataba de decorar
una cúpula con sus cuatro pechinas, con el tema La Virgen,
Reina de los Mártires.
Cuando retorna
a Madrid, Goya -cuya fama y popularidad se extendieron por todo
el país- continuó pintando más temas religiosos,
destacando las obras de San Francisco el Grande en 1781, el convento
de Santa Ana de Valladolid en 1787, catedral de Valencia en 1788,
entre otros. En este perido también aparecieron los primeros
mecenas que patrocinarán su carrera, y entre los años
1783 y 1784 realiza los retratos del conde de Floridablanca y de
la familia del infante don Luis, hermano de Carlos III. La muerte
de Carlos III, en 1778, supone el ascenso al trono de Carlos IV
y su mujer María Luisa de Parma, que nombran a Goya pintor
de cámara al año siguiente. Sin embargo, a finales
de 1792 Goya, durante un viaje a Andalucía, cae gravemente
enfermo en Sevilla y es trasladado a Cádiz.
Como
consecuencia de la enfermedad el pintor queda sordo y tanto su vida
como su obra sufren un profundo cambio. A su regreso a Madrid empieza
a recuperarse lentamente y se dedica a la realización de
retratos y sobre todo de una serie de cuadros pequeños, en
los que, según frase del propio Goya, "el capricho y
la invención no tienen ensanches". Es un nuevo capítulo
en su obra, en el que se liberará de la herencia recibida
para dar rienda suelta a su fantasía personal.
La década
de los noventa ha sido llamada la década de "Los Caprichos",
nombre que le dio a su primera serie de grabados compuesta por ochenta
estampas realizados con un extraordinario dominio de la técnica
del aguafuerte y el aguatinta, y que fueron publicados en 1799.
Paralelamente,
Goya realiza su obra maestra en el campo del fresco: la decoración
de San Antonio de la Florida. Libre de condicionantes externos y
pudiendo trabajar con entera libertad, realiza una obra enteramente
novedosa, tanto en la distribución de los temas por la Iglesia
como en la elección de tipos o en el original cromatismo.
En octubre
de 1799 Goya es nuevamente nombrado primer pintor de cámara.
Son años en los que realiza numerosos retratos de los reyes
y demás miembros de la corte, que culminan con La Familia
de Carlos IV (1800-1801). Realiza también varias obras para
el valido Godoy, entre ellas posiblemente las célebres Majas,
de datación muy discutida.
La Guerra de
la Independencia contra los franceses (1808-1814) supone para Goya,
como para el resto de los españoles, una etapa difícil
y amarga. La obra de Goya en este momento es fruto de estas circunstancias.
Varios cuadros, entre ellos los célebres dos y tres de mayo,
y sobre todo la serie de estampas Los Desastres de la Guerra son
la consecuencia de estos trágicos años.
En 1819 Goya
pinta sus composiciones religiosas más conmovedoras para
las Escuelas Pías de Madrid: La última comunión
de San José de Calasanz y Cristo en el monte de los Olivos.
Pese a su avanzada edad se encuentra en una fase de intensa creatividad.
Descubre la recién inventada técnica litográfica
y realiza varios ensayos en el taller de José María
Cardano. A finales de ese año cae gravemente enfermo, y esta
nueva dolencia parece sumergirle en un abismo del que saldrán
sus últimas y alucinadas obras.
El nefasto
ambiente político de la capital pudo impulsar a Goya a adquirir,
en febrero de 1819, una propiedad situada a las afueras de Madrid,
junto al río Manzanares, que posteriormente será llamada
Quinta del Sordo. Al año siguiente comienza a decorar su
nueva casa con pinturas murales al óleo que se extienden
por dos salones de la planta baja y del primer piso: son las Pinturas
Negras. Este conjunto constituye sin duda la obra más revolucionaria
de Goya: un mundo de imágenes de pesadilla con algunas de
las más turbadoras escenas de la historia de la pintura occidental.
La última
serie de estampas llevada a cabo por Goya data también de
estas fechas, aunque, al igual que Los Desastres de la Guerra, no
vio la luz hasta muchos años después. Nos referimos
a Los Proverbios, nombre con que fue publicada, o Los Disparates,
nombre que parece responder a la intención del propio Goya.
Es sin duda su serie más difícil de interpretar. No
parecen que las estampas representen refranes, sino que más
bien aluden de manera más o menos oscura a sátiras
sociales o políticas.Algunas se encuentran entre las imágenes
más poderosas y enigmáticas jamás realizadas
por su autor.
En junio de
1824 parte hacia Francia y, tras unos días en Burdeos, pasa
los meses de julio y agosto en París. Sabemos poco de esta
estancia, que Goya debió dedicar a visitar monumentos y museos
y a encontrarse con exiliados españoles.
A su vuelta a Burdeos se reúne con Leocadia Weiss y la hija
de ésta, Rosarito, consuelo de sus últimos días.
Su afán creador no ha descendido y de su mano salen algunas
de las más conmovedoras imágenes de su obra: retratos
de sus amigos exiliados, miniaturas sobre marfil y, sobre todo,
las últimas litografías, entre las que destacan las
cuatro conocidas como Los Toros de Burdeos.
En 1826 y 1827
regresa a Madrid, las dos veces por breve tiempo.
Goya muere en Burdeos el 16 de abril de 1828, rodeado de su nuera
y su nieto Mariano. El funeral se celebró en la iglesia de
Nôtre Dame y el inventario de sus bienes muestra que poseía
numerosas obras propias. Fue enterrado en el cementerio de la Cartuja,
donde reposaron sus restos hasta que en 1899 fueron exhumados y
en 1919 hallaron definitivo reposo en la ermita de San Antonio de
la Florida.
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