Los
mejores frutos
¿Cuáles
son los frutos que para el bien de la Iglesia y de
la sociedad civil nos promete el público homenaje
de culto a Cristo Rey?
a)
Para la Iglesia
En
efecto: tríbutando estos honores a la soberanía
real de Jesucristo, recordarán necesariamente
los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta
instituida por Cristo, exige —por derecho propio e
imposible de renunciar— plena libertad e independencia
del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio
encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir
y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen
al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio
de nadie.
Más
aún: el Estado debe también conceder
la misma libertad a las órdenes y congregaciones
religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como
son valiosísimos auxiliares de los pastores
de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento
y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo
con la observación de los tres votos la triple
concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más
perfecta, merced a la cual aquella santidad que el
divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta
como nota característica de ella, resplandece
y alumbra, cada día con perpetuo y más
vivo esplendor, delante de los ojos de todos.
b)
Para la sociedad civil
La
celebración de esta fiesta, que se renovará
cada año, enseñará también
a las naciones que el deber de adorar públicamente
y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los
particulares, sino también a los magistrados
y gobernantes.
A éstos
les traerá a la memoria el pensamiento del
juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido
arrojado de la gobernación del Estado cuanto
también aun por sólo haber sido ignorado
o menospreciado, vengará terriblemente todas
estas injurias; pues su regia dignidad exige que la
sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos
y a los principios cristianos, ora al establecer las
leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente
al formar las almas de los jóvenes en la sana
doctrina y en la rectítud de costumbres. Es,
además, maravillosa la fuerza y la virtud que
de la meditación de estas cosas podrán
sacar los fieles para modelar su espíritu según
las verdaderas normas de la vida cristiana.
c)
Para los fieles
Porque
si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo
poder en el cielo y en la tierra; si los hombres,
por haber sido redimidos con su sangre, están
sujetos por un nuevo título a su autoridad;
si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza
humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna
facultad que se sustraiga a tan alta soberanía.
Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia
del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha
de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas
y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine
en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes
y preceptos divinos; es necesario que reine en el
corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales,
ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo
a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo
y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase
del apóstol San Pablo, como armas de justicia
para Dios(35), deben servir para la interna santificación
del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditación
y profunda consideración de los fieles, no
hay duda que éstos se inclinarán más
fácilmente a la perfección.