La maternidad debe ser complementada por la paternidad
Para
que la maternidad pueda desarrollarse normalmente,
hace falta el apoyo del padre, hace falta que el padre
viva su paternidad. Lo cual no significa tan sólo
proveer el sustento del hogar, sino también
ayudar a la madre de sus hijos en todo cuanto haga
falta, cuando se lo permita su actividad laboral.
A veces,
el tiempo de que se dispone es escaso porque las dificultades
económicas obligan a pasar muchas horas trabajando,
separado de la familia; en esos casos, cobra mayor
importancia la calidad de la atención a la
mujer y a los hijos: es necesario luchar por adquirir
ciertas virtudes, como espíritu de servicio,
desprendimiento, generosidad y buen humor, de manera
de hacer agradable la vida a los demás.
El padre,
para favorecer y apoyar la maternidad de su esposa,
debería tratar, por todos los medios, de estar
siembre disponible. El Santo Padre Juan Pablo II hace
referencia a la "deuda" que contrae el padre
con la madre de sus hijos, quien durante nueve meses,
se "encarga" de la gestación; esa
"deuda", la debería pagar el varón
una vez nacido el niño, ayudando a su mujer
en tareas que faciliten la atención del niño
por parte de la madre y la adaptación de la
madre a la nueva situación.
La
maternidad y el trabajo deben compatibilizarse lo
mejor posible
Es importante
que la mujer pueda alternar su maternidad con su carrera
profesional. Para ello, es necesario en primer lugar,
que el marido le brinde a su esposa, todo el apoyo
que esta necesita para desarrollar su cultura y su
capacidad profesional. Por otra parte, la mujer-madre
debe disponer del tiempo suficiente para criar a sus
hijos, sin que ello perjudique irreversiblemente su
actividad laboral y/o cultural. Y al revés:
el trabajo, no debería afectar negativamente
la atención a los hijos.Quizá las necesidades
económicas que hoy vivimos, hagan difícil
encontrar un equilibrio óptimo entre la dedicación
de la mujer al trabajo y al hogar.
Por
eso, es más importante que nunca afirmar que
el mundo laboral debe aprender a respetar el don de
la maternidad; si no lo hace, corre serios riesgos
de deshumanizarse. El ámbito del trabajo y
el ámbito de la cultura, necesitan del "genio"
de la mujer para ser más acogedores, más
"vivibles", más "disfrutables".
La mujer-madre,
puede hacer una contribución peculiar en este
sentido, si se la deja de tratar como a un hombre
-también si ella misma deja de intentar parecerse
al hombre-, y se respetan sus tiempos, si se facilita
la adaptación de sus obligaciones laborales
a su particular condición maternal. De este
modo, aunque los empleadores no vean en este enfoque
más que problemas inmediatos, a largo plazo
podrán comprobar que las mujeres, además
de trabajar más a gusto y rendir más,
al poder vivir su maternidad como corresponde, enriquecerán
con su experiencia maternal la actividad laboral.
La
paternidad debe manifestarse en el hogar y en el trabajo
El padre,
no sólo debe asumir un compromiso con la maternidad
de su propia esposa, sin que debe asumir un compromiso
con el respeto a la maternidad de las mujeres que
trabajan con él, o para él. En la medida
que respete, facilite y proteja la maternidad de sus
compañeras o empleadas, será digno de
llamarse padre en el sentido amplio del término.
Lo mismo
se puede aplicar a las mujeres que dirigen empresas
o que trabajan fuera de casa; aunque por lo general,
suelen ser más comprensivas.
Los
hombres, deben contemplar la especial atención
que requiere la maternidad de aquellas mujeres que
no son sus esposas, y las mujeres, de esas otras mujeres
que no son ellas mismas. Lo contrario, implica incoherencia,
propia de quienes viven -esquizofrénicos- una
vida hacia el hogar, y otra completamente distinta,
hacia el mundo.
La sociedad debe promover la maternidad
Proteger
y apoyar la maternidad, es un deber social. La sociedad
debe favorecer
la maternidad, porque la maternidad cumple una función
social: provee al mundo de nuevos seres humanos que,
entre otras cosas, pagarán la jubilación
de los patrones y compañeros de sus madres,
de las enfermeras y los médicos que los traen
al mundo, etc.
Una
especie que no se reproduce, tiende a la extinción.
Y si bien los seres humanos somos unos cuantos, hay
signos alarmantes de estancamiento y aún decrecimiento
de la población para las próximas décadas.
Al menos en los países desarrollados, y en
los que sin serlo, tenemos indicadores sociales similares
a los suyos.
Estas ideas, son sólo un pantallazo de un tema
profundo, que estimamos debería encararse con
seriedad y profesionalidad por parte de quienes tienen
en sus manos la posibilidad de establecer políticas,
de fijar estrategias, de salvaguardar derechos; derechos
que van desde la no discriminación, hasta la
celebración del Día de la Madre, que
algunas organizaciones feministas con representación
en la ONU pretenden eliminar... y no precisamente
por ser un día "comercial".
La perspectiva del amor
Puede
sonar extraño para algunos lectores, que habiendo
dedicado el editorial a hablar de la mujer-madre,
no hayamos hecho referencia alguna a la "perspectiva
de género", tan difundida hoy en el mundo.
Ello
se debe a que desde nuestro punto de vista, las relaciones
entre los cónyuges no deben basarse en "equilibrios
de poder", ni en una "lucha de clases"
de "oprimido" contra "opresor"
al interior de la familia, sino en el amor de los
esposos.
El hombre
y la mujer, capaces de amar y ser amados, son iguales
en su dignidad porque comparten la misma naturaleza
humana, porque son personas; pero, aunque en cuanto
personas el marido y la mujer tienen idéntica
dignidad, son esencialmente distintos en cuanto personas
sexuadas.
Esta
diferencia entre iguales, hace que las relaciones
matrimoniales, se basen en la complentación
mutua entre marido y mujer, llamados a ser "una
sola carne". Complementación que cuando
se realiza armónicamente, se verifica en la
entrega, en el respeto y en el amor de los cónyuges.
Así, cuando el amor es sincero, el respeto
total y la entrega absoluta, los esposos se abren
a la fecundidad; pues sólo si están
abiertos a la vida -a la maternidad-, los esposos
son capaces de manifestar plenamente, además
del amor mutuo, el amor que ambos tienen por los hijos
que puedan venir y por sus semejantes.