de
Michel Creuzet
Desde su concepción, el niño es parte
integrante de la comunidad familiar. El título
al cual tiene derecho en primer término es
el de "hijo". Con su apellido los padres
otorgan al niño el signo mismo de su individualidad:
su nombre. El desarrollo físico del pequeño
animal es más rápido que el del niño.
Muy temprano corre y se procura su alimento muy pronto
abandona a sus padres que se desinteresan enseguida
de él.
Como
todos sabemos, no ocurre lo mismo con el género
humano; la madre enseña a sus hijos a caminar,
hablar, alimentarse, vestirse. El despertar de un
espíritu tiene por centro a la familia. Normalmente
es en ella donde elaboran los primeros conocimientos.
Allí se adquiere el sentido de las realidades,
del cual el joven tendrá tanta necesidad en
el momento de su formación intelectual. Allí
se adquiere, normalmente el amor a la verdad. Los
padres dignos del nombre de tales hacen la guerra
a la mentira. No toleran una visión puramente
subjetiva de las cosas, donde los ensueños
transforman la realidad. Así, hay razones para
sorprenderse, cuando los padres proclaman: "mi
hijo mayor es católico, la menor es budista
y el tercero acaba de entrar al partido comunista".
Cada uno ha encontrado su vía en lo que cree
ser la verdad. Este indiferentismo revela una ruptura
entre lo que los padres han enseñado al niño
y lo que aceptan luego de él.. Imaginemos una
familia en la que cada niño siguiera "lo
que él cree justo", donde algunos tuvieran
el sentido del bien y del mal, mientras que otros
juzgarían a la moral "depassée"
(superada, pasada de moda). Es esta inconsistencia
de principio lo que tales padres y madres encuentran
saludable. Por coquetería la familia capitula
frente a sus responsabilidades. Se ven luego las tristes
consecuencias.
Si el
uso pleno de la razón fuera dado al niño
de 10 años. tal vez podría uno contentarse
con mostrarle la jerarquía de las bienes y
dejar a su libre elección el cuidado de decidir
entre ellos. Esto, que es ya presuntuoso en los adultos
¿cómo no lo sería entonces en
ese niño que carece de madurez?
No se
arroja vanamente al viento la planta delicada, débil,
sin raíces. Los padres tienen que conducir
a sus hijos de la mano.
Pero la educación
familiar exige todavía una preocupación
cotidiana. El menor escándalo puede tener repercusiones
lejanas. profundas. ¡Cuántas vidas son
perturbadas a causa del mal ejemplo de padres desunidos
divorciados o que, por cobardía, dejan al niño
no importa qué lectura, ver no importa qué
espectáculo, frecuentar no importa qué
amigos.
Reducir
la educación familiar a vigilar las manifestaciones
creadoras del joven prodigio sin malhumorarlo bajo
pena de "complejos" y "regresiones"
es un engaño y un crimen. Un engaño,
pues padecerá siempre influencias: no se cultiva
una planta sin agua ni calor. Es un crimen pues la
realidad se inscribe contra el mito del niño
naturalmente bueno. No forzar el espíritu,
la voluntad del niño en el sentido del bien,
es abandonarlo a sus instintos e inclinaciones menos
buenas, que dominarán pronto en él.
Es dejar lugar a las influencias malas sobre las buenas.
No se deja a un hijo beber veneno, ni jugar con armas
cargadas. ¿Y se lo dejará entonces desarmado,
sin juicio rector, ni voluntad firme, presa de las
múltiples tentaciones?
La educación familiar no se limita sólo
a producir "tipos bien" dentro de la sociedad
para evitar los disturbios en la calle. "La naturaleza
no contempla sólo la generación del
niño, sino también su desarrollo y su
progreso para llevarlo al estado perfecto de hombre,
en tanto que hombre, es decir, en el estado de virtud.
APTITUDES,
DERECHOS Y DEBERES NATURALES DE LOS PADRES EN LA EDUCACIÓN
DE SUS HIJOS
1. Aptitudes
naturales:
Orientadores,
psicólogos, docentes, médicos, escuelas
especiales aportarán a los padres un concurso
precioso. Pero ellos no reemplazan la educación
familiar.
"¿Qué
educador, escribe Chesterton, habrá seguido,
como los padres, al niño desde la cuna, tendrá
tiempo de hacer un justo discernimiento de las inclinaciones
del espíritu y de las aptitudes particulares
de cada alumno? ¿Tendrá acaso la perspicacia
y el amor de una madre?
"Los
padres son irreemplazables. Buscad el educador oficial
que tenga el gusto, el tiempo libre, la aptitud que
exige esta lenta iniciación del espíritu,
del corazón, de la conciencia, que se opera
en el hogar, aun cuando esta oficina de la vida no
proporciona más que un mínimo de recursos
(...). Esos truismos son verdades y se terminará
por volver sobre ellos pues reemplazando a los padres
por especie de funcionarios, no se ha encontrado más
que un tapón que no llega a tapar el agujero".
"Es
simplemente prescindir de una fuerza natural y pagar
por una artificial, como si un hombre regase una planta
sosteniendo con una mano una manguera y con la otra
un paraguas para resguardarla de la lluvia. Pero eso
no dará ningún resultado, ni siquiera
en teoría. No se puede hacer siempre el lavado
de los otros; es en la familia donde hay que lavar
la ropa sucia, sobre todo cuando se trata de pañales.
Sólo los padres podrán o querrán
dar a sus hijos suficiente solicitud y cuidados. La
expresión "abnegación maternal"
aplicada a una mujer que ve pasar sin tregua los niños
por sus manos, no es más que una amable metáfora".
Pero
se dirá: Si los padres son torpes, ignorantes
de la ciencia pedagógica, enceguecidos por
un afecto mal entendido?. Aun en ese caso tendrán
sobre los pedagogos más sabios y mejor entrenados
una ventaja, la del amor a los propios hijos y el
amor, sin más.
¡Cuántos
excelentes maestros romanos se hubieran cansado del
alumno Agustín, cuántos "orientadores"
profesionales no hubieran sabido dónde dirigirlo,
mientras que la paciencia, las plegarias, las lágrimas...
y el amor maternal de Santa Mónica lo llevaron
a cambiar de vida, haciendo de él un gran Filósofo
y un Padre de la Iglesia!
Hemos
hablado de excelentes maestros, de honestos orientadores;
no hay necesidad de hablar de excelentes madres. ¿Qué
madre normal no hubiera intentado lo que Mónica
alcanzó?
Inversamente,
los padres indignos escandalizan la opinión
Pero se habla poco de antros de educación indignos.
En todo caso, eso sorprende menos, porque el lazo
con el niño es menos estrecho, normalmente,
que en la familia. La educación en el hogar
presenta otras ventajas. Es continua Los padres menos
dotados hacen pedagogía, a menudo sin saberlo,
porque el amor de sus hijos los lleva naturalmente
a comprenderlos, a resolver sus problemas, a ayudarlos
en todo lo que pueden.
La educación
familiar es personal. Se conoce a cada uno de los
niños con sus cualidades, sus defectos. sus
reacciones habituales. ¿Cómo profesores
desbordados podrían educar a sus alumnos, uno
por uno, como en una familia, aun con su capacitación
y con su abnegación?
Tomado
del libro "LA ENSEÑANZA"