Hoy en día, la inestabilidad no sólo
es exclusiva del sistema laboral sino también
de la familia, concretamente del matrimonio. Verse
de un día para otro sin trabajo no es peor
que verse sin familia ya que el desempleo no provoca
menores males que los que provoca el divorcio. Ahí
la razón de porque muchos reinciden.
Sin
embargo, hay una diferencia: las soluciones que
las personas particulares pueden dar a la crisis
económica son limitadas, pero es ilimitado
el esfuerzo de que son capaces quienes -por amor-
se empeñan tenazmente en superar las crisis
matrimoniales. Porque en el matrimonio, siempre
habrá problemas; encontrar las soluciones,
siempre y en última instancia, es responsabilidad
de los cónyuges.
Por
tanto, se hace necesario que cada familia revise
su jerarquía de valores, para no caer en
el error de endiosar el empleo y paralelamente banalizar
el matrimonio, imprescindible para el pleno desarrollo
de todos los miembros de la familia.
Resulta
una hipocresía, según la experta,
"menospreciar el esfuerzo por solucionar los
problemas familiares y valorar al mismo tiempo,
el sacrificio necesario para mantener un trabajo
o un cargo, cuando en muchas ocasiones, ello implica
pasar por alto mil detalles para no enfrentarnos
con el jefe, con los clientes o incluso con los
votantes, en el caso de los políticos".
"Cada
cosa en su lugar", aconseja Barros. "Incluso
divorciarse resulta ser el peor negocio porque luego,
hay que mantener dos o hasta tres familias al mismo
tiempo", puntualizó.
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