Objeciones
técnicas, éticas y antropológicas
a la clonación humana
Autor: Cardenal Alfonso López Trujillo,
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia
Ciertos argumentos, que permiten
profundizar en los motivos racionales de la inmoralidad
de la clonación, muestran la continuidad ética
entre la clonación reproductiva y la terapéutica.
Son argumentos unidos por una profunda complementariedad,
porque desarrollan diversos aspectos éticos
racionales derivados de la dignidad ontológica
del embrión humano, y están entre sí
en íntima relación con el estatuto antropológico
y ético del embrión, que debe ser el
punto de partida inicial en toda esta problemática
26.
a) Insuprimible
probabilidad del carácter humano de los embriones
obtenidos
La obtención de embriones
humanos por clonación, tanto con fines de reproducción
como de terapia e investigación, implicaría
la destrucción de gran parte de ellos. Por
ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario
"desperdiciar" centenares de embriones.
Más aún, el elevado riesgo de transmisión
de enfermedades o malformaciones que implicaría
esta técnica añade nuevas razones para
su prohibición ética. Esto vale especialmente
por lo que atañe a la clonación "terapéutica".
De este modo, resulta obvio que la obtención
de células madre embrionarias conlleva la producción
(y sucesiva destrucción) de un embrión,
que muchos de esos investigadores ya no insisten en
definir como "un cúmulo de células",
concepto elaborado para eludir la cuestión
antropológica, y en consecuencia ética,
del embrión. En efecto, reconocen que estas
técnicas suponen la producción de lo
que denominan "early embryo", es decir,
embrión en fase inicial. Pero, entonces, se
plantea una pregunta: ¿qué sería
ese embrión? ¿Cuál sería
su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta
remite a otra subyacente: ¿cuál es el
estatuto de todo embrión humano?
La afirmación según
la cual al ser humano se le debe respetar y tratar
como persona desde el momento mismo de la concepción
es central para un correcto planteamiento del problema
de la identidad y del estatuto del embrión
humano. "La formulación, en estos términos,
del deber ético fundamental con respecto al
nascituro se ha hecho sumamente necesaria con vistas
a los problemas planteados por el desarrollo biotecnológico"
27.
La expresión "pre-embrión"
se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta
antropológica y ética fundamental sobre
el estatuto del embrión 28. "El problema
es -se dice- que el embrión en su fase inicial
no goza de individualidad e identidad, ya que, al
estar formado por células totipotentes, en
él no son aún identificables uno y varios
individuos humanos. Pero razonemos. El embrión
(nos referimos al así llamado "pre-embrión")
es un ser. Con esta expresión -ser- entendemos
una realidad existente y viva que es susceptible de
desarrollo biológico propio, diferenciado y
autónomo (tiene en sí mismo la fuerza
evolutiva) relativamente al medio adecuado y necesario
para su subsistencia y para "alimentar"
ese desarrollo propio y autónomo. Además,
y sobre todo, se desarrolla por sí mismo, sin
desempeñar ningún "papel"
externo a su propio ser. Una célula no es un
ser individuo porque "funge" como parte
de un conjunto, su desarrollo forma parte del desarrollo
del conjunto en el que está insertada. En cambio,
el embrión no forma parte de ningún
conjunto, no es fundamental para la vida (biológica)
de la madre; si "producimos" embriones en
el laboratorio, estos, como tales, no tienen "utilidad"
-salvo que se los implante en un útero femenino
para proseguir el ciclo biológico que lleva
al nacimiento, o que, con la misma finalidad, se desarrolle
toda la fase de gestación en el laboratorio-;
y eso es verdad hasta el punto de que con el tiempo,
cuando no son implantados, se los "descarta",
"destruye" o, simplemente, se los "mata",
términos que, en este caso, son sinónimos"
29.
En efecto, si la pregunta
sobre el embrión es antropológica y
éticamente exacta, es preciso decir también
que desde el punto de vista ético se plantea
una cuestión previa, muy importante para la
ética: ¿qué cosa no es?
En otras palabras,
¿podemos estar seguros de que el embrión
así engendrado no es humano? Desde el punto
de vista moral, ya la admisión de la probabilidad
(insuprimible en el estado actual de los estudios)
de estar ante un ser humano, como producto de las
técnicas de clonación, tiene un peso
decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante
una sombra y duda si es un animal o un hombre, si
le dispara, se hace culpable de homicidio. Antes de
disparar, tiene el estricto deber moral de asegurarse
de que no es un hombre. Este principio ético
se viola en esas prácticas, en las que la obtención
de células madre embrionarias humanas implicaría
la creación y destrucción de un embrión
en las primeras fases de vida.
b) La dignidad
del embrión humano
El resultado de una fecundación
es un nuevo individuo biológico unicelular
totipotente, al que se le suele llamar cigoto. Hay
que reconocer que el resultado de la clonación
efectuada es totalmente análogo al que deriva
de la fecundación. No hay ningún fundamento
para afirmar que, a pesar de las anomalías
genéticas, la clonación no produce un
cigoto. Por consiguiente, se debe establecer una estricta
analogía entre fecundación y clonación.
Es preciso decir, además, que no hay ningún
motivo racional para negar a los embriones obtenidos
por clonación los mismos derechos que tienen
los obtenidos por fecundación artificial y,
por tanto, a fortiori, todos los demás embriones
engendrados en el proceso natural de fecundación
humana. ¿Cuál sería, por ejemplo,
la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo
en cuenta la totipotencialidad de las células
que los componen, que nadie pone en duda?
El desarrollo del embrión
es la fase inicial del individuo humano. El p. Angelo
Serra analiza las tres propiedades principales que
caracterizan el proceso epigenético humano,
el cual, según C.H. Waddington, se puede definir
como "la continua emergencia de una forma de
fases precedentes", es decir:
1)
La coordinación. "El desarrollo embrional,
desde la fusión de los gametos o "singamia",
hasta la aparición del disco embrional, a los
catorce días y más allá, es un
proceso que manifiesta una secuencia coordinada y
la interacción de una actividad molecular y
celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta
propiedad requiere una rigurosa unidad del sujeto
que se está desarrollando. No es un racimo
de células, sino un individuo real.
2)
La continuidad. La singamia 30inicia un nuevo ciclo
de vida. "Todo indica que hay una diferenciación
ininterrumpida y progresiva de un individuo humano
bien determinado, según un plan único
y rigurosamente definido que comienza desde la fase
de cigoto". Esta propiedad de la continuidad
implica y establece la unicidad o singularidad del
nuevo sujeto humano.
3)
La gradualidad. La forma final debe alcanzarse gradualmente.
Es un desarrollo permanentemente orientado desde la
fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una
intrínseca ley epigenética. Todo embrión
humano mantiene su propia identidad, individualidad,
unidad. El embrión vivo, desde la fusión
de los gametos, no es un mero cúmulo de células
disponibles, sino un individuo humano real en desarrollo.
Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión
es un individuo humano. La introducción abusiva
del término pre-embrión fue una estrategia
para tranquilizar la conciencia y permitir la experimentación
hasta el final de la fase de implantación,
es decir, en la especie humana, alrededor de catorce
días después de la fecundación.
Así, se concluye cómodamente que el
embrión no existiría durante las primeras
dos semanas que siguen a la fertilización(31).
c) El embrión,
incluso en la fase unicelular, tiene dignidad humana
Así pues, el rechazo
a reconocer condición humana al embrión
obtenido mediante clonación (tanto con finalidad
reproductiva como para extraer de él células
madre embrionarias) en los primeros días de
su desarrollo, se sitúa en la discusión
sobre el estatuto antropológico y ético
del embrión humano. A estos embriones se les
niega el carácter de individuo y se dice que
no tienen "vida humana". Es una contradicción.
Si se trata de embriones, y no sólo de "ovocitos
que se han dividido" (y en vías de extinción),
se trata de individuos humanos, dotados de vida humana,
y no de "grupos" de células.
El investigador I. Wilmut (famoso
por haber obtenido la primera oveja clonada, "Dolly",
hoy firme opositor de la clonación humana reproductiva,
pero claramente favorable a la terapéutica)
reconoce que "cuando se crea un embrión,
se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial".
Si el embrión fuera un "cúmulo
de células", como dicen, no sería
"piloto de sí mismo", no tendría
autonomía ni teleología propia y unitaria,
como en cambio muestra tener.
El embrión, desde el
momento de la concepción, en la fecundación,
se presenta como una entidad dotada de autonomía,
que en su desarrollo progresa inmediatamente de una
manera gradual, continua, armónica, y en él
se da la integración y la cooperación
teleológica constante de todas sus células.
Se trata de un organismo que progresa sin interrupción
según el programa trazado en su genoma. Así,
llega a ser sucesivamente, sin intervención
directiva desde fuera, cigoto, mórula, blastocito,
embrión implantado, feto, niño, adolescente
y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación
natural, ¿por qué no sucedería
lo mismo en la clonación?
En este punto encontramos una
contradicción cuando niegan al resultado de
una eventual clonación lo que reconocen al
resultado de la fecundación. Esta distinción
(embrión clonado, embrión fecundado)
remite a la falsa distinción entre el así
llamado "pre-embrión" y el embrión,
distinción errónea, como hemos señalado
antes, que en la práctica se ha convertido
en el mayor obstáculo al reconocimiento de
un estatuto del embrión humano 33. Si el embrión
humano clonado no fuese humano, entonces ¿qué
"cosa" sería? ¿A qué
especie animal pertenecería? ¿Tendría
un genoma humano, pero no sería humano? No
es necesario insistir aquí en las contradicciones
que implican esas negaciones. Un embrión humano,
así reconocido por la razón como individuo
humano, dotado de un organismo propio, tiene una dignidad
propia y por eso merece respeto. No se trata de una
"dignidad" debida a alguna añadidura
externa, sino fundada en su ser, en sí y por
sí mismo.
Si al embrión se le niega
la dignidad humana, con el pretexto de que no tiene
conciencia actual, también se debería
negar la dignidad a la persona que duerme o que está
en estado de coma. Quien niega la dignidad al embrión,
entonces también debería negar su dignidad
al niño 34.
El ser humano, cualquiera que
sea su condición económica, física
o intelectual, no se puede usar como un medio, como
un objeto. La malicia de la ofensa a este principio
fundamental se agrava cuando este ser humano no puede
defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta
tratar a un ser humano como medio y no como fin, entonces
debe aceptar que también él mismo pueda
ser tratado un día de la misma manera. Y no
deberá protestar. Aunque se demostrara claramente
la aplicación terapéutica de las células
madre obtenidas mediante creación-destrucción
de embriones humanos (cosa que no se ha verificado),
la moral, la sensatez y el buen juicio se opondrían:
no se puede hacer el mal por una causa buena. El fin
no justifica los medios. La historia de la humanidad
está llena de enseñanzas a este respecto.
Como decía el filósofo J. Santayana,
"quien no conoce la historia, está condenado
a repetirla".
d) Personalidad
del embrión
Así pues, la valoración
moral de la clonación humana depende esencialmente
de su objeto, de su finalidad objetiva, y no deriva
primariamente de la intención subjetiva con
que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre
sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación
de esas técnicas al hombre impone el deber
de no realizarla. Pero, más allá de
este estricto deber moral de no crearlos, hay muchos
y graves motivos para considerar no sólo que
a los embriones así producidos se les debería
respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también
que son personas humanas primero manipuladas y después
destruidas.
e) Inhumanidad
de la producción y consiguiente destrucción
del embrión en la clonación "terapéutica"
Los defensores de la así
llamada "clonación terapéutica"
insisten siempre en que su intención no es
realizar una clonación reproductiva, sino destruir
el embrión humano así creado en los
primeros días de su desarrollo. Según
sus razonamientos (ampliamente recogidos por la prensa,
por los medios de comunicación y en los discursos
políticos), este modo de actuar sería
"ético", mientras que la clonación
reproductiva no lo sería.
La clonación humana que
podría llevar al nacimiento de un ser humano
se ha de considerar un método inmoral de procreación
artificial 35. En la "clonación terapéutica",
ese proceso se interrumpe intencionalmente: se crea
voluntariamente un embrión humano para destruirlo
después, con el fin de extraer células
madre embrionarias. Desde el punto de vista ético,
este procedimiento es aún peor. Aceptarlo implicaría
aceptar una igualdad radical entre la especie humana
y las demás (P. Singer). Rechazar la posibilidad
de matar una vida humana para curar otras vidas humanas,
no procede de una posición específicamente
religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones
de buen sentido, y de la fuerza de una antropología
coherente y de una bioética personalista.
f) La clonación
humana se opone a la dignidad de la vida y de la procreación
La aplicación de las
técnicas de clonación al hombre, con
la intención de crear embriones, tanto para
implantarlos luego en un útero (reproductiva)
como para extraer células madre y después
destruirlas (terapéutica y de investigación),
no sólo hiere la dignidad de la vida humana
y sus derechos insuprimibles, sino que también
se opone al valor moral de la unión intrínseca
entre vida, sexualidad y procreación. La orientación
de la sexualidad humana hacia la procreación
no es una añadidura "biológica",
sino que corresponde a la naturaleza humana y se manifiesta
en la inclinación natural del hombre a la procreación.
En cambio, estas técnicas separan los aspectos
procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad
humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad
y de la procreación.
Las técnicas de clonación
son, en sí mismas y siempre, "reproductivas".
Las experiencias recientes muestran también
que la clonación humana, a pesar de enormes
dificultades, en principio no es imposible. El interrogante
ético afecta, por tanto, no sólo a la
dignidad de la vida humana y la instrumentalización
y eventual destrucción del embrión,
sino también a la del modo específico
de procreación humana, que es precisamente
sexual y que tiene su valor moral, que esas técnicas
no respetan.
g) La clonación
de embriones humanos se opone a la dignidad de la
familia
Existe también un importante
factor ético que conviene considerar, y que
a menudo se pasa por alto. El ser humano es un ser
social. La dinámica sexual y procreadora en
el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en
el que la sexualidad y la procreación se insertan
armónicamente en la realidad del amor conyugal
que da pleno sentido a la sexualidad humana abierta
a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran en
el matrimonio en la apertura a la vida y continúan
en la tarea de la educación, mediante la cual
los padres ejercen de modo integral el cuidado de
sus hijos.
La clonación humana rompe
toda esta dinámica. En la clonación,
la vida se presenta como un elemento completamente
externo a la familia. El embrión "aparece",
por decirlo así, al margen no sólo de
la sexualidad, sino también de una genealogía.
Todo ser humano tiene derecho a nacer del amor integral
-físico y espiritual- de un padre y una madre,
a recibir sus cuidados, a ser acogido como un don
por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte
surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular
y someter a experimentos la vida del ser humano concebido,
para luego destruirla, una vez obtenidas del embrión
las células o los conocimientos biológicos
que se buscan, entonces es el mismo concepto de filiación
y de paternidad-maternidad lo que se pone en tela
de juicio, y es la misma idea de familia la que queda
destruida.
Conclusión
Los recientes avances de las
ciencias muestran que la clonación humana,
a pesar de las notables dificultades técnicas
y las profundas objeciones éticas y antropológicas,
es algo más que una hipótesis y se está
convirtiendo en una posibilidad. Los diversos intentos
de impedir, mediante la ley y los acuerdos internacionales,
que esta posibilidad se transforme en realidad, y
de obtener un reconocimiento de su condición
de crimen contra la persona humana, no se fundan en
un miedo impreciso al progreso y a la técnica,
sino en importantes y sensatas motivaciones éticas
y en una concepción antropológica bien
determinada de la persona humana, de la sexualidad
y de la familia. Corresponde a las autoridades públicas,
a los Parlamentos y a los organismos internacionales
tomar una postura coherente. Se trata verdaderamente
de un problema clave para el futuro de la humanidad
y para la salvaguardia de la dignidad de la investigación
científica y de los esfuerzos en favor de la
vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos,
que justifica la toma de medidas oportunas por parte
de la comunidad de los pueblos que constituyen la
gran familia humana.
(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica
cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268;
L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni,
Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status
giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia,
vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia,
Manuale di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán
1998, pp. 361-422; C. Caffarra, Il problema morale
dell´aborto, en AAVV (a cargo de A. FioriE.
Sgreccia) L´aborto, Vita e pensiero, Milán
1975, pp. 313-320.
(27) I. Carrasco de Paula, Il
rispetto dovuto all´embrione umano: prospettiva
storico-dottrinale, en Academia pontificia para la
vida, Identità e statuto dell´embrione
umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano
1988, p. 31.
(28) La expresión "pre-embrión"
es engañosa y ha sido manipulada en favor del
aborto. Cf. A. Serra, El estado biológico del
embrión humano. ¿Cuándo comienza
el ser humano?, en Academia pontificia para la vida
(a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar
a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996,
pp. 573-597.
(29) R.C. Barra, Status giuridico
dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita
e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003.
(30) Por singamia se entiende
la parte de la fecundación que consiste en
el proceso iniciado por la penetración del
espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión
del contenido cromosómico de los dos pronúcleos
formados (amfimixis).
(31) Cf. Angelo Serra, L´uomo-embrione.
Il grande misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003,
pp. 41-52. Pueden verse también las voces "Dignidad
del embrión humano" y "Selección
y reducción embrional" en Lexicon. Termini
ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni etiche,
a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB,
Bolonia 2003.
(32) Las expresiones técnicas
cigoto, mórula y blastocito corresponden a
nombres del embrión según el momento
de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos
y fisiológicos.
(33) La engañosa idea
de "pre-embrión" se originó,
como es bien conocido, en el Comité Warnock,
y hoy ha sido aceptada generalmente y está
muy arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari
dignità all´embrione umano en Consejo
pontificio para la familia, I figli: famiglia e società
nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale
teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13
ottobre 2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano
2001, pp. 313-320; R. Colombo, La famiglia e gli studi
sul genoma umano; o.c., pp. 321-325; A. Serra, R.
Colombo, Identità e statuto dell´embrione
umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia
para la vida, Identità e statuto dell´embrione
umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano
1988, p. 157; D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana,
Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone,
Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán
2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione
umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche,
EDB, Bolonia 2003; Ph. Caspar, La problematique de
l´animation de l´embryon. Survoi historique
et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique,
n. 123/1991.
(34) Racionalidad, conciencia
y autonomía constituirían la persona,
según autores como H.T. Engelhardt o P. Singer.
H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics, Nueva
York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica,
Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge
University Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani,
Il concetto di persona tra bioetica e diritto, Turín,
Giappichelli, 1996.
(35) Congregación para
la doctrina de la fe, instrucción Donum vitae,
I, 6.