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Catedral de Lima


La Iglesia Mayor, que en un comienzo fue puesta, por Francisco Pizarro, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, se comenzó a construir en 1535, aunque en forma provisional.

El 16 de noviembre de 1547, conjuntamente con México y Santo Domingo, Lima fue elevada a Arquidiócesis. Le eran supeditadas las diócesis de Cuzco, Quito, Castilla del Oro (Panamá), León de Nicaragua y Popayán; Santiago de Chile y Charcas. Por un tiempo, probablemente fue Lima, la circunscripción eclesiástica más extensa del mundo.

En 1572 se le otorgó la categoría de sede primada, título que le fue confirmado por Gregorio XVI, en 1834, y por Pío XII, el 23 de mayo de 1943. Las necesidades pastorales motivaron la división sucesiva de extensos territorios, dando así origen a numerosas diócesis.

Luego del terremoto del 28 de octubre de 1746, la Catedral, quedó destruida. El Virrey José Antonio Manso de Velasco mandó al reconstrucción en 1578. Destaca en su interior la silleria del coro, la capilla churriguresca de la Inmaculada y las tallas de Martínez Montañes. El Cristo de marfil fue regalo de Carlos V. Entrando a la derecha está la capilla con los restos del conquistador Francisco Pizarro. En la sacristía existe un museo de arte religioso.

El silencio hace que en las tres naves de la vieja catedral se escuchen voces, sermones añejos de obispos de épocas coloniales. La presencia de unos turistas españoles pone el toque anacrónico en el antiguo templo. Lima es así, una mezcla de pasado y presente, de lo antiguo con lo moderno, de lo divino con lo profano.

De la pequeña iglesia, que se abrió a la feligresía en 1540, no queda nada; lo que sí permanece bien conservado es el gran templo que se construyó en 1597.

Dos terremotos deterioraron la catedral limeña, especialmente el del 28 de octubre de 1746, pero la caída de las cúpulas no dañó las capillas que están en los dos costados de la nave principal.

Allí se conservan, con muchísimo cuidado, imágenes de santos traídas desde España o esculpidas por artistas de la escuela limeña.

Entre los retablos de caoba negro, que dominan casi todas las capillas y las repujadas sillas del coro del altar mayor, destaca la luz del pan de oro del pequeño santuario de Nuestra Señora de la Evangelización. Allí está la imagen de la Virgen que fue donada por el rey español Carlos V, poco después de la fundación de la ciudad. Es la única estancia barroca en una iglesia donde domina el estilo neoclásico. El Papa Juan Pablo II consagró al Perú a la advocación de Nuestra Señora de la Evangelización en 1988.

En sus catacumbas, ubicadas debajo del altar mayor, están enterrados los obispos que regentaron esta diócesis desde el siglo XVII, incluso hay un lugar para el conquistador Francisco Pizarro, quien fundó la ciudad e inició la construcción del primer templo.

Actualmente son sufragáneas de la sede de Lima las diócesis de Callao, Carabayllo, Lurín, Chosica, Huacho, Ica y la prelatura de Cañete-Yauyos. El patrono de la Arquidiócesis es Santo Toribio de Mogrovejo; y de la sede episcopal, Santa Rosa de Lima. Entre los templos vinculados a la devoción popular y a los santos peruanos se hallan el santuario del Señor de los Milagros (o de las Nazarenas), la basílica del Rosario (Santo Domingo) y el santuario de Santa Rosa.


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Foto de la Catedral de Lima

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