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Efectos psicológicos de Realizar un Aborto
Traducido de Touchstone Magazine:
http://www.touchstonemag.com/docs/issues/16.7docs/16-7pg22.html
Por Rachel MacNair
“Sueño con fetos, como
todos los que estamos aquí: sueños de abortos, uno
tras otro, de baldes de sangre salpicados por las paredes; árboles
colmados de fetos gateando”. Así habló Sallie
Tisdale sobre el tiempo en que trabajó como enfermera en
una clínica de abortos. En un artículo para la revista
Harper, ella escribió acerca de un sueño en el que
dos hombres la sujetaron y la arrastraron a la fuerza.
“Hagamos un aborto”,
dijeron con una nauseabunda mirada lasciva. Yo empecé a gritar,
estaba sumergida en una visión de succiones, de dolores chirriantes,
de ser extendida y desmembrada por una serie de instrumentos que
cumplen la función para la que fueron hechos. Desperté
casi sin poder respirar e imaginé mesas de cocina y percheros,
agujas de tejer manchadas de sangre y a mujeres que en soledad apretaban
almohadas en sus bocas para evitar que sus gritos perforen las paredes
de sus departamentos.
No es un trabajo ni fácil
ni agradable. “Hay momentos de cansancio, sombríos
momentos en los que creo no poder aguantar un recipiente más
lleno de restos sangrientos, en que no creo poder pronunciar alguna
otra clase de frase de consuelo”, escribió. “...me
preparo para el siguiente recipiente, para otra breve y áspera
pérdida.’¿Cómo aguantas?’ Hasta
los pacientes preguntan...observo desinflarse el abdomen hinchado
de una mujer en tan sólo unos momentos y mi propio estómago
se estremece de dolor, de pesar”.
¿Cuál es el impacto
emocional en las personas que realizan abortos? Quienes los hacen
han escrito y dicho lo suficiente como para mostrar que no se trata
de un procedimiento médico cualquiera. Algunos, como Tisdale,
tienen pesadillas. Otros sufren muchos de los síntomas asociados
con el Desorden de Estrés Post-traumático (PTSD),
alguna vez llamado “neurosis de guerra” y “fatiga
de batalla”. La práctica de la medicina, de curar,
no debería dar pesadillas, no debería causar una neurosis
de guerra.
A continuación, se citarán
solamente a doctores pro-opción, enfermeras y publicaciones
médicas oficiales, salvo por los dos médicos citados
al final. Sus creencias de que lidiar constantemente con el aborto
es una inusual y significativa fuente de estrés, más
que la medicina ordinaria, de ninguna manera proviene de la oposición
al aborto.
Sus Traumas
Es notable la poca atención
y estudio prestado a los médicos, enfermeras, consejeros
y demás trabajadores de las clínicas abortivas. Sólo
se han realizado dos estudios que observan una gran cantidad de
personas, y fueron hechos por investigadores que no trabajaban en
el campo del aborto. El primero (de M. Such-Baer), apareció
en Social Casework en 1974 y el otro (de K. M. Roe) apareció
en Social Science and Medicine en 1989.
Ambos estudios fueron realizados
por personas a favor del aborto legal, no obstante lo cual, ambos
notan la alta frecuencia de los síntomas que se enmarcan
en la condición conocida hoy como Desorden de Estrés
Post-Traumático (PTSD). El estudio publicado en 1974, antes
de que se adoptara el término, describe que “eran frecuentes
los pensamientos obsesivos sobre el aborto, depresiones, fatiga,
ira, baja autoestima y problemas de identidad. El complejo sintomático
fue considerado un ‘desorden reactivo transitorio’,
similar a la ‘fatiga de batalla’”.
El otro estudio mostró síntomas
similares: “Los periodos ambivalentes se caracterizaban por
una variedad de sentimientos otrora poco comunes y un comportamiento
que incluía aislamiento de los colegas, resistencia a ir
al trabajo, falta de energía, impaciencia con los clientes
y un sentimiento de desasosiego general. Pesadillas, imágenes
que no se iban y preocupación era elementos comunes. También
era común la profunda y solitaria intimidad en la que los
médicos se enfrascaban para afrontar esta ambivalencia.
Todavía no puede afirmarse
que los médicos abortistas sufren de PTSD porque realizan
abortos. Es difícil de probar: Puede ser difícil determinar
quien y quien no está realizando abortos; aquellos que han
sufrido más ya pueden haber dejado la práctica; puede
ser que las personas que han sufrido eventos traumáticos
en el pasado están más inclinados a participar de
los abortos; finalmente, el debate político actual puede
afectar la manera en como percibe la gente su trabajo.
Sin embargo, la evidencia recogida
hasta el momento muestra que se necesitan más estudios.
American Medical News, una revista
publicada por la Asociación Médica Americana, señaló
que las discusiones en el taller de la Federación Nacional
del Aborto “iluminan un aspecto poco conocido del debate sobre
el aborto: los sentimientos de conflicto que afectan a muchos proveedores...La
idea de que las enfermeras, doctores, consejeros y los demás
trabajadores en este campo sienten escrúpulos de que el trabajo
que realizan es un secreto muy bien guardado”.
Entre las historias
Una enfermera que había trabajado
en una clínica abortista durante menos de un año dijo
que sus peores momentos no aparecían en la sala de operaciones
sino después. Muchas veces, dijo, las mujeres que acaban
de someterse a un aborto se echaban en la sala de recuperación
y lloraban, “He matado a mi hijo. Acabo de matar a mi hijo”.
“No sé qué decirle a estas mujeres”, dijo
la enfermera al grupo. “Una parte de mí piensa, ‘Tal
vez tienen razón’”.
Un doctor en Nuevo México
admitió que
A veces se sorprendía por
la ira que un aborto tardío podía provocarle. Por
un lado, dijo el médico, está molesto con la mujer.
“Pero paradójicamente”, añadió,
“Tengo sentimientos de molestia hacia mí por sentirme
bien al apretar el tope de la cabeza del bebé, por sentirme
bien por haber realizado un procedimiento técnicamente bueno
que destruye al feto, que mata un bebé”.
Casi todo negativo
El estudio Such-Baer, hecho en 1974,
un año después de la legalización del aborto
en todo el país gracias a Roe vs Wade, reportó que
“casi todos los profesionales involucrados en trabajos abortivos
reaccionaban con sentimientos negativos”. Quienes tienen contacto
con los residuos fetales tienen mayores sentimientos negativos que
aquellos que no entablan contacto, y su reacción no varía
mucho: “Todas las reacciones emocionales fueron unánimemente,
extremadamente negativas”.
El más grande estudio publicado
incluía entrevistas a 130 “trabajadores del aborto”
en San Francisco entre enero de 1984 y marzo de 1985. Los autores
no esperaban encontrar lo que encontraron. “Particularmente
sorprendente fue el hecho que el malestar con los clientes del aborto
o con los procedimientos tenía lugar en los médicos
que apoyaban fervientemente el derecho al aborto y que expresaban
un gran compromiso con su trabajo”, anotaron. “Este
hallazgo preliminar sugirió que incluso aquellos que apoyan
el derecho de una mujer a eliminar un embarazo, pueden estar luchando
con una fuerte tensión entre sus creencias formales y la
experiencia situada en sus trabajo con el aborto”.
Como reacción, los investigadores
decidieron “entrevistar solo a médicos que se consideraban
pro-opción y que estaban comprometidos a continuar con su
labor por lo menos durante seis meses”. Creyeron que estas
personas, “en tanto libres de sentimientos preexistentes de
anti-opción y resistentes a su potencial influencia, proveerían
datos valiosos sobre los dilemas y dinámicas del trabajo
en el aborto legal”. Esto redujo la muestra a 105 trabajadores.
Setenta y siete por ciento de ellos
habló del tema del aborto como un acto destructivo, de la
destrucción de algo vivo. Sobre el asesinato: “No se
esperaba que salga este tema entre médicos pro-opción,
sin embargo, el dieciocho por ciento habló de él cuando
habló de su participación en el aborto en algún
punto de la entrevista. Este tema tendía a surgir lentamente
en las entrevistas y era siempre presentado con una evidente incomodidad”.
Incluso Tisdale, que aún creía
en el aborto, admitió la ambigüedad de realizarlos.
El aborto, dijo, “es el límite más estrecho
entre la amabilidad y la crueldad. Hecho de la mejor manera posible,
sigue habiendo violencia –violencia misericordiosa, como darle
muerte a un animal sufriente...es una dulce brutalidad la que aquí
practicamos, una dura y amorosa frialdad”.
El estrés parece crecer en
la medida en que el no-nacido se desarrolla. “Mientras el
embarazo avanza, la idea del aborto se vuelve más y más
repugnante para muchas personas, incluso para el personal médico”,
dijo un doctor abortista llamado Don Sloan en un libro que apoyaba
vigorosamente la necesidad de la legalización del aborto.
Como respuesta, “Los médicos intentan divorciarse del
método”. Luego de describir el procedimiento de gráficamente,
incluyendo la necesidad de revisar las partes del cuerpo para asegurarse
de que todo el feto haya sido removido del útero, concluyó
diciendo: “¿Quieres abortar? Paga el precio. Hay un
viejo dicho en medicina: Si quieres trabajar en la cocina, tendrás
que romper algún huevo. El horno se calienta. Prepárate
para quemarte”.
Los abortos en una etapa avanzada
del embarazo ofrecen “un inusual dilema”, dijo Warren
Hern, especialista en abortos, en un trabajo para la Asociación
de Médicos de Planned Parenthood. Los doctores y enfermeras
que los realizan tienen “fuertes reservas personales acerca
de participar en una operación que ellos ven como destructiva
y violenta”. Explicó sus reacciones de la siguiente
manera:
Parte de nuestra herencia cultural
y tal vez biológica retrocede ante una operación destructiva
de una manera muy similar a la nuestra, incluso cuando sabemos que
el acto tiene un efecto positivo en una persona viva. Nadie que
no haya realizado este procedimiento puede saber cómo es
o lo que significa; pero habiéndolo hecho, quedamos perplejos
ante las posibilidades de interpretación. Hemos alcanzado
un punto en esta tecnología en particular, en el que no hay
posibilidad de negar el acto de destrucción del operante.
Está frente a nuestros ojos. Las sensaciones de desmembramiento
fluyen a través de los fórceps como una corriente
eléctrica...Mientras más parece que solucionamos el
problema, más espinoso se vuelve.
Pesadillas
Pero son los sueños de los
médicos los más nos pueden decir al respecto. Los
malos sueños son tan comunes que su mención, aunque
sea pequeña, puede esperarse en casi todas las presentaciones
sobre el tema de las reacciones emocionales de los trabajadores
que realizan abortos en un clínica abortiva. Muchos de ellos
dejaron de realizar abortos porque se convencieron de estaba mal,
gracias a sus sueños sobre abortos.
Los reportes varían respecto
del número de trabajadores que sufrían de pesadillas
relacionadas con el aborto: Un estudio del Dr. Hern señala
que solo dos de 23 trabajadores reportaron pesadillas sobre el aborto,
mientras que una noticia sobre abortos en embarazos avanzados aparecida
en ObGyn News dijo que un cuarto de los trabajadores soñaban
con abortos. Tisdale dijo que en su centro médico todos tenían
esos sueños, pero eso probablemente haya sido una licencia
poética.
¿Cómo son estos sueños?
Tisdale habló de sueños de “sangre salpicada
en las paredes” y “árboles repletos de fetos
gateando”, así como de su propia violación.
Otro escritor habló sobre una enfermera que soñó
que “estaba metiendo un bebé por la boca de un jarrón
[de antigüedades]. El bebé la miraba con una expresión
suplicante. Había un aro blanco alrededor del jarrón.
Ella interpretó esto como la representación de las
demás enfermeras observando su acto y condenándolo”.
Él llegó a la conclusión
de que su sueño (el de ella) “muestra que inconscientemente
el acto de abortar se experimentó como un acto de asesinato.
Debe notarse que esta enfermera estaba absolutamente involucrada
e intelectualmente comprometida con la nueva ley del aborto. Tuvo
una reacción típica. Sin importar la religión
u orientación filosófica de cada quien, la visión
inconsciente del aborto permanece igual. Esto es lo más significativo
de todo lo que se aprendió en estas sesiones”. (Esta
historia apareció en un editorial de Obstetricia y Ginecología,
que argumentaba que los trabajadores de centros abortistas deben
ser alentados a hablar sobre sus problemas como una manera de que
sigan realizando su trabajo).
American Medical News reportó
lo siguiente del taller de la Federación Nacional del Aborto:
“Ellos [quienes realizan o ayudan a realizar abortos] se preguntan
si es que el feto siente dolor. Hablan sobre el alma y a donde va.
Y acerca de sus sueños, en los que los fetos abortados los
miran con ojos de ancianos (ancient eyes) y con sus manos y pies
perfectamente desarrollados preguntándoles, ‘¿Por
qué? ¿Por qué me hiciste esto?’”.
Un informe presentado a la Asociación
de Médicos de Planned Parenthood describió los sueños
de dos personas que soñaron que “vomitaban fetos, junto
con un sentimiento de horror”. Los escritores concluyeron,
“En general, parece que mientras mayor es el contacto físico
y visual (de los doctores y enfermeras), se experimenta mayor estrés.
Esto es evidente tanto en el estrés consciente cuanto en
las manifestaciones inconscientes como los sueños. Por lo
menos, los dos individuos que reportaron varios sueños significativos
desempeñaban estos roles”.
Explicaciones Alternativas
¿Cómo podemos dar cuenta
de los problemas de los médicos, especialmente de su sueños?
Puede ser que sea así como la mente humana responde a una
matanza, como se ha sugerido en otros grupos de personas que matan.
Quienes creen que el aborto es un asesinato, y que matar a otro
ser humano es algo que pocas personas pueden hacer de manera natural,
encontrará plausible esta explicación.
Pero científicos sociales
ofrecen otras dos explicaciones. Una de ellas dice que las personas
sufren de agotamiento, como tantos en las profesiones de ayuda.
Es por ello un problema más fácil de resolver, ya
que requiere solo de vacaciones y rotación de responsabilidades.
Considerando el alto volumen y la alta velocidad de los más
de los abortos, puede ser que sí estén agotados, lo
cual no quita que sufran de conciencia o también PTSD. Más
aún, el agotamiento no explica sus sueños.
La otra explicación es que
las personas responden negativamente por un primitivo o infantil
mal entendimiento de los hechos. El editorial en Obstetricia y Ginecología
antes citado dijo que “el niño mezcla inevitablemente
la realidad con la fantasía. Incapaz de conceptuar todo el
proceso en términos sofisticados, el niño piensa en
términos concretos. Visualizó un ‘huevo’
en ‘el estómago’ y cree que un bebé formado
se desarrolla desde el principio, creciendo por nueve meses hasta
llegar a ser un infante de tamaño completo”.
Este autor cree que esta es la manera
de explicar los sueños. No obstante los adultos entienden
la reproducción, “las fantasías primitivas permanecen
en el inconsciente...Por tanto, incluso quienes están intelectualmente
comprometidos con el aborto tienen que luchar contra la visión
de un feto como un bebé real que tiene su propio inconsciente.
El trauma emocional observado en estas enfermeras fue el resultado
de un conflicto entre su compromiso intelectual, por un lado, y
sus posturas inconscientes por el otro. En su interior, tienen la
experiencia de haber participado en un asesinato”.
Si el ver al feto como un bebé
es un mero producto de la imaginación, un símbolo
o una sobresimplificación, la solución es simple.
La mejor manera de enfrentar una fantasía es mostrando la
realidad. La tecnología moderna nos ha provisto de fotografías
de embriones y fetos en cada etapa de su desarrollo, y los sonogramas
muestran sus movimientos en tiempo real. Pero esta técnica
no parece ser útil a la hora de reducir los síntomas
de los que sufren los que trabajan con abortos, como otro editorial
titulado “Advertencias de Impactos Psicológicos Negativos
de la Sonografía en el Aborto”, mostraba en 1986.
Una Advertencia
Los defensores del aborto creen que
es un tipo de medicina. Quienes se oponen creen que es asesinato.
Si el aborto se trata de quitar una vida humana, algunos o muchos
de los que los realizan sufrirían ciertas consecuencias psicológicas
asociadas con el trauma causado por dañar a otros. Si no
encontramos tales consecuencias, el caso de que el aborto no es
violencia de ningún tipo se ve fortalecido. Si es que hay
consecuencias, se fortalece el caso de que hay violencia. La evidencia
anecdótica y tales estudios sugieren, como nosotros lo hemos
hecho, que algunos de los que realizan abortos sufren daños
psicológicos; que realizar abortos tiene esas consecuencias.
Tal vez los sueños sean una
advertencia. De serlo, esas pesadillas pueden ser una bendición.
Bernard Nathanson, hablando del tiempo en que era un pionero en
preparar centros abortistas, recuerda haber sido abordado por la
esposa de un médico en un cocktail. “Me llevó
a un lado y me habló muy agitada acerca de las cada vez más
frecuentes pesadillas de su esposo. Él le había confesado
a su esposa que sus sueños estaban plagados de niños
y sangre, y que luego se había obsesionado con la idea de
que alguna justicia terrible se impondría sobre sus hijos
como pago por lo que estaba haciendo”. Estos sueños
y sentimientos pueden haber sido una advertencia de su conciencia
para que no siga.
El ex doctor abortista McArthur Hill
ha hablado acerca de cómo él intentaba salvar bebés
prematuros y cómo luego encontró que los bebés
que había abortado eran más grandes que los prematuros
que había salvado.
Fue ahí cuando empecé
a tener pesadillas...En mis pesadillas, yo recibía a un saludable
recién nacido. Luego tomaba a ese saludable recién
nacido y lo cargaba. Estaba frente a un jurado de gente sin rostro
y les preguntaba qué hacer con ese bebé. Ellos tenían
que mostrar el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo, y si mostraban
el pulgar hacia abajo, yo tenía que soltar el bebé
dentro de una balde lleno de agua que estaba en el suelo. Nunca
llegué a soltar al bebé porque siempre me despertaba
en ese momento.
El doctor Hill, eventualmente, despertó
a la realidad de lo que estaba haciendo. Otros también lo
han hecho. Si es verdad que las pesadillas de los médicos
abortistas y otros síntomas resultan de su trabajo, como
lo sugieren las evidencias, habrán muchos otros médicos
abortistas que serán llevados por sus sueños a escuchar
la voz de sus conciencias y dejarán de ayudar en la matanza
de los no nacidos.
Rachel M. MacNair,
Ph.D., es directora del Institute for Integrated Social Analysisen
Kansas City, brazo investigativo de la organización Consistent
Life (http://www.consistent-life.org), y es autora de Perpetration-Induced
Traumatic Stress: The Psychological Consequences of Killing (Praeger,
2002), una obra que examina grupos involucrados en matar, incluyedo
veteranos de guerra y verdugos.
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