El Ché, cuarenta años después
Fue no solamente la imagen más usada en afiches y camisetas después de Jesús de Nazareth. También fue el gran icono pop de la rebeldía y, con seguridad, la imagen más políticamente correcta del marxismo en todo el siglo veinte y, quizá ¿por su calidad mediática- la reliquia mejor conservada y más entrañable de la izquierda en el tercer milenio. Sin embargo, cuarenta años después de su fusilamiento, la imagen de El Ché es cuestionada desde posiciones postmodernas que le critican su recurso de la violencia y su identificación con regímenes totalitarios. Un amigo escribió: Entiendo que la figura del Che es rescatable (¿) por la renuncia personal. Me pregunto si podríamos decir lo mismo de muchos senderistas. Muchos de ellos también renunciaron a mucho para llevar a cabo sus ideales revolucionarios (¿) la historia de muchos militantes jóvenes de la izquierda que dejaron sus cómodas vidas en las ciudades y se unieron a Sendero por que creían en la revolución. Pregunto: ¿eso los hace iconos a seguir? (¿) No creo que tenga mucho sentido evaluar la significancia histórica de una persona solo en función a lo que renuncia dejando de lado -en este caso- las violaciones de derechos humanos que cometió¿.
La polémica está servida.