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Nuestro Patrimonio

Lunes, 18 de Agosto de 2008

La casa de doña Clorinda

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La casa donde vivió la distinguida escritora Clorinda Matto de Turner estaba muda cuando volví a verla después de su restauración. Ni risas de chiquillos, ni cantos de pájaros, ni un ladrido. Cuando fui por primera vez era una casa de vecindad donde tenía su fotografía un buen señor que nos tomó, a mí y mis amigas, las fotos carnet que pedían en el colegio. Cuando regresé había cambiado enormemente. Le habían devuelto el canto rodado al patio y estaba blanca, acabada de pintar.

 - Foto: Alfonsina Barrionuevo

 - Foto: Alfonsina Barrionuevo

 - Foto: Alfonsina Barrionuevo

Sus biógrafos dicen que “Clorinda Matto nació en la hacienda Paullu, provincia de Calca, el 11 de noviembre de 1854 y falleció en 1909. Hija de Grimanesa Usandivares y Ramón Matto. Estudió en el colegio de Educandas, en Cusco.

Habían pasado muchos años del terremoto de 1950 y sin duda sus antiguos años debieron tener alguna campanilla, pues, se descubrieron adornos en el segundo piso que llamaban la atención. Cenefas en blanco y negro en la parte alta, que no hay en otra parte. Un escudo y el techo las rosetas de color con algunas trazas de oro. Más tarde, hasta mi última caminata por allí, la vi cerrada. Hasta hoy no he podido obtener mayores datos por falta de tiempo y estoy guardando mi curiosidad para algún viaje a mi ciudad.

Doña Clorinda vivió en el lugar en el siglo XIX. La casa es más antigua y váyase a saber dónde están los documentos. Es innegable que algún acucioso restaurador haya tenido referencias que deben encontrarse en el Instituto Regional de Cultura. Una casa tan bonita, de columnas y pintada no podía haber pasado desapercibida en sus propios tiempos. Yo pude tomar unas fotos que son un recuerdo que une dos momentos, la casa en sí, que permanece inédita para mí, y la presencia de la escritora.

Quizá allí comenzó a escribir cuando volvió al Cusco casada con el ciudadano británico Turner , En sus habitaciones debieron estar el pupitre donde solía escribir y que guardaba una sobrina suya con mucho aprecio en Lima. Alguna pieza debió estar destinada al comedor donde se lucía también la vajilla llevada del Viejo Continente en lomo de mula. Igualmente uno de los trajes con cintura de avispa y cuello al estilo de la época bordado con mostacillas.

Sus biógrafos dicen que “Clorinda Matto nació en la hacienda Paullu, provincia de Calca, el 11 de noviembre de 1854 y falleció en 1909. Hija de Grimanesa Usandivares y Ramón Matto. Estudió en el colegio de Educandas, en Cusco. Allí se casó en 1872. Desde los primeros años de la adolescencia colaboró en distintos periódicos de la región con artículos costumbristas a la manera de Tradiciones . En 1884-86 publicó dos volúmenes con los títulos de Tradiciones Cusqueñas y Leyendas, Biografías y hojas Sueltas. Es autora, también, de obras de teatro, cuestiones gramaticales ideográficas qechwas.”

Apenas llegada a Lima fue acogida en los Círculos Literarios de la época donde tuvo una labor relevante y destacada. En 1889 es la directora de El Perú Ilustrado, la más alta tribuna literaria del país. Ese mismo año publica Aves sin Nido, novela con la que se gana el destierro, la excomunión y también la recompensa de un renombre y reconocimiento de las generaciones posteriores. “Comprender esta obra en su sentido más íntimo, comentan en el siglo XX, requiere de una necesaria ubicación en su contexto histórico-social. Los días en que aparece la novela eran oscuros para el destino del indio explotado y envilecido secularmente por lo que Gonzáles Prada había llamado la trinidad embrutecedora del juez de paz, el gobernador y el cura, a pesar de la república y los ideales de educación popular, la suerte del indio había sido echada desde los albores de la Conquista.”

Se dice mucho de la reacción de los hacendados que eran personajes en Cusco y Lima donde estuvo la escritora. Leyenda o no se asegura que su imagen, como en tiempos del virreinato fue quemada junto con sus publicaciones en el atrio de la Catedral de Cusco y prohibida de regresar. En Lima recibió, se dice, muchas censuras del mismo modo. Su valentía amargó sin duda muchos días a la gallarda y audaz Clorinda. Sin embargo la presión fue grande.

Otro acto del que no se ha podido probar su veracidad e igualmente se acerca más a la leyenda es un viaje que habría hecho a Roma para pedir perdón al Santo Padre. Sin embargo no bajó la guardia. Habría ido vestida con un hermoso traje andino, llevando a la espalda en una lliklla una serie de frutos peruanos que colocó a los pies del Sumo Pontífice. Este habría hecho que se levantara dándole su bendición con lo que borró la excomunión.

En Paullu tuve la ocasión de visitar la casa hacienda donde nació. Me emocionó admirar como ella, en su adolescencia, el precioso paisaje, los cerros circundantes, los campos verdes de maíz, el chorro de agua que movía un molino todavía en funcionamiento.

Pienso que hablaba qechwa y así pudo comunicarse con los hijos de las mit’anis, mujeres de las comunidades que bajaban por turno a la casa del hacendado para trabajar en la cocina y en los quehaceres cotidianos. Desde allí habría visto cómo se encendían los pavitos de los pisonai, árboles de gruesos troncos, donde brillaban como tizones en los setiembres. Quién sabe ella y sus hermanos o primos recogían las flores para jugar, como lo han hecho innumerables generaciones.

Los tiempos han cambiado al punto de que la forma de pensar sobre la moralidad, la discriminación, el abuso, se han ido a otro extremo. De cualquier modo siento que si bien muchas cosas que eran tabú ya no lo son, se han perdido otros valores. El amor y el respeto por los demás que fueron el argumento de la lucha que sostuvo Clorinda Matto de Turner en el siglo donde pasó varios años en la casa cuyos espacios mostramos.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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