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Nuestro Patrimonio

Miércoles, 16 de Julio de 2008

Una Lima por descubrir

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En cuatro siglos y medio Lima mantiene su poder sobre el resto del Perú. Las regiones, un sueño del siglo XX, siguen siendo un sueño. Sobre el tablero de ajedrez el jaque mate de la reina está siempre presente. Hace cincuenta años se convirtió en la tierra prometida de las provincias. Hoy, con una población de nueve millones más o menos es una metrópoli caótica, apenas puerta de entrada a un país de maravillas. Muy adentro, en el Perú profundo se advierte un despertar y no será extraño que desde el interior levante el vuelo.

Foto: Alfonsina Barrionuevo - Una Lima por descubrir Foto: Alfonsina Barrionuevo

Foto: Alfonsina Barrionuevo - Una Lima por descubrir Foto: Alfonsina Barrionuevo

Las aguas termales de Churín, Chiuchín y Huancachín son la atracción de personas que buscan sus cualidades terapéuticas cada fin de semana así como otros atractivos al paso.

En 1535 Lima fue la niña mimada de su fundador y los gobernantes que le siguieron. En la capital de la Nueva Castilla engordaba la preciosa bolsa de riqueza que recibía el rey de las Españas y se olvidaba después del resto. Su camino principal se abría directamente del Callao. El océano era su cordón umbilical.

En la República, Lima siguió viviendo de espaldas al Perú y también a ella misma. Lima olvidó siempre que es la cabeza de un departamento y ahora una región. ¡Y qué región comenzando por Caral que dio la vuelta al mundo como noticia de primera plana.! Si conociera cuanto más puede ofrecer al mundo le entraría locura por lo que no vio durante más de cuatro siglos, ocupada en exprimir a las provincias.

Lima, como región, es tan rica que alguna vez será uno de los grandes polos de turismo del país, con una increíble gama de atractivos históricos, geográficos, antropológicos y ecológicos insospechados. Sus fiestas son una sorpresa. Sus santas y santos patrones se festejan con danzas muy antiguas que embelesan. Los cientos de años de ostracismo han favorecido su autenticidad. La arquitecta Patricia Navarro Grau ha contado hasta cuarenta iglesias doctrinales en Oyón; El antropólogo Manuel Ráez ha publicado con .... libros sobre costumbres y fiestas tradicionales. En Tupiqocha, muy cerca, las autoridades comunales reciben en el primer día de Año Nuevo varas como símbolo de mando, y también antiguos khipus prehispánicos de cuerdas con nudos. Los limeños capitalinos nunca han visto las danzas de los turkuchas con poncho y máscara con acompañamiento de violín hecho con madera de sauce ni de los kurkus o foráneos disfrazados de policías, mexicanos, toreros y hasta americanos, al son de flautas, guitarras, violines y arpas.

El 6 de enero las danzas son de adoración al Niño Dios. En el virreinato los negros se compraban con onzas de oro y el estudioso encontró en la limpieza de acequias de Lachaki, Canta, un bailarín negro solista y su conjunto, todos con máscaras de pana negra.

Durante un ritual prehispánico se busca la fertilización de dos litos femeninos que cuidan el agua, para que su caudal sea abundante. Su danza sensual, propiciadora, es cortada abruptamente por el matachín, evocación del antiguo encomendero y su cuadrilla, que imponen sus elegantes evoluciones.

En Quipán y Marco, al otro extremo de Canta, los abuelitos son el adorno de la plaza. A pesar de “sus años” salen rumbosos, casquete con espejuelos y hermosas cintas labradas que caen hasta sus talones, máscaras de yeso con ojos azules, bigote, perilla y cascabeles en las polainas. Su coreografía es variada y como las danzas son la luz de los pueblos son invitados a numerosos distritos.

En Gorgor, Cajatambo, o Huarochirí la tierra de Julio C. Tello, basta mencionar las pallas y las ingas. Las primeras con sus trajes isabelinos, de cuellos con encajes almidonados y levantados como pétalos de flores.

Las segundas, cortejo del Inka y la Qoya, llaman la atención por las cortinas de monedas de plata que cuelgan sobre su rostro. También la contradanza y las wankas o diabladas de Corpus en San Pedro de Casta y Matucana; las pastoras de Huañec, la pandilla de Atawallpa de Ayavirí, los negritos de Langa, y otras que forman un universo desconocido.

Una de sus localidades, Raàz, ha llamado mucho la atención por una iglesia completamente pintada con sugestivas notas hasta en sus vigas y la conservación de un khipu donde siguieron “escribiendo” hasta fines del siglo XIX. Las aguas termales de Churín, Chiuchín y Huancachín son la atracción de personas que buscan sus cualidades terapéuticas cada fin de semana así como otros atractivos al paso.

En la región qechwa la producción de quesos, manzanas, paltas, chirimoyas y otros dan lugar a ferias concurridas que venden todo en un solo día. Sus pueblos sienten la falta de carreteras para desarrollar su agricultura. Algún día le llegará a Lima descubrir sus secretos y disponer de vías asfaltadas, hospedajes y restaurantes para mostrar otros aspectos, grupos arqueológicos como Rupaq, Cheqta, Rapasmarka y otros. Será como abrir un cofre de sorpresas.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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