Portada TERRA PERÚ > Patrimonio Cultural > Nuestro Patrimonio

 

Nuestro patrimonio

Lunes, 10 de Marzo de 2008

Cambios en el Cusco eterno

imprimir  enviar 

En las primeras décadas del siglo XVI cambio la arquitectura de Cusco. Los nuevos vecinos construyeron iglesias y casonas sobre los espléndidos muros pétreos de templos y palacios inkas y comenzó otra época. Ahora, en la primera década del siglo XXI, Lima cree que puede autorizar a rajatabla la construcción de más hoteles en Machupiqchu, maravilla del mundo, y también en las áreas cercanas de otros monumentos arqueológicos.

Foto: Alfonsina Barrionuevo - Chinchero Chinchero
Foto: Alfonsina Barrionuevo

Foto: Alfonsina Barrionuevo - Machupiqchu Machupiqchu
Foto: Alfonsina Barrionuevo

Foto: Alfonsina Barrionuevo - Machupiqchu Machupiqchu
Foto: Alfonsina Barrionuevo

Si nos preguntamos qué ha ganado la antigua Capital Imperial no hay respuesta. Quizás los hoteles, los restaurantes, las agencias de viaje y las artesanías pueden decir que van viento en popa. Los que tienen menos han invadido lugares cercanos a Saqsaywaman o se han ido a vivir a los cerros o colinas circundantes. Antes se sentía la majestad de los Apus, pero se han ido plagando de casitas que han crecido sin orden ni concierto como hongos o kallanpas después de la caída de un rayo.

Los cusqueños de hoy se sienten intrusionados y preocupados por modificaciones que no benefician ni su historia ni su paisaje. El Cusco ha perdido su vida familiar. Ya no hay retretas los domingos en la Waqaypata, su plaza mayor: el Baratillo, una feria sabatina se ha hecho humo, y las pavas cantoras de las bodeguitas de la Cuesta de San Blas pertenecen al pasado. Felizmente el casco histórico permanece porque también es un atractivo turístico de primer orden. Los muros primorosamente labrados dan una fisonomía especial a la parte céntrica que es única y admiran los visitantes.

Quienes pudieron se fueron a las urbanizaciones que han ido creciendo como hierba sin un trazo urbanístico que contemple nuevas plazas de reunión, locales agradables para los colegios, mercados, panaderías y otros servicios. Para trasladarse es preciso tomar un taxi porque sólo la Avenida de la Cultura, su eje principal, cuenta con pequeñas unidades de transporte colectivo.

Si nos preguntamos qué ha ganado la antigua Capital Imperial no hay respuesta. Quizás los hoteles, los restaurantes, las agencias de viaje y las artesanías pueden decir que van viento en popa. Los que tienen menos han invadido lugares cercanos a Saqsaywaman o se han ido a vivir a los cerros o colinas circundantes. Antes se sentía la majestad de los Apus, pero se han ido plagando de casitas que han crecido sin orden ni concierto como hongos o kallanpas después de la caída de un rayo.

La idea de Lima es que una avalancha de turistas desborde la ciudad y Machupiqchu. Su magnetismo es un imán, la irradiación de su energía es esperada para olvidar el ritmo avasallador de las gigantescas urbes de cinco continentes y el encuentro de relax, de cura del stress, de las tensiones, es un sueño de los que viajan provistos de dólares y euros. El tráfico aéreo es cada vez mayor. Se vuela a cualquier hora y hasta se ha resucitado la increíble idea de un aeropuerto en Chinchero para volar de noche, olvidando los terribles vientos de cola de la tardes.

Los cusqueños nos preguntamos. ¿Es lo que queríamos?. Con las justas hay que madrugar para ir a rezar y escuchar misa ante el altar del Señor de los Temblores. La Basílica Catedral también está incluída en los circuitos y hay que pagar si se quiere verla linda, con todas sus luces encendidas, como uno de los museos religiosos más bellos del país.

Hace unos tres años hice el recorrido de cuatro días por el camino inka a Machupiqchu. Desde el Inti Punku, la centenaria puerta de entrada se le ve soberbio. Me felicite de haberlo lo hecho porque el maquillaje que le han puesto por delante es desastroso. He ido muchas veces en tren y gozaba con la naturaleza que rodeaba su entrada. El hotel ha avanzado en el espacio libre aunque se dijo que no lo haría, hay una plataforma irreverente con sombrillas para vender sandwichs y gaseosas. Qué sería si se comienzan a construir hoteles en sus cercanías. Aún es hermoso contemplar libres los cerros adyacentes. El Putukusi, el Kollpani, el valle del Kutija y otros. Realmente así debe seguir.

Salimos de Cusco en un bus de lujo y abordamos el tren en Ollantaytambo. Hay que ver lo que está pasando por allí. La compra indiscriminada de casas y fundos por empresas extranjeras en el Valle Sagrado no nos dejará transitar un día libremente por sus pueblos porque habrá demasiadas propiedades privadas. El gobierno regional no debía permitir que empresas extranjeras adquieran grandes extensiones de terrenos, donde antes crecía orgullosamente el hermoso maíz blanco de grano dulce, sin la participación de capitales peruanos.

Sus actuales habitantes, tanto de las ciudades como de las comunidades altas, corren el peligro de encontrar letreros que digan “no pasar” y sufrir también restricciones para visitar las ciudades inkas de P’isaq, Huch’uy Qosqo, Yukay, Urubamba y Ollantaytambo entre otras. Es grato que los cusqueños puedan visitar una vez al mes el santuario de Machupiqchu sin pagar un boleto de ingreso que está fuera del alcance de su economía. Pero, no es justo que sea sólo para residentes permanentes. Deben tener los mismos derechos aquellos que por motivo de trabajo o de estudios están radicando en otras partes. La Autoridad Autónoma de Machupiqchu y las otras relacionadas con nuestra maravilla debían considerar que donde quiera que estén los cusqueños no pierden su condición de haber nacido en la región. Un beneficio que debía también alcanzar a su familia.

Ya tenemos bastante con lo que pasamos en la ciudad. El turismo es muy importante pero debe ser manejado de tal manera que no altere la vida de la gente. Aunque, sabemos que eso es imposible. Hagamos que sea menos penoso.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

imprimir  enviar