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Nuestro patrimonio

Lunes, 04 de Febrero de 2008

En el valle del Colca

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A lo lejos el nevado Ampato parece que agitara un pañuelo blanco de bienvenida o levantara su casquete de nieve a manera de saludo. Si hay suerte verán en Pampa Cañaguas doradas vikuñas moviendo curiosas sus orejas. Ahora que están más protegidas es una suerte verlas bastante cerca. Entre los roquedales llaman la atención unos espinos en forma de candelabros que se llaman titankos.

Foto: Andrea Zolezzi - Plaza de Chivay Plaza de Chivay
Foto: Andrea Zolezzi

Foto: Andrea Zolezzi - Andenerías del Colca Andenerías del Colca
Foto: Andrea Zolezzi

Foto: Alfonsina Barrionuevo - La Cruz del Cóndor La Cruz del Cóndor
Foto: Alfonsina Barrionuevo

Chivay, capital de la provincia de Cailloma, es el punto intermedio para llegar a Ichupampa, donde celebran la fiesta de San Juan Bautista. El santo de los ojos dulces, cuya cabeza pidió Salomé porque lo amaba, extraña forma de querer. En su homenaje, aunque él lo ignore, bailan comandando la danza de los turcos personajes que representan al sol y la luna como pareja cósmica.

Al tomar la ruta a Chivay, capital de la provincia de Cailloma, el ómnibus deja el terrapuerto de Arequipa y queda atrás una bulliciosa babel con chillones rótulos sugiriendo viajes de turismo a medio Perú o sus “chefs” invitando sabrosos caldos de cordero, tallarines con pollo, chifas criollos, desayunos, almuerzos y cenas de oferta, mientras los pasajeros esperan las hora de salida.

Chivay, capital de la provincia de Cailloma, es el punto intermedio para llegar a Ichupampa, donde celebran la fiesta de San Juan Bautista. El santo de los ojos dulces, cuya cabeza pidió Salomé porque lo amaba, extraña forma de querer. En su homenaje, aunque él lo ignore, bailan comandando la danza de los turcos personajes que representan al sol y la luna como pareja cósmica.

La evocación se parece a otra prehispánica en que los astros del día y la noche humanizados, cada uno en barcas resplandecientes y sus cortes, recordaban un mito en las cercanías de la isla del Sol en el lago Titiqaqa, Puno. Se dice que la tierra estaba en tinieblas cuando hace miles de años el astro del cielo prendió una llamarada en el lomo de un puma de piedra que estaba alli y de un salto se colocó en el infinito.

Hace unos quince años los turistas vencían las dificultades del camino, que ahora es una serpentina cómoda, para conocer el Colca, uno de los cañones más profundos del mundo así como las impresionantes andenerías preinkas donde se sigue cultivando varios productos.

Al llegar la noche hay que abrigarse porque el frío la emprende a pellizcos. Chivay no puede ofrecer disculpas ni exhibir su cara encendida, su sonrisa de día, su camisa azul. Aunque sí puede ser un amable anfitrión en cualquiera de sus hostales y restaurantes donde humean las sopas y los ponches.

Al día siguiente, quien conoció antes a Chivay cree que se equivocó de pueblo. Luce un edificio municipal moderno, plaza con portadas rectangulares de cemento como Miraflores en Lima, pileta maquillada y la iglesia que tuvo alguna vez nobleza de sillar se oculta bajo una desdichada mano de cemento gris. Las guapas chicas que lucían el vestido más lindo del Perú, con bordados de ensueño, se han modernizado con chompas y jeans. Sólo se apegan al traje tradicional las señoras muy antiguas porque no pueden ser mozas otra vez.

Habrá que investigar si queda sombra de los orgullosos yankes, señores de la región, que mandaban en Kanokota, Wakalliwa, Wayrap’uku, Usqallaqta y Kumarane, antes de que se llamara Martín Muñoz de Chivay pueblo y pasara como el viento por las manos de Gonzalo Pizarro y Francisco Noguerol de Ulloa.

Los franciscanos, que construyeron su iglesia con canteros kullawa, le nombraron cristianamente la Asunción de nuestra Señora de Chivay. Al contrario de las restantes iglesias del Colca sus altares son neoclásicos, menos uno que sigue la moda del barroco andino. A Chivay converge habitantes de todos los rumbos aledaños. Yanque, Ichupampa, Madrigal, Lari, Coporaque, Cabanaconde, Pinchollo, Maka y Sibayo, pero no se han multiplicado los padrenuestros desde 1773, en que el párroco ya se quejaba de lánguido fervor de sus feligreses.

En ichupampa San Juan Bautista debe extrañar su fiesta grande, con vísperas, misa solemne, bailarines y corridas de toros, en la despedida. Se nota en su palidez, en sus ojos apagados, en sus manos secas que se mojaron en el agua del Jordán. No se conforma tampoco con la banda que hace trampa con el acompañamiento durante la misa y “cumple” con cuatro o cinco evoluciones después de la procesión para evaporarse después en gotas de blancas, negras, fusas y semifusas.

En sus andas, que felizmente no han sido cambiadas, cuelgan como antaño entre fuentes de plaqué una corona de naranjas, hileras de limones y también de ajíes colorados. Son las walkas que lo identifican con el cerro tutelar del pueblo. el Walka Walka, que propicia la fertilidad de los campos. Claro que a 3,450 metros sobre el nivel del mar muy poco se puede hacer. Pero, el santo, el cerro y el pueblo se empeñan en tirar del mismo yugo para vivir.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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