El Corpus de Chinchero
El Corpus de Chinchero establecido en la tierra del arco iris es singular porque vírgenes y santos pertenecen a las comunidades campesinas. Ellas dan su calor y devoción a las imágenes religiosas de un pueblo de cumbre que se acurruca bajo un sol helado. Los peregrinos, que días antes van a Qoyllur Rit’i, se encargan de darle la alegría de sus danzas.
Virgen
Foto: Alfonsina Barrionuevo
Chinchero
Foto: Alfonsina Barrionuevo
Este pueblo con arrugas de piedra es uno de los pocos del Cusco donde se conservan todavía viejas costumbres del Inkario. Los taitas de rostro apergaminado cuentan con orgullo que allí nació el padre Sol. Su madre fue una mujer llamada Mama Lloqlla, madre de los aluviones, que llegó cuando la tierra estaba todavía en penumbra.
Este pueblo con arrugas de piedra es uno de los pocos del Cusco donde se conservan todavía viejas costumbres del Inkario. Los taitas de rostro apergaminado cuentan con orgullo que allí nació el padre Sol. Su madre fue una mujer llamada Mama Lloqlla, madre de los aluviones, que llegó cuando la tierra estaba todavía en penumbra.
“Era un niño cuya frente resplandecía y que vino para ser señor de señores. Los Apus le pusieron por nombre Mallko Qhapaq y pronosticaron que fundaría un gran imperio” Al llegar a la juventud buscó a su pareja, una niña muy hermosa llamada Pitusilla, que vivía en unos roquedales. Su amigo Piki Chaki le ayudó a encontrarla y cuando la halló los pututos de Chinchero resonaron jubilosos. Mallko Qhapaq desposó a Pitusilla y juntos bajaron al Cusco fundando una ciudad en el centro de un valle muy hermoso.
El joven señor enseñó a los hombres a trabajar la tierra y otros menesteres, trasmitiendo su sabiduría a los elegidos. Cuando estos aprendieron de un salto se colocó en el cielo.
Allí está y alumbra diariamente dando calor a sus hijos. Pitusilla volvió a ocultarse en una roca que se ve desde las alturas de P’isaq. De tanto llorar formó un nevado que se llama Willka Weq’e, “Lágrima Sagrada.” Se le llama también la Verónica.
Dicen que Mallko Qhapaq volverá alguna vez y que ella saldrá de su escondite y las gentes vivirán tiempos mejores.
Mallko Qhapaq quiso mucho a Chinchero y por su voluntad nació allí su primer hijo dándole el nombre de Sincheraq, “Todopoderoso”. Así se llamó hasta que al ceñirse la borla imperial tomó el nombre de Sinchi Roqa. Chinchero tuvo categoría de pueblo real y fue fortificado para defenderlo de las incursiones de los pobladores de la selva.
Los españoles tardaron muchos años en descubrir el legendario pueblo del arco del cielo. Avanzado el virreinato levantaron una iglesia en la plaza inka sobre el templo inka y colocaron el campanario sobre su terraza principal adornada con puertas de doble jamba.
En el atrio se conserva todavía una serie de piedras con milenarios grabados o petroglifos donde aparecen signos totémicos. Cuatro árboles de sauco llevan hasta la gran puerta tachonada con clavos de bronce. El interior está alhajado con los cuadros del ilustre Francisco Chiwantito Inka, pintor de la Escuela Cusqueña, que abrió los ojos en Chinchero.
El 8 de setiembre San Andrés sale en procesión con su típico collar de papita menuda, papa maway, primeriza. El santo es el patrón de la papa, pero eso no se opone a que los varayoq o alcaldes de las comunidades pregunten a los manes de a tierra, haciendo rodar con un mazo la papa más grande de la última cosecha, si la que viene será tan buena o mejor que aquella.
la Virgen es dueña de las tierras más fértiles del pueblo y todos se turnan para sembrarla y cosecharla. La Pachamama es la madre cariñosa, universal, y a ella le hacen la flor de sus ofrendas y halagos.
Oscar Núñez del Prado ha hecho un estudio sobre cómo piensan de la vida y la muerte las gentes de Chinchero. Ellos creen que en el organismo humano hay una cantidad de onzas de tierra. La vitalidad depende de no gastarla de prisa.
Durante la vida va disminuyendo hasta que al consumirse por completo sobreviene la muerte.
Los espíritus de los muertos pasan por el Hurk’anmayu, río de aguas turbias, en la cola de los espíritus de los perros que viven en el Añoqara Llaqta. El paraíso es el Hanaq Pacha, el mundo de arriba, en el que los hombres se dedican a la agricultura y tienen buenas cosechas por una eternidad.
En su cielo las niños riegan los jardines con agua que recogen en diminutos cántaros de flores de qantu. Los niños que murieron bautizados alumbran su camino con una vela. Los “moros” andan a oscuras tropezando y van al limbo, lugar oscuro donde buscan afanosamente el badajo de una campana. El día en que la hagan tocar habrá llegado la hora del Juicio Final.
El recorrido que se hace para llegar a Chinchero, a veinticinco kilómetros de Cusco, es bello y pintoresco. La carretera atraviesa alamedas de eucaliptos, veredas con pencales que usaban los chaskis o mensajeros para tejer sus ojotas en cada jornada, cerros cubiertos de verdor, y tuercen por Kachimayu, la pampa del río salado, internándose por Qorimarka, el pueblo de oro.
Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.