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La ecología

Lunes, 03 de Noviembre de 2008

El agua dulce de los polos

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Al fragmentarse y derretirse glaciares de la Antártica los habitantes de nuestro planeta no sólo están perdiendo agua dulce. El mar comienza a crecer, y aunque los vecinos de La Punta en el Callao y en general de las poblaciones costeras de los cinco continentes no han percibido que el oleaje ha subido cuatro centímetros, es posible que un día las aguas puedan alzarse hasta siete metros. ¿Se imaginan la tragedia que supone? Se reproduce este artículo, que me pertenece, porque es muy importante para la vida de la humanidad. Tenemos el derecho de saber a qué estamos expuestos.

El agua dulce de los polo Alfonsina Barrionuevo El agua dulce de los polos
Alfonsina Barrionuevo

Glaciar Alfonsina Barrionuevo Glaciar
Alfonsina Barrionuevo

Glaciar Alfonsina Barrionuevo Glaciar
Alfonsina Barrionuevo

Si los glaciares de la cordillera de los Andes continúan perdiendo nieve, agrega Mateo Casaverde, en menos de 20 años —según Thomson— bajarán los caudales del río Santa, afectando poblaciones y campos de cultivo. Otro tanto se puede decir del río Willkamayu en el Cusco y en general de todos los ríos interandinos.


En épocas antiguas, hace millones de años, los cambios climáticos hicieron desaparecer a los dinosaurios. Hoy, estos cambios hacen pensar, según el metereólogo Mateo Casaverde y otros científicos, que a lo mejor estamos en la antevíspera del fin de nuestra era.

La declaración es grave y parece exagerada. Los gigantes antediluvianos no fueron causantes de su extinción. Sería lamentable que la humanidad, con todos los adelantos logrados, pierda sus jardines del paraíso en un tiempo que no será como se creía, 100 o 50 años. Los países desarrollados que son minoría —agregan los científicos— tienen la responsabilidad.

La Tierra está acusando efectos devastadores que no se toman en cuenta. Generalmente por falta de mayor información o por minimizar la noticia de desastres que surgen cuando menos se espera. Es increíble, pero en el mundo y en nuestro país las previsiones son casi nulas. Cada año se recuerda en el Perú la necesidad de drenar los ríos que se colmatan en los meses de avenida y de reforzar las defensas ribereñas, pero los trabajos nunca se realizan a tiempo. Urge reforestar masivamente las cuencas hidrográficas, pero tampoco se hace, hasta que las llokllas o aluviones nos recuerdan esta tarea pendiente, a costa de destruir sembríos, tramos viales y asentamientos humanos ribereños.

Se conocen y sufren los fenómenos, pero siempre se olvidan. La preocupación del estudioso Mateo Casaverde, quien fue Director del Instituto Geofísico del Perú, viene de observar los nuevos efectos de los cambios climáticos que están aumentando en frecuencia e intensidad.

Un artículo del estadounidense Andrew Thomson, de la Universidad de Ohio, precisa que se calculaba un plazo de 50 a 100 años antes de que el calentamiento global representara un peligro. Sin embargo, en setiembre del 2002 comenzaron a adelantarse los pronósticos, cuando apareció un “río” de agua dulce en el Océano Atlántico, provocado por grandes masas de hielo polar derretido. Se creía, asimismo, que en un futuro lejano habrían inviernos muy frígidos en Norteamérica y Europa, pero ya se están produciendo.

En el 2004, el inglés David King, de la oficina del primer ministro Tony Blair, expuso que era necesario prepararse ante la catástrofe mundial que se venía perfilando. En la revista “Sciencie” escribió el resultado de sus trabajos y concluyó: “en mi opinión, el cambio climático global es el más severo problema que afronta la humanidad actual.”

A su vez, Andrew Marshall, de la Office of Net Assessment de Estados Unidos, explicó cómo el derretimiento de los polos y los glaciares en el mundo generarán el desastre climático global más serio de la historia escrita al cortar a la corriente del Golfo (cálida) su capacidad de mantener alejados a Norteamérica y Europa de un congelamiento permanente, que mantiene en gran forma el equilibrio climático global como lo conocemos.

''El derretimiento de los glaciares en el Perú es patente —dice Thomson—: en 1954, un (avión) DC3 de TAM se estrelló en el glaciar “Yerupajá”. Cuando localizaron el avión siniestrado, sólo se veía la punta del timón de cola que desapareció bajo la nieve del glaciar. Pero hace dos años, andinistas descubrieron que en gran parte el hielo se había derretido y los restos del avión estaban expuestos a la vista por primera vez.'' Si los glaciares de la cordillera de los Andes continúan perdiendo nieve, agrega Mateo Casaverde, en menos de 20 años —según Thomson— bajarán los caudales del río Santa, afectando poblaciones y campos de cultivo. Otro tanto se puede decir del río Willkamayu en el Cusco y en general de todos los ríos interandinos.

Al respecto tendremos otros desastres naturales, como erosiones, deslizamientos, aluviones, por la peculiar orografía de nuestro suelo. Casaverde señala que los problemas se magnifican en nuestro país debido a sus 240 cuencas y subcuencas donde se generan estos fenómenos geológicos.

''Ahora —continúa Thomson— se producen incendios forestales en zonas que siempre fueron húmedas en Alaska, huracanes con fuerza y frecuencia jamás antes vistas en el Caribe. Incluso, por primera vez en la historia el norte brasilero fue azotado por un huracán.''

Gracias a fotos satelitales de 1973 a 2003 Andrew Marshall ha comprobado objetivamente que el 40% del polo norte se ha derretido en sólo 33 años, y que el proceso está más acelerado en la actualidad, con todas sus brutales consecuencias para la humanidad. Paralelamente, en los Andes peruanos se ha comprobado la pérdida de un 35% de la masa de los glaciares.

Es curiosa la posición de los científicos auténticos y los científicos “oficiales” en cuanto a sus declaraciones. En el polo sur el desprendimiento del glaciar Larsen A sorprendió a todos. Pero los ''oficiales'' rápidamente dijeron que no importaba, porque había estado conectado al Polo Sur más o menos 10,000 años. Agregaron que el glaciar de Larsen B, que estaba detrás, nunca se derretiría. Pero en el 2003, este glaciar de 600 kilómetros cuadrados —aproximadamente— de superficie, se rompió y se deslizó hacia el mar. Entonces, los “oficiales” afirmaron que se derretiría en seis meses, pero fueron apenas 35 días, elevando el nivel de las aguas de los océanos del mundo.

Eso no es todo. Otra masa llamada glaciar de Ross se ha fracturado y elevará el nivel del agua en las costas de los países que están junto al mar. En general, se estima que el nivel de los océanos crecería entre seis y siete metros. ''¿Se imaginan qué significaría para La Punta, Callao, y también para islas, puertos y otras ciudades del litoral?'', vuelve a preguntar el Ing. Mateo Casaverde.

De suceder, territorios de la actual Europa del norte quedarían bajo una capa de hielo de varios cientos de metros de espesor, y el norte de Estados Unidos e Inglaterra pasarían a tener el clima de la actual Siberia.

Al existir, además de la corriente del Golfo, otras corrientes marinas, como la del Humboldt en el Perú, es posible que la costa se tornaría en una selva tropical, pero con heladas constantes en la puna. Entretanto, la Amazonía pasaría a ser un pajonal con algunos lunares verdes en las cuencas de los ríos con origen ecuatorial. El clima del planeta sufriría otros cambios radicales que durarían alrededor de 90,000 años.

''De acuerdo con las últimas investigaciones, el cambio climático radical global empezaría a producirse dentro de tres a cinco años y sería muy rápido. La especie humana está advertida por los científicos”, dice Mateo Casaverde, para luego añadir: ''Tenemos que ser realistas y previsores''. Los pronósticos pueden parecer fatales, pero no tienen fines alarmistas. El propósito es obtener una reacción de los gobiernos, si queda tiempo.''

Todos estamos advertidos.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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