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Grupos Arqueológicos

Miércoles, 29 de Noviembre de 2006

Las manos de Kotosh

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Las manos de la gente del antiguo Perú siempre estuvieron en movimiento. Cuando recibían a los niños del vientre materno, cuando araban la tierra, cuando tejían, cuando modelaban la arcilla, cuando teñían los instrumentos. Manos en movimiento que se detenían sólo cuando la chiririnka, "la mosca de la muerte" revoloteaba y se posaba sobre sus párpados. Estoy mirando por enésima vez las manos de Kotosh, en Huánuco, y quisiera penetrar en su misterio.

Manos cruzadas de Kotosh Alfonsina Barrionuevo Manos cruzadas de Kotosh
Alfonsina Barrionuevo

Templo de manos cruzadas Alfonsina Barrionuevo Templo de manos cruzadas
Alfonsina Barrionuevo

Puente sobre río Higueras Alfonsina Barrionuevo Puente sobre río Higueras
Alfonsina Barrionuevo

¿Qué sugieren las manos en reposo de Kotosh?. Las miro otra vez y pienso que esas manos están en un descanso. Entonces Kotosh quizá no es un templo sino una tumba. El señor estaría en el espacio central y sus manos en el contorno estarían rubricando su reposo.

¿Qué mensaje fue enviado con ellas al futuro? Hasta hoy, en las comunidades campesinas, las mujeres están escarmenando la lana, hilando o tejiendo hasta caminando. Por lo que he visto en esos lugares no se encuentra manos en descanso, manos ociosas. Entonces, ¿qué sugieren las manos en reposo de Kotosh?. Las miro otra vez y pienso que esas manos están en un descanso. Entonces Kotosh quizá no es un templo sino una tumba. El señor estaría en el espacio central y sus manos en el contorno estarían rubricando su reposo. No es usual. Por eso pienso también que esas manos podrían ser de la madre tierra en la última caricia, antes de que su hijo atravesara el río de la muerte. Sólo él habría gozado de ese privilegio.

Infortunadamente no hay evidencias que permitan acercarse al momento en que los sacerdotes hacían el ritual que dejó las manos en relieve como un sello. El lugar fue saqueado y la reconstrucción fue impropia, luego se trató de rehacerla, finalmente se avanzó con mayor propiedad y hoy los visitantes pueden asomarse por las ventanas para atisbar en su interior el enigma de esas manos dormidas. ¿Pero, qué haría el señor sin manos en la otra vida si a lo mejor fueron cortadas?

En los alrededores se levantan algunas construcciones que están mudas. Rodean al "templo" en silencio. Las hierbas crecen en los senderos y nadie se atreve a generar ruidos ni bullicios. Acaso si lo único permitido fuera la voz de una quena como si arrancara de los siglos que se han ido deshojando con su secreto bien guardado.

La última vez que estuve allí contemplé el doble recinto, con los nichitos y las manos de barro más famosas del Perú. Los habitantes de las cercanías han aprendido que el techo de paja, colocado para preservarlo, tiene un tejido de hojas de una palmera. La yarina que se corta en noche de luna llena para que sea impermeable y resista las lluvias un largo tiempo.

En los últimos años se ha cuidado de preservar el monumento. El recorrido está señalizado y sólo se puede ver el interior a través de espacios discretos, con suficiente luz. Las manos auténticas están en el Museo Nacional de Arqueología de Pueblo Libre, Lima, pero la réplica ha sido hecha a milímetro y por un arqueólogo especializado.

Las manos cruzadas siempre llaman y llamarán la atención. Los diferentes grupos que crearon señoríos con el tiempo y luego un imperio se distinguieron por su amor al trabajo. Hay que observar mucho las manos cruzadas de Kotosh. Pueden ser las manos de un jefe o de un sacerdote avanzando solemnemente para realizar un acto litúrgico final sin explicación.

Para las personas que llegan por primera vez la impresión es excelente. Está a sólo cuatro kilómetros de la ciudad, se ha colocado en el entorno plantas de la región, hay un museo de sitio con réplicas de piezas de cerámica posteriores, pues, Kotosh, con unos 4,000 años es del precerámico; el puente colgante es pintoresco y no le alcanzan las olas del río Higueras cuando se ponen furiosas. Hay una tibieza de 1,912 metros en el ambiente.

Mesas y banquetas para descansar al concluir el paseo permiten hacer sugestivas presunciones. Las máquinas fotográficas no se dan tregua pero hay postales de diferentes ángulos por un sol, así como pequeños recuerdos, llaveros, bolsitas, etc.

El boleto de entrada es económico. El taxi, ida y vuelta, con espera de una hora cuesta diez soles para cuatro personas y, previo arreglo, se puede ir al grupo arqueológico de Garu, que luce dos majestuosas torres gemelas a 70 km. Algo nuevo para ver en Huánuco después de un tour en la ciudad de templos, casonas y bodegas memorables.

El almuerzo huanuqueño es delicioso. Hay restaurantes y quintas donde se prueban la primicias gastronómicas, entre las cuales son incomparables las carnes asadas, los charkis de chancho y otros potajes. Un buen alojamiento después de visitar los atractivos de la ciudad se encuentra en el Real Hotel, el Hotel Garu, Hotel Continental y Las Vegas entre otros. No se olviden de ir al gran puente de piedra del río Huallaga y a San Cristóbal, la primera iglesia que se construyó en los siglos pasados.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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