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Lunes, 06 de Noviembre de 2006

DESCUBRIENDO A MARIA REICHE

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A través de Clorinda Caller, químico farmacéutica, bióloga y escritora, que la conoció cuando era estudiante y fue su amiga, revelamos aspectos inéditos de la vida de Maria Reiche, la estudiosa de las pampas de Naska.

 María Reiche

 Imágenes de Nazka

 Imágenes de Nazka

Al cabo de largos años terminó mimetizándose con la pampa. De noche, aún con los ojos cerrados la sentía flotar en sus células fotoeléctricas. Hasta después, cuando la luz se apagó en sus pupilas y se quedó en su memoria. El mono siempre le daría calor enroscando en su cuello su larga cola. El pájaro fragata aún golpearía en sus labios con un sistema morse. La pariwana seguiría abanicando su cabeza. Por algo ella se ganó su amistad.

Ella llegó al Perú en la primera mitad del siglo XX para enseñar alemán a los hijos de una familia de ese país avecindada en el Cusco, sin sospechar que se quedaría para siempre. Estuvo poco tiempo en la ciudad imperial. Volvió a Lima cuando se había desatado la Segunda Guerra Mundial y no pudo salir. Más tarde iría a Naska siguiendo los consejos de Paul Kosok, especialista en sistemas antiguos de distribución de agua.

Al cabo de largos años terminó mimetizándose con la pampa. De noche, aún con los ojos cerrados la sentía flotar en sus células fotoeléctricas. Hasta después, cuando la luz se apagó en sus pupilas y se quedó en su memoria. El mono siempre le daría calor enroscando en su cuello su larga cola. El pájaro fragata aún golpearía en sus labios con un sistema morse. La pariwana seguiría abanicando su cabeza. Por algo ella se ganó su amistad.

María Reiche dibujó una sonrisa en el aire cuando habló con su amiga Clorinda Caller que escribió después un hermoso libro de muchos episodios de su existencia. "Los ratones. ¿Recuerdas Clorinda? Sus mordisquillos dejaron marcas en mi queso. ¿Por qué no traigo un gato? Lo tuve y lo corrieron. Se fueron cuando el queso, causa de la discordia, se acabó".

Clorinda Caller, cusqueña, que bajó a Lima para estudiar como todos, se esforzaba por seguir su ritmo. "María, escribió, era alta, de piernas largas, cutis de porcelana, cabellos de oro, enérgica y ágil como un cervatillo. Gozaba caminando y cada paso suyo eran dos míos. Me fatigaba ir del Parque Universitario a Pueblo Libre a pie. Pero, con ella era capaz de acompañarla a Chosica, trotando por la carretera y los cerros. Sin embargo, bajar del tranvía como lo hacía, con un salto de canguro, me era imposible. Siendo un tanto mayor su vitalidad era envidiable."

"¿Cómo nos conocimos? María necesitaba una mecanógrafa y me eligió. En el Cusco aprendió un poco de castellano y tenía que traducir a Max Uhle, Trimborn, y otros para el doctor Julio C. Tello. Para eso precisaba ayuda".

"Caminando, un día hablábamos en castellano y al día siguiente inglés, y resultaba gratificada. Al mediodía parábamos. -Voy a mi pensión, le decía-. María me convencía. "Quédate. En la calle venden pescado frito, bonito, que es bueno y barato."

"¿Comer al paso?". "Sí, el tiempo vuela". A veces, se olvidaba de mí y del pescado. "¿Tienes hambre?", preguntaba. -Sí, desde ayer no comemos-. "Vamos por cancha, maíz tostado, donde la señora de la esquina. Es dulce, muy buena".

"Las traducciones no daban para vivir", cuenta Clorinda. "Yo hacía a veces colecta para ella entre mis compañeros y nadie se rehusaba porque todos querían estar al día con el material que manejaba."

Con su traje de muselina azul, rosado y blanco a cuadros, María se veía bonita. Le gustaba tanto que lo llevaba en invierno y verano. "¿No sientes el rigor del invierno?. "Invierno son los de Europa. Aquí solamente está fresco. Mis sandalias no son alemanas, ¿eh?. Compro una llanta vieja en el mercado y tengo para docenas". Nadie sabe que tocaba guitarra y cantaba dulcemente."

"María usaba de interior una camiseta y calzoncillos afranelados. Cuando no tenía papel anotaba allí sus ecuaciones. Le regalé un par de mudas y lavé los que se había puesto. Se puso furiosa porque se borraron los números. En Naska, donde trabajaba desde que amanecía hasta que se borraba el último rayo de sol, estaba siempre haciendo cálculos. ¡La pampa era tan grande, tantas las líneas, tantas las figuras!. Cuando no tenía tiempo de volver se quedaba a dormir sobre el cascajo. Los animalitos del desierto sentían su calor y se acurrucaban a su lado. Cuando podíamos íbamos con su amiga Amy a verla. Salía con un cántaro a la espalda para mojar los trapos con los que cubría su cabeza. La pampa ardía y con el tiempo su piel adquirió la dureza del pergamino.

"Ella confesó que estuvo por enamorarse dos veces. La primera vez, fue una ráfaga, una ilusión, un sueño. En la segunda fue un pseudo matemático "que hizo lindos problemas con los cálculos de Naska". Ella pensó que sería bueno trabajar con alguien sobre los mismos puntos. Pero nadie podía tener el mismo idealismo.

¡Estaba tan ansiosa por descifrar el inmenso jeroglífico que tenía entre las manos!. Sin embargo, el calor de la pampa la destruía. No se quiso operar en Tubingen de un glaucoma incipiente por regresar pronto a Perú. Quería formar un comité pro-Naska.

Hoy, para verla tiene que sumergirse en el recuerdo de tantos años. El doctor Julio C. Tello, Lima, los cóndores, sus cerros vestidos de lila y amarillo, las pampas y el miedo que tenía de dejarla sola.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

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