A sus dieciséis años, Raducan, campeona mundial de suelo, entró de esta forma en la historia de los Juegos como una de las dobles campeonas olímpicas más jóvenes tras el triunfo por equipos del martes.
Las españolas tampoco fueron ajenas al desconcierto generalizado y todas ellas se cayeron de la barra de equilibrios. La mejor fue, un día más, Esther Moya (décima), mientras que Laura Martínez fue decimotercera y Sara Moro vigésima segunda.
Moya, que el domingo disputará las finales individuales de salto y suelo, pudo haber saboreado hoy una medalla, pero su caída en la barra de equilibrios en su último ejercicio le restó seis décimas que, añadidas a su puntuación final, le habrían concedido la medalla de plata.
La primera en quedar excluida de la lucha por el oro fue la gran derrotada de hoy, la rusa Svetlana Khorkina, la auténtica reina de la gimnasia mundial que sigue, sin embargo, sin coronar su palmarés con un oro en el concurso individual en un Mundial o unos Juegos Olímpicos.
La bella y estilizada gimnasta rusa no pudo comenzar mejor su concurso. En el suelo, a ritmo de guitarra española, Khorkina llevó a cabo una espléndida coreografía con una elegancia y una plasticidad solo comparable a su impecable ejecución técnica. El 9,812 que le concedieron los jueces parecía ser el inicio de un camino de rosas hacia el oro.
Sin embargo, en su primer salto se cayó de rodillas y arruinó su concurso. Quedó desconsolada, sabedora de que ese error le costaba el oro.
Tan solo unos minutos después, la china Yang Yun, segunda en la primera rotación, se desequilibró en la barra de equilibrios y también dijo adiós a las medallas.
La rusa Elena Zamolodtchikova, inscrita a última hora por la baja de su compatriota Elena Prodounova, tomó en ese momento el mando, pero no le duró ni una rotación, ya que, en su siguiente ejercicio, el suelo, perdió el equilibrio tras un salto mortal hacia adelante. A todo esto, Khourkina, totalmente descentrada, falló también en la barra y dio con sus huesos en el suelo tras una suelta mal calculada.
La ucraniana Viktoriya Karpenko, actual subcampeona mundial, era primera y no se lo creía, pero su sueño dorado fue efímero. Para estupor de los miles de aficionados que se dieron cita en el Superdome, efectuó un calamitosos ejercicio de suelo con dos salidas de los límites establecidos.
Otra gimnasta con opciones de medalla, la australiana Lisa Skinner, tampoco estuvo fina en el salto para desagrado de los espectadores.
Al final, las rumanas, las únicas que mantuvieron la regularidad y templaron sus nervios, obtuvieron la justa recompensa a su esfuerzo y formaron una piña de abrazos y besos ante el inédito éxito que lograron.
Después de adjudicarse el martes el título por equipos, hoy las rumanas volvieron a ser las reinas. La ganadora, Andrea Raducan (38,893 puntos), que culminó su actuación con un maravilloso ejercicio en el suelo, sucedía de esta forma a la legendaria Nadia Comaneci, la heroína de 1976, año desde el que ninguna rumana se había adjudicado el concurso individual femenino.
Le acompañaron en el podio Simona Amanar (38,642 puntos) y Maria Olaru (38,581) La más extraña de las noches vivida por la gimnasia artística en los últimos años concluyó con la repetición para varias competidoras del ejercicio de salto al advertir los jueces que el potro había sido colocada en dos de las rotaciones tres centímetros más alto de lo establecido por la normativa.