Según los expertos, el animal tiene cerca de 65 años, pero sólo en los últimos 20 se calcula que puede haber matado en Burundi, entre el río Ruzizi y la ribera norte del Lago Tanganica, a más de 300 personas, 17 de ellas en apenas tres meses.
Faye ha intentado cazarlo de todas las formas posibles, pero el animal, por poderoso y por inteligente, ha logrado siempre escapar de él, como de los numerosos disparos recibidos a lo largo de su mortífera existencia, apenas unas cicatrices en su acorazada piel.
Pero contra todo pronóstico, el cazador se ha vuelto ecologista y ha dicho que ya no quiere matar. Su principal objetivo es ahora capturarlo vivo y colocarle un dispositivo rastreador que permita conocer sus andanzas y avisar a la población del peligro.
El naturalista francés, ha repartido una docena de teléfonos celulares entre la población local para que si lo ven pueda acudir allí antes que nadie. Lo quiere sólo para él.
La posibilidad de que alguien lo capture antes no la acepta, pues como ha explicado a la BBC, lo consideraría una traición del animal a su devoto perseguidor.