Fueron cinco minutos durante los cuales, los pasajeros, atónitos, pensaron que se trataba de un ataque terrorista y permanecieron inmóviles en sus asientos.
Gayle Griffiths, que iba a buscar a su hija al colegio, presentó una queja a la autoridad del Transporte de Londres. Fue en el autobús número 24 en Gospel Oak, al norte de Londres, la semana pasada.
"Vivimos en una sociedad multicultural pero hay un lugar para la oración y en un autobús lleno de pasajeros en mitad de una jornada laboral no lo es", dijo la mujer, de 33 años de edad.
Un portavoz de Transportes de Londres dijo que se han disculpado ante los pasajeros y que han recordado a todos los trabajadores musulmanes que deben rezar durante sus periodos de descanso oficiales.
Además, aseguran que la entidad "proporciona espacios para la oración, como habitaciones silenciosas en garajes y en otros lugares clave, para los empleados que quieran practicar su fe".