El cadáver fue descubierto por un trabajador del aeropuerto de Japón tras la inspección rutinaria a la que se someten las aeronaves que aterrizan en Tokio.
El cadáver no presentaba heridas, pero sí signos de congelación, lo que se debería a la exposición a las temperaturas de 50 grados bajo cero que se alcanzan en la altura de crucero de un vuelo intercontinental.
El hombre vestía pantalones y una camiseta, insuficientes para sobrevivir a las bajas temperaturas, a lo que se suma que el compartimento del tren de aterrizaje no está presurizado durante los vuelos.
Según los investigadores nipones, la víctima tendría que haber quedado atrapada poco antes de que se iniciase el vuelo y habría fallecido por congelación.
En el 2003, se registró un caso similar en un vuelo que aterrizó en el aeropuerto de Narita procedente de Hong Kong, con el cuerpo sin vida de un hombre en el tren de aterrizaje.