El trágico accidente sucedió en la ciudad de Innsbruck, en el Tirol austríaco, donde al parecer el hombre sufrió una crisis de nervios cuando vio que su teléfono se había caído por el desagüe.
En vez de dar el teléfono, un modelo de bajo coste, por perdido, el hombre levantó la rejilla y metió la cabeza por la boca de la alcantarilla para recuperar el aparato.
A continuación, perdió el equilibrio, su cuerpo quedó atrapado en la boca de la alcantarilla y falleció ahogado en el desagüe, de apenas 60 centímetros de profundidad.
"Cuando encontramos el cadáver, no lo podíamos creer", dijo un agente de la Policía local que acudió al lugar de los hechos.
La alcaldesa de la ciudad austríaca, Hilde Zach, ha hecho un llamamiento a la población para que evite riesgos innecesarios y, en casos como éste avise a los bomberos.