El encuentro había suscitado un enorme interés en los medios de comunicación, que se preguntaban en grandes titulares si "la cumbre cervecera conseguirá saciar la sed de diplomacia", después de que Gates y Crowley se enfrentaran cuando el policía detuvo a Gates en su domicilio tras un aviso de posible robo.
Dos de las principales cadenas de televisión, CNN y MSNBC, mostraban en sus imágenes un reloj que marcaba la cuenta atrás para el comienzo de la reunión.
En los últimos dos días el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, se había visto acribillado a preguntas en sus ruedas de prensa diarias acerca de qué marcas de cerveza exactamente tomarían los convidados, o en qué lugar preciso de los jardines iban a sentarse.
La respuesta: Obama una "Bud Light", el sargento Crowley una "Blue Moon", el catedrático Gates una "Sam Adams Light" y el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, una "Buckler" sin alcohol. Se sentaron en las proximidades del Despacho Oval.
"No es una cumbre, somos tres personas que vamos a compartir una cerveza al final del día y -ojalá- tendremos la oportunidad de escucharnos los unos a los otros", indicó el mandatario estadounidense.
En torno a una mesa blanca se sentaban Obama y Biden, en mangas de camisa. En una posición manifiestamente menos relajada se encontraban Crowley y Gates, ambos de chaqueta y corbata.
El sargento de Policía, más próximo a Obama, parecía dominar la conversación, mientras que Gates, reclinado sobre el respaldo de su asiento, lo escuchaba atentamente junto a Biden.
Tanto Gates como Crowley habían acudido junto a sus familias a la Casa Blanca y pudieron recorrer la residencia presidencial antes de sentarse a charlar.
En un comunicado tras el encuentro, Obama reveló que los dos implicados ya habían conversado entre ellos, "lo que les honra".