Los presos se deslizaron por un hueco que habían abierto en la pared de su celda y se dieron a la fuga, aunque tres de ellos fueron capturados más tarde, mientras se sospecha que los otros dos lograron huir a la vecina Hungría.
La administración carcelaria, según se comunicó, culpó a los canes por "no haber advertido con ladridos de lo que estaba sucediendo".
Según la prensa serbia, los perros, que ya habían cumplido quince años, fueron fusilados en la perrera de Sombor.
La presidenta de la Sociedad Protectora de Animales "Arka" de la ciudad septentrional de Novi Sad, Branka Pasko, protestó por el sacrificio de los perros.
"Los perros no merecieron la pena de muerte y no pueden ser los máximos responsables de la fuga de los prisioneros. Podían haber recibido un castigo disciplinario o una jubilación anticipada como se hizo con los guardias", dijo Pasko.
Cuatro guardias fueron suspendidos después de la huida de los reclusos.
Pasko añadió que los canes podían haber sido sacrificados con una inyección "sin dolor y sufrimiento" en lugar de armas de fuego y ofreció acoger en "Arka" a todos los perros que no satisfagan a las instituciones oficiales que los mantienen.