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Editorial - 15/03/2001 EQUIVOCADA POLÍTICA TRIBUTARIA EN MATERIA DE LICORES AUMENTAN IMPUESTOS, PERO RECAUDAN MENOS Una política tributaria equivocada, cortoplacista, que desincentiva el consumo, obliga a recurrir a productos baratos pero de mala calidad que atentan contra la salud, fomenta el contrabando y la corrupción de funcionarios; esto es lo que ha impuesto el Estado al gravar con 40 por ciento de Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a los licores con mayor contenido alcohólico. Esta tasa impositiva, sin precedentes en el país, fue sorpresiva considerando que hace menos de un año, en marzo de 1999, fue elevada por el gobierno anterior al 20 por ciento. Actualmente, ha sido duplicada al 40 por ciento y prácticamente ha paralizado el mercado formal y ha fomentado la producción informal. La medida, que afecta la liquidez de las empresas por la reducción de las ventas formales, la recesión y el contrabando incontrolable, también perjudica al propio Estado porque el Decreto Supremo No. 010-2001 de enero pasado, por el cual se modifica y aumenta vertiginosamente las tasas del ISC, ha provocado un efecto a la inversa de lo esperado por el Estado ya que la recaudación fiscal ha disminuido. Es decir, se ha producido un fenómeno similar a lo ocurrido con la cerveza y, al parecer, el Estado no ha asimilado la experiencia. A mayor tributación, menor recaudación. Antes de aumentar la tasa a los licores, el Estado recaudaba más. En cambio, ahora recauda menos y ha conseguido favorecer e impulsar a la industria informal de licores, que no tributa y causa daños a la salud de los consumidores. La producción de cerveza que sufre antigua y similar imposición que los licores, por ejemplo, ha caído en más del 21 por ciento en los últimos cuatro años y la recaudación tributaria se ha reducido en 12 por ciento. Es decir, al subir los impuestos se reduce la producción, se desincentiva el consumo y se recauda menos. A propósito, según un estudio realizado por APOYO, actualmente existen más de tres mil talleres de fabricación de licores clandestinos a nivel nacional y casi el 50 por ciento del total del mercado de bebidas alcohólicas proviene de la industria informal. Pero eso no es todo. Esta industria clandestina fabrica los licores con un grado de alcohol de 35 a 45 por ciento contra un promedio de 10 a 12 por ciento en el caso de los vinos, por ejemplo. Además, preparan los licores "bambas" con alcohol metílico que no es apto para el consumo humano y han causado varias muertes, incluso masivas, en el país, lo cual ha sido de conocimiento, escándalo y rechazo de la opinión pública. La industria formal se ha visto obligada a una reestructuración de precios para cubrir sus costos de importación, producción o fabricación, lo que implica que sea asumida por el consumidor, por lo que las ventas y el consumo han disminuido ostensiblemente, cayendo hasta el borde de la paralización o de la quiebra. Los estratos altos, sectores A y B, por ejemplo, que generalmente consume licores de calidad como el whisky, recurren a productos de contrabando que también son de calidad y que abundan en el mercado dado que ingresan al país clandestinamente y sin pagar impuestos. Entretanto, la industria formal, afectada con el 40 por ciento de ISC, ha quedado semiparalizada. El daño, en realidad, es incalculable. El que importa whisky y demás licores tiene que pagar impuestos pero no puede colocar su producto. No hay ventas por la paralización del mercado y la proliferación del contrabando. Los estratos populares, en cambio, recurren a los licores producidos de manera clandestina que son de baja calidad y dañinos, sin medir las consecuencias contra su salud. Estos fabricantes informales sobre los que no rige ninguna tributación, han sido favorecidos por la política equivocada y cortoplacista que rige para la industria de licores formal. La medida tributaria (ISC del 40 por ciento) ha caído en el vacío por su propio peso, por lo que se espera su pronta eliminación, ya que el objetivo de una mayor recaudación se ha producido a la inversa. La historia de la industria de licores en las últimas tres décadas ha pasado por varias etapas y muchos gobiernos han hecho lo que les vino en gana en cuanto a tributación, imponiendo y aumentando tasas por el sólo hecho de aumentar sus ingresos, pero sin importar el desarrollo o por lo menos el mantenimiento de este importante sector de la economía del país. A fines de los años 70, por ejemplo, las importaciones de licores estaban permitidas pero los impuestos y aranceles eran altos, surgiendo el contrabando. Entre el 84 y 90, se impuso exagerados derechos e impuestos y entre los años 87 y 90 se prohibió las importaciones y el contrabando de licores tuvo su etapa más alta. El Estado tuvo que invertir para controlar y combatir este contrabando, pero no obtenía absolutamente nada en tributación por la prohibición de la importación. Las consecuencias fueron que los consumidores se vieron obligados a consumir licores nacionales de muy mala calidad, mientras el contrabando inicia un desarrollo incontrolable con corrupción de funcionarios. Así, aparecen productos muy baratos, sin control de calidad y que atentan contra la salud. En los años 90 al 93 se reinician las importaciones, pero los aranceles siguen siendo altos al igual que el contrabando. Del año 93 a marzo del 99 hay libre mercado e importación con una nueva política de impuestos. Esto trae como consecuencia el desarrollo violento del mercado formal, incremento de fuentes de trabajo, servicios, minoristas, empresas de publicidad, etc., la calidad de los productos locales mejora considerablemente porque tienen que competir y los rones nacionales tienen la participación más alta en esta categoría. También se produce la caída del contrabando de licores, desaparecen los contrabandistas de "avenidas" y el Estado recauda 20 millones de dólares anualmente. Pero ahora, la evolución de la nueva tasa ha provocado el incremento inmediato del contrabando, ha afectado la liquidez de las empresas, han bajado las ventas formales y se ha reducido la recaudación del fisco. Todo lo que se recuperó en términos de formalidad (seguridad para el consumidor, calidad, recaudación) se está perdiendo con la política tributaria actual del Estado en el mercado de licores, la cual, debemos decirlo, está totalmente equivocada. |
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