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Editorial - 05/03/2002 Más allá del fenómeno de Humbolt Yo siempre supe cual sería la respuesta de mis amigos y de mis detractores: "Ahora se cree meteorólogo". Por eso, durante años, he guardado en reserva mi interés en los desarrollos científicos y el monitoreo mismo de los eventos climatológicos que afectan a nuestro país. Durante años he leído, casi subrepticiamente, cuanto libro se ha cruzado en mi camino y he frecuentado cuanto sitio web he encontrado en la red. Quizá solo mi orientador en este tema, Abraham Levy, con quien ocasionalmente intercambio material, y el Almirante Fernando Jiménez, ex-Presidente del Imarpe, quien tan pacientemente puso a mi disposición valiosísima información sobre El Niño, han sabido de mi silenciosa pasión por entender los fenómenos climáticos que afectan al Perú recurrentemente. Me he animado, finalmente, a dar la cara, entrar al debate sobre este tema y escribir esta líneas, a raíz de la amical infidencia del Ministro de la Presidencia, mi amigo Carlos Bruce, quien hace unos días contó, en el programa Enfoque de los Sábados de RPP, una conversación reciente entre ambos. El ministro Bruce relató como hace poco más de un mes atrás, durante un almuerzo en su despacho con el democrático objetivo de intercambiar ideas, le dije que era necesario tomar previsiones porque yo creía que se venía un episodio más del mal llamado "fenómeno del Niño". Lo hice con todo el preámbulo necesario, casi disculpándome por el atrevimiento, como para evitar que soltara la carcajada, pues entendía que, para él cómo para cualquiera de mis amigos, era casi una broma de mi parte meterme a hablar de climatología (el estudio de las variaciones del clima en el tiempo). El ministro, sin embargo, observó los cuadros que le presente detenidamente, guardó la sonrisa de incredulidad que ya había esbozado y ordenó que le sacaran fotocopias a los documentos que había compartido con él. En ese mismo programa, el sábado pasado, Carlos Bruce me pidió disculpas públicamente por no haberme creído del todo. Se lo agradezco muchísimo. Es un gesto que no merezco y lo enaltece. Sin embargo, ese no era mi objetivo. Cuando compartí con él mi preocupación pretendía generar en el gobierno, y en la clase dirigente de nuestro país en general, conciencia sobre la relación que debemos aspirar a mantener con nuestro entorno natural. Antes de pasar a exponer algunas ideas fuerza producto de estos callados años de estudio, quisiera explicar por qué un economista podría o debiera interesarse en este tema. La razón de mi interés es muy simple: quien pretenda servir a nuestro país desde una posición de gobierno sea desde el legislativo o desde el ejecutivo, en el gobierno nacional o en el gobierno local, tiene que tener un entendimiento básico de cómo los fenómenos naturales pueden afectar el curso de los acontecimientos y la aplicación de las políticas gubernamentales en el Perú. Ese es mi caso. ¿De que sirve -pregunto yo- hacer estimados de crecimiento de producto, exportaciones, recaudación con sofisticados modelos econométricos si éstos no son capaces de incorporar la incidencia de un posible "fenómeno del Niño"? Es más, pensándolo bien, todo tomador de decisiones en el Perú, publico o privado, debiera conocer sobre el tema de El Niño. Nosotros los peruanos y El Niño El Niño ha estado con nosotros desde que el hombre pobló esta parte del continente y estará, seguramente, hasta el día que no quede ser humano alguno. En este devenir, la relación con El Niño se ha ido modificando y aún estamos en ese proceso. Creo que podemos identificar hasta tres estadios de la relación de nosotros los peruanos con El Niño. Primero, la etapa primitiva, la de "como será pues...", en la que sentados esperábamos cual siervos panteístas que la naturaleza mostrara su benevolencia o su ira para entonces construir una explicación de lo que habíamos hecho bien o mal según correspondiese. Así, la respuesta ante la posibilidad de un evento climático severo de calentamiento de las aguas del Pacifico en este estadio ha variado, a través del tiempo, desde sacrificios animales (y pareciera ser que también humanos) hasta la sistemática y conveniente eliminación del tema de la agenda publica. He de aclarar que aún hoy, muchos tomadores de decisiones en el Perú -alcaldes y legisladores, por ejemplo- transitan en la etapa primitiva de la relación con El Niño. La segunda etapa es la que propongo llamar la "etapa del progreso baconiano": el hombre domina a la naturaleza. Los peruanos accedemos a la información y la tecnología y somos, por tanto, capaces de anticipar -aunque sea sólo con unos pocos meses de antelación- un Niño (severo o no). Así, premunidos de la ingenua presunción que "ahora sí" podemos domesticar la naturaleza, salimos raudos a construir defensas ribereñas, a entrenar equipos de Defensa Civil y a crear algunas partidas de contingencia para enfrentar "la furia de la naturaleza". En esta etapa, obviamente, alcanzamos algunos logros importantes como de hecho son salvar vidas y campos de cultivo. Me atrevería a decir que el prófugo Ing. Fujimori alcanzó esta etapa y enfrentó el evento del 98 con relativa eficacia (dado que no existía precedente de prevención alguno en la historia del Perú). Pero aunque sería bueno que al menos nuestra clase dirigente alcanzase ese segundo estadio de la relación con El Niño, lo ideal, mi propuesta, es que hagamos un esfuerzo para que todos los peruanos alcancemos la tercera etapa en la relación con El Niño: la etapa de la convivencia productiva. El calentamiento severo de las aguas del Pacifico tiene múltiples efectos sobre nuestra economía: algunos negativos pero también otros positivos y, lo que es más importante, algunos de los efectos negativos acarrean efectos positivos si es que somos capaces de prepararnos para aprovecharlos. En el ya mencionado programa en RPP, el periodista y maestro culinario Raúl Vargas comentó, por ejemplo, cómo la presencia de El Niño en nuestro mar resulta no en una desaparición de los recursos pesqueros sino en un cambio en las especies disponibles: deja de haber lenguado, por ejemplo; pero entra el perico, el langostino y variedades de tiburones, por mencionar algunas especies. En este momento, se está pescando jurel y caballa mucho más cerca de la costa (y también se han detectado cardúmenes de anchovetas juveniles cerca de la costa). La merluza, por el contrario, se ha desplazado hacia el sur. La abundancia de lluvias es buena para algunos cultivos y mala para otros. En el norte podríamos sembrar más arroz y menos algodón. La cantidad de horas de Sol también afecta la productividad de muchos cultivos. Es necesario señalar aquí que los mayores efectos económicos negativos de un Niño severo se registran, tradicionalmente, a lo largo del año y no precisamente en el verano (particularmente en los sectores pesca y agricultura y precisamente porque no estamos preparados para aprovechar lo positivo). Es más, en mi modesta opinión, si el evento que estamos observando deviene severo, las lluvias fuertes serán las que enfrentemos en el verano de 2003 y no ahora. Pareciera ser que estamos ante un calentamiento parecido al del 92 más que al del 98 (es decir, fuerte pero no tanto como el del 98). Aunque para ser estrictos, si algo sabemos hoy de El Niño es que no hay dos Niños iguales. Así, de estar ante un fenómeno parecido al del 92, podríamos esperar, además, que las lluvias intensas en el norte del país generen grandes extensiones cubiertas de algarrobos y pastos naturales aprovechables durante los siguientes dos o tres años para ganadería de ovinos y caprinos. Si esperamos a que los pastizales estén finalmente a nuestra disposición, habremos perdido al menos un año de su posible aprovechamiento. Nuestro país debería estar preparado para simplemente activar un Plan para el Aprovechamiento Productivo de El Niño: ganado listo para ser importado, redes langostineras a disposición, embarcaciones listas para la pesca de las especies alternativas y, por que no, hasta paquetes turísticos para aprovechar las lagunas que eventualmente se formen. Esto último podría sonar duro si consideramos que al lado de ello podría coexistir la desgracia de muchos compatriotas pero entiéndase que de lo que se trata es de minimizar lo negativo y maximizar lo positivo. Cuando logremos esto, habremos entrado al tercer estadio de la relación de nosotros los peruanos con El Niño: la etapa de la convivencia productiva con el fenómeno. El Sistema de Alerta Temprana (SAT): una propuesta El Niño no es más que uno de los factores exógenos que recurrentemente afecta nuestra economía. Es uno de los riesgos permanentes a los que estamos expuestos. En el campo de los fenómenos naturales el otro factor importante podría ser los terremotos. Lamentablemente la predicción de sismos es un arte aún incipiente (aunque podemos esperar avances significativos en los próximos 20 años). Existen, además de los riesgos de la naturaleza, otros factores exógenos que pueden afectar nuestra economía y que debiéramos monitorear permanentemente. Me refiero, por ejemplo, a los eventos políticos, las posibles catástrofes naturales y el desenvolvimiento económico de los países cuya cartera de productos de exportación incluye los principales productos de exportación de nuestro país. En este contexto, nos interesa no sólo lo que pueda pasar en Colombia o Venezuela sino -por ejemplo- la situación en Zimbabwe y en Zambia. En el primer país la crisis política en torno a las elecciones del mes que viene y las consecuentes sanciones que la UE tomaría de no considerar las mismas transparentes (lo que ya es un hecho); y, en el segundo, el anunciado retiro de una importante multinacional minera, podrían generar una presión al alza en el precio del cobre lo que ciertamente nos beneficiaría. En el campo de los vaivenes económicos internacionales y su potencial efecto "shock" sobre nuestra economía, tenemos aún muchísimo que aprender. Como lo he dicho muchas veces antes, la actual recesión tiene su origen en la incapacidad del dictador y del MEF para capear los efectos de la crisis de liquidez rusa que golpeó a nuestras puertas entre septiembre y octubre de 1998. Fue en ese momento cuando se produjo el rompimiento de la cadena de pagos en el Perú -innecesaria e inexplicablemente- y es a partir de ese momento en que ni el dictador ni el MEF nunca más supieron qué hacer. Contrario a lo que a veces se dice, la crisis asiática no tuvo efectos importantes en nuestra economía. La reciente crisis argentina pareciera no haber tenido efectos económicos significativos (aunque por la vía del "efecto demostración" social, podría eventualmente tenerlo si el gobierno no logra finalmente la tan ansiada reactivación este año). En fin, son múltiples los factores que deben ser monitoreados para asegurar una adecuada gestión de la política económica y, en general, del gobierno del país. Considero que la creación de un Grupo de Trabajo (task force, en la jerga relevante) que se dedique al seguimiento de todos estos factores y que reporte directamente al Presidente de la República o al Presidente del Consejo de Ministros, sería una iniciativa que enriquecería de manera significativa la calidad de la toma de decisiones al más alto nivel gubernamental. El Grupo brindaría un "servicio" de Alerta Temprana. Su labor sería notificar a su "cliente", el Presidente, del menor indicio de la presencia de alguno de estos factores exógenos y proponer los Planes Contingentes que la situación amerite. El Sistema de Alerta Temprana (SAT) podría estar también conformado por miembros del sector privado y parcialmente financiado por éste. Para no generar más gasto corriente al fisco, el SAT podría formarse sobre la base de personal destacado de instituciones como el BCR, COFIDE, la Cancillería, el IMARPE, SENAMHI y el Instituto Geofísico (actuando, además, todos como "enlaces" con sus respectivas instituciones). Algunas ONGs privadas podrían también aportar recursos humanos con este fin. El SAT, creo, podría ser muy útil en una economía que como dicen hoy en cualquier esquina "está cada vez más globalizada". Y la verdad es que, con todo respeto, las tareas propuestas para el SAT, me parecen a priori más importantes que las que puedan estar haciendo los tantísimos consejeros presidenciales y zares existentes. Esta es tan solo una propuesta perfectible que espero sea considerada en su momento. A manera de colofón:¿por qué "fenómeno de Humbolt"? Permítaseme terminar estas osadas reflexiones con una osada proposición: el fenómeno debiera llamarse "de Humboldt" pues como todos sabemos a partir de una lectura de un GPS en el Perú costero, el clima que "debiéramos" tener sería el correspondiente a una zona tropical. Esto no es así no porque exista un eventual fenómeno de El Niño sino, precisamente, porque lo que existe es un fenómeno de inversión térmica que se origina en la "anómala" presencia de la corriente de Humboldt frente a nuestras cosas. Así de equivocados andamos los peruanos respecto a nuestro entorno natural. |
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