Más de un millón de chiítas atestaron Karbala, considerada una ciudad santa, para un festival en que se llora el martirio del nieto del profeta Mahoma. Algunos peregrinos se flagelaban y otros se infligían heridas en la cabeza, en ritos largamente prohibidos bajo el régimen de Saddam Hussein.
En una manifestación, los participantes llevaban pancartas con leyendas como, "Estados Unidos no, Israel no, Islam sí". Marcharon durante una hora y se dispersaron.
Muchos chiítas _desde seculares hasta fundamentalistas_ festejan la caída de Saddam, pero desconfían de Estados Unidos y sus intenciones para el futuro del país.
"Saddam Hussein era funesto. Estados Unidos también lo es", dijo Judayer Abbas Musawi, un estudiante de ingeniería. "Estados Unidos no vino a liberar al pueblo iraquí sino en busca de petróleo. Vino a ocupar, no a liberar. Los norteamericanos echaron a Saddam y ahora deben partir".
Pero algunos expresaron apoyo a Estados Unidos.
"Quiero agradecer al señor (presidente George W. Bush) por derribar la prisión en la que se encontraba Irak. Quiero agradecerle por lo que hizo y que Dios le bendiga", dijo Kathem Jasim Mohammed, un vendedor callejero.
Funcionarios estadounidenses calcularon que un millón de personas asistieron a la marcha, pero un vocero del Consejo Supremo de la Revolución Islámica, el principal grupo de oposición, dijo que la cifra de fieles superaba los cuatro millones y enviaba un mensaje a Estados Unidos.
"Esta gran concentración transmite un mensaje político y religioso a todos, incluidos los norteamericanos", dijo Abu Eslam al-Saqir en declaraciones desde Teherán.
"Significa lo siguiente: Los iraquíes están en su tierra y expresan lo que aman y quieren. El pueblo ama al islam", dijo, y añadió que no se podía imponer gobierno alguno en Irak: "Los norteamericanos que ocupan nuestro país deben recibir este mensaje y aceptar la decisión del pueblo iraquí y evitar imponer su voluntad sobre nuestra nación".
A pesar de sus diferencias intestinas, los chiítas, el 60 por ciento de los 24 millones de iraquíes, pudieron realizar sus actos con poca anticipación y hasta ahora sin violencia.