Los estadounidenses encontraron vacíos los suburbios de la ciudad donde vivió Sadam la mayor parte de su infancia tras la muerte de su padre, sin rastro de soldados iraquíes o guardias republicanos, que abandonaron el lugar dejando detrás sus tanques y vehículos blindados, según mostraron televisiones árabes por satélite.
Fuentes militares estadounidenses dijeron que oficiales del Pentágono están negociando con responsables locales en Tikrit la rendición de la ciudad sin resistencia.
Según "Al Yasira", hombres armados que se han hecho fuertes en esa ciudad mostraron su disposición a entregarse a las tropas estadounidenses pero no a la milicia de la oposición iraquí.
Hasta el momento, se desconoce el paradero de los miembros del Ejército y guardias republicanos que velaban por la seguridad de esta ciudad, 180 kilómetros al noreste de Bagdad, donde se esperaban fuertes choques con las tropas invasoras de EEUU.
Según agentes de los servicios de espionaje estadounidenses, grupos de la guardia republicana fueron vistos mientras se dirigían hacia esa ciudad, considerada la base de operaciones del II comando iraquí que lideraba Ezat Ibrahim.
Ibrahim, quien fue vicepresidente del Consejo del Comando de la Revolución de Irak -por tanto, el "número dos" del régimen-, había sido nombrado por Sadam comandante del frente norte que incluye Tikrit, Kirkuk y Mosul.
Cinco días después de la caída de la capital iraquí, aún se desconoce el paradero de Ibrahim, al igual que el del propio Sadam Husein y sus más estrechos colaboradores.
Con la toma de Tikrit, el Ejército de Estados Unidos extenderá su control a la mayor parte de los 450.000 kilómetros cuadrados que forman el territorio iraquí, desde Satt Al-Arab en el sur hasta el Kurdistán en el norte.
La provincia de Anbar en el oeste del país es la única zona que aún no controlan los anglo-estadounidenses, aunque fuentes militares de EEUU dijeron que esta región es su próximo objetivo, según el plan para acabar con los restos del régimen de Sadam y buscar las supuestas armas de destrucción masiva que fueron la razón alegada por George W. Bush para invadir Irak.
Mientras tanto, en Bagdad los "marines" de EEUU en colaboración con civiles iraquíes y agentes de policía intentan restablecer el orden y acabar con la situación de anarquía y los saqueos de propiedades públicas y privadas.
El Ejército estadounidense que ocupa la capital iraquí impuso anoche un toque de queda en un intento de controlar la situación, después de que los saqueadores ignoraran los llamamientos de los habitantes de Bagdad para poner fin al desorden y los robos.
"Los saqueos han cesado relativamente en algunas zonas pero aún continúan los robos en otras", dijo Ahmed Zaki, un policía iraquí que colabora con las fuerzas de EEUU para establecer el orden.
Añadió que la tarea de mayor prioridad en estos momentos debe ser el restablecimiento de los servicios básicos, especialmente el suministro de electricidad y agua, además de proveer a los hospitales con el material que necesitan".
Los hospitales de la capital no se han salvado de los saqueadores, que se llevaron hasta las camas dejando a los heridos por los suelos.
Decenas de policías y miembros de los servicios civiles del depuesto régimen iraquí han reanudado sus actividades hoy con el objetivo de restablecer el orden y los servicios básicos, según pudo comprobar el corresponsal de EFE.
Aparentes muestras de una paulatina vuelta a la normalidad se pueden observar en la ciudad, habitada por seis millones de personas, donde se ven turismos y taxis circulando por sus calles.