Decenas de miles de personas recorrieron las calles de la ciudad por segundo día consecutivo y repitieron los saqueos, como sucedió de manera casi ininterrumpida desde que fue derrocado el miércoles Saddam Hussein.
Los soldados norteamericanos no hicieron esfuerzo alguno para detener a los saqueadores mientras se llevaban televisores, refrigeradores, alfombras y otros artículos.
Entre los edificios saqueados figuraron la embajada alemana y el centro cultural francés.
Muchos de los saqueadores acudieron al centro de la ciudad desde los barrios pobres de la periferia con carretillas y carros manuales, con la esperanza de obtener, cuando menos, su parte de los bienes públicos.
Algunas unidades estadounidenses recibieron el jueves orden de empezar a reprimir los saqueos aunque los mandos militares apenas han comenzado a delinear una estrategia en ese sentido.
"El saqueo por parte de la población civil continúa por doquier. No somos suficientes para impedirlo", reconoció el cabo primera de la infantería de marina Darren Pickard, que intentaba proteger las instalaciones de una academia iraquí de policía que estaba siendo desmantelada por los saqueadores.
Sin embargo, fueron enviados refuerzos finalmente cuando los saqueadores centraron su atención en el arsenal de la academia, en el que estaban depositados centenares de fusiles automáticos junto con granadas, cuchillos, pistolas y morteros.
Mientras tanto, el humo se elevaba de multitud de edificios incendiados por toda la ciudad. Los marines dijeron que fuerzas leales al abatido régimen iraquí incendiaron su propia sede y culparon de ello a los estadounidenses. Por lo menos en un caso, fueron los saqueadores los que incendiaron varios edificios que formaban parte del Ministerio del Interior.
Las fuerzas estadounidenses ocuparon el Ministerio de Energía y Petróleo, mientras el Ministerio de Transporte, situado en un edificio de nueve pisos, quedó completamente consumido por las llamas, al igual que la sede del Comité Olímpico Iraquí, mientras que el Ministerio de Educación fue calcinado parcialmente.
Cerca del Ministerio del Interior, el edificio en que tenía sus oficinas uno de los hijos de Saddam, Odai, sufrió daños, especialmente los pisos superiores.
Un edificio incendiado cercano al Ministerio del Interior fue estremecido por varias explosiones causadas al parecer por las municiones y cohetes que habían sido ocultados en su interior.