Los responsables son dos: Los militares estadounidenses y, en ocasiones, los mismos iraquíes. A veces los dos juntos.
"Cada vez que tumbamos un retrato de Saddam, ellos aplauden", declaró el capitán Peter McAleer, comandante de la Compañía Echo de la 15a Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina.
Hace apenas unos días, en Nasiriya se erguía una enorme estatua de Saddam a la entrada de la ciudad. Hoy, después de una batalla de dos semanas ganada por las fuerzas invasoras, el pedestal está cortado.
En todos lados en esta ciudad, los infantes de marina estadounidenses están derrocando las imágenes de Saddam, y los habitantes suelen ayudarles. Lo mismo está ocurriendo en todo Irak: Los avances de las fuerzas angloestadounidenses son constantemente coronados por el desmantelamiento de alguna efigie del líder iraquí.
Para la tarea se usa cualquier herramienta: Pintura, hachas, capas de látex, explosivos. En un caso bastó con un nuevo nombre: el Aeropuerto Internacional Saddam ya no se llama así.
En el puerto de Umm Qasr, cerca de la frontera con Kuwait, los retratos de Saddam hechos con azulejos están siendo arrancados paulatinamente, al parecer por los propios iraquíes. El enorme retrato del líder a la entrada está tachado con pintura. Otros retratos han sido desmantelados atando cadenas a la base y jalando.
En el norte, en la zona de Qadir Karam, controlada por los curdos, una enorme X roja cubre un retrato de Saddam con la mano alzada en saludo a su pueblo. Y el lunes, en el centro de Bagdad, las fuerzas estadounidenses derrumbaron una estatua de Saddam, dejándola boca abajo encima de un desagüe cual borracho desplomado.
Tales acciones no siempre son espontáneas, dicen los militares, sino parte de una estrategia calculada.
"Consideramos todo retrato o efigie de Saddam Hussein como un objetivo legítimo a fin de conseguir un efecto psicológico, para que la gente vea que ese símbolo de opresión ya no es tan fuerte", dijo el martes en Kuwait el coronel Chris Vernon, portavoz de las fuerzas británicas.
A lo largo de los años, Saddam ha estimulado el culto de su personalidad, a veces a la fuerza. Por ejemplo, insultar al presidente se castigaba con la muerte.
Pero al mismo tiempo, el líder iraquí ha negado estar creando un mito en torno a su figura.
Declaró en 1983 ante reporteros kuwaitíes que el culto no era obra suya y que por lo tanto era obvio que era genuino.
"Si ese caso del que hablamos no fuera realmente genuino, el pueblo no lo toleraría por más de seis meses y lo arrojaría por la borda", dijo el dirigente iraquí en ese entonces.
Hoy, todo parece indicar, lo están arrojando por la borda a él.
"Uno usa medios militares para lograr un efecto psicológico", dijo Vernon, el portavoz británico. "Si uno puede decapitar a una organización y dejarla sin cerebro, la misión está 90% cumplida".