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Opinión - 21/03/2002 La razón de fondo de la visita de Bush Quizás hemos especulado demasiado sobre la visita de George W. Bush, a causa de la natural novelería limeña. No en vano es el primer presidente de los Estados Unidos que nos visita en el ejercicio de su cargo. Con una mentalidad provinciana dentro de la globalización de nuestro siglo veintiuno, sin embargo, hemos pensado más en lo que queremos nosotros que en lo que quieren "ellos", es decir, la Casa Blanca. La política norteamericana, desde el 11 de setiembre del año pasado, tiene una única prioridad: la lucha mundial contra el terrorismo internacional. Y en las relaciones entre los estados lo que cuenta son los intereses. En este caso, el interés del Estado que ha tomado la iniciativa, es decir, los Estados Unidos. La política norteamericana, desde el 11 de setiembre del año pasado, tiene una única prioridad: la lucha mundial contra el terrorismo internacional. Y en las relaciones entre los estados lo que cuenta son los intereses. En este caso, el interés del Estado que ha tomado la iniciativa, es decir, los Estados Unidos. Lo que otros han dicho en tono de crítica hay que decirlo en son de alabanza: Estados Unidos viene a decir a los países andinos, y concretamente al Perú y a Colombia, que debemos erradicar el terrorismo, la guerrilla y el narcotráfico, y que para esa difícil tarea sí podemos contar con la enorme riqueza de los Estados Unidos. Al Perú le interesa que sea así, porque el narcotráfico es una plaga que no se suprime autárquicamente, como hemos podido comprobar en la década de los 90. Solos, con la incomprensión del mundo llamado libre, pudimos eliminar dos movimientos brutales de terrorismo anarquista, pero el narcotráfico está ahí. Al Perú le interesa, asimismo, porque Washigton ayuda más a Bolivia y a Colombia que a nosotros en la lucha contra el narcotráfico, y eso puede ser revertido con habilidad diplomática, si Torre Tagle asume esa tarea con convicción. Ese es, en mi opinión, el fondo de la cuestión. La diplomacia norteamericana ha elegido una cita de cuatro países andinos, con un tema de aranceles, como ocasión adecuada, que la es. Pero ni siquiera se ha esforzado en traer una oferta atractiva en ese tema, pese a la presión de la diplomacia peruana, a causa de un compromiso previo entre la Casa Blanca y un senador interesado en proteger los intereses internos del gran país del norte, impidiendo el ingreso de productos andinos en materia textil. Pero como todo acuerdo tiene precio por ambos lados, el nuestro puede ser, a falta de correspondencia en el tema de aranceles, un planteamiento serio en la lucha contra la pobreza, sobre la base de un tratamiento solidario de la deuda internacional, como planteamiento general y como aplicación puntual con nosotros. Lo que, inexplicablemente, no parece haber sido considerado hasta ahora en la agenda formal, que para algo tiene que servir, más allá de gestos y ceremonias. |
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