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Artículo

14/07/2006
VER PARA CREER... EL PLAGIO

El domingo 25 de junio El Comercio publicó un sesudo y extenso artículo del renombrado escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939). “La educación en ruinas” denotaba a un autor reflexivo y abundante en datos y referencias, con una visión aguda y crítica con respecto a la situación de la educación en el Perú. En los días sucesivos, la nota fue comentada elogiosamente en los círculos académicos y políticos del país… Hasta que el miércoles 28 de junio, en el mismo diario, una inesperada aclaración por carta del propio Bryce dejó en muchos lectores dudas sobre la autenticidad de sus ideas.



En esa carta confesaba lo siguiente: “Lamento mucho que, debido a la excepcional extensión del artículo que publiqué el 25.06.06, no se haya publicado la nota que suele aparecer acerca de su autor y, en este caso, también la nota en que debí agradecer al señor Herbert Morote (Pimentel, 1935) el manuscrito que me envió desde España, titulado "Pero... ¿tiene el Perú salvación?", en que se aborda extensamente el tema de la educación, y que me fue de gran utilidad en la redacción de mi artículo”.

“…me fue de gran utilidad…”, esa frase habría que recordarla, porque puede ser el hilo de la madeja de este embrollo que, en los últimos días, ha pasado de ser una simple aclaración y reconocimiento de la fuente que motivó el artículo (o parte de él), a una seria denuncia de plagio del señor Morote contra el autor de “Un mundo para Julius”. Así de grave.

La denuncia se hizo en las mismas páginas de El Comercio, el jueves 6 de julio. Allí Morote –economista y autor de obras teatrales, novelísticas y ensayísticas (escribió el libro “Vargas Llosa, tal cual”)- publicó una carta acusadora en la que contaba que Bryce había escrito la carta anterior, la del 28, a exigencia suya, y que a pesar de señalarle que no le satisfacía (Bryce se la había mandado antes), éste la publicó tal y como estaba.

Esta columna, como parte del público absorto ante tal denuncia, no puede hoy constatar si hubo o no plagio, es decir, si existió copia literal de párrafos o fragmentos, puesto que recién la próxima semana estará en Lima el polémico ensayista con su libro bajo el brazo.

Sin embargo, algunas cosas pueden decirse de este bochornoso hecho. Que recordemos, no ha habido nunca en la historia personal de Bryce Echenique una denuncia de este tipo. Es más, el narrador de “La vida exagerada de Martín Romaña” ha venido desarrollando su perfil ensayístico con suma constancia, hablando del Perú y su cultura, de la amistad y el amor, de la literatura y el mar, de la vida hedonista y también del temor a vivir en un país que le duele y alimenta a la vez.

Desde hace algunos años, incluso, los críticos peruanos y extranjeros vienen reivindicando la labor ensayística de Bryce, en desmedro de una repetitiva elaboración en sus ficciones narrativas. En otras palabras: su estilo decantado en la etapa más madura de su carrera literaria se viene concentrando, hoy por hoy, en sus escritos varios, en sus memorias y antimemorias y en sus artículos y crónicas.

En esa medida, el artículo publicado en El Comercio sobre el tema educativo ha sido visto como una consecuencia lógica de su interés por reflexionar críticamente en torno a los asuntos más graves que afectan al país. Todo ello le ha servido para delinear una faceta peruanista, muy sensible al tema del Perú y, además, a consolidar una imagen sólida de “hombre de letras” universal.

Siendo así las cosas, no parece coherente –diré más bien que está cercano a lo absurdo- que un hombre que ha labrado respeto por su trabajo intelectual eche todo por la borda debido a un supuesto plagio de un texto que, casi con seguridad, no debe estar tan bien escrito como los últimos ensayos del ganador del Premio Planeta 2002.

Una cosa es “sacar lo útil” (recuérdese la frase: “…me fue de gran utilidad…”) de las reflexiones de cualesquiera autores para, debidamente motivado, emprender el propio estudio, la auténtica disertación de ideas y la rica argumentación de propuestas; y otra sin duda muy distinta coger un libro o manuscrito y sólo gastar energía en la copia a todas luces condenable.

Sabemos que el señor Herbert Morote está presuroso por venir al Perú y presentar el libro que ha generado este intríngulis entre dos supuestos amigos (Bryce presentó a mediados de la década de 1990 un libro de Morote). Su llegada será sumamente provechosa en el sentido de que se espera que aclare en qué se ha basado para denunciar periodísticamente al prestigioso autor nacional.

No obstante, más allá de todo -incluso de nuestro escepticismo declarado-, ningún plagio puede ser admitido como una práctica. El plagio es un delito venga de quien venga. Es por ello que las cosas deben aclararse lo más pronto posible, porque una cuestión así lastima a la cultura y a sus productores.

Para un lector adolescente y potencial escritor, aficionado al mejor Bryce Echenique, saber que su ídolo literario está vinculado a un delito es tan decepcionante como para el hincha de Zinedine Zidane saber que su héroe, autor de un descalificador cabezazo, dice que se disculpa, pero no se arrepiente.

En este affaire literario hay muchas cosas en juego. Y mal haría el periodismo y la crítica en callarlas.

Datos del autor



(Lima, 1970) Egresado de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ejerció el periodismo cultural en los diarios La República y El Peruano; profesor de periodismo, corrector de estilo e investigador literario, ha trabajado en áreas de comunicación corporativa, y actualmente es editor de la revista Testimonio.



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