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Alexis Iparraguirre
EL INVENTARIO DE IPARRAGUIRRE

Alexis Iparraguirre (Lima, 1974) ganó recientemente el Premio Nacional PUCP de Narrativa con su libro de cuentos El Inventario de las naves, a la venta en las librerías limeñas. Dueño de un estilo personalísimo, influido por Borges, Cortázar y Calvino, el autor conversó en exclusiva con Terra sobre su obra literaria y su visión de la escena literaria local.

Entrevista de Manuel García

¿Cuál es el lugar de la literatura en la actividad diaria de Alexis Iparraguirre?

En la actualidad es un lugar bastante restringido, porque tengo que encontrarle espacio en el trabajo de burócrata y que es el que me da de vivir diariamente. Sin embargo, desde chico una de las cosas que más me ha gustado hacer ha sido practicarla. Mi vínculo con las lecturas es del que más tengo memoria. Es decir, lo más viejo que he hecho ha sido leer y escribir.

Yo creo que escribo cuentos desde los ocho o nueve años, si es que la memoria no me traiciona. Entonces, mientras me lo permitió la vagancia maravillosa de la universidad, es decir, entre los dieciocho y los veinticinco años, leí todo lo que pude en las bibliotecas de la universidad. Era un placer absorbente, a tiempo completo. Creo que ninguna obsesión, ni siquiera las mujeres, me han pedido tanto, exigido tanto y absorbido tanto.

Has mencionado que tuviste que hacerte un tiempo entre el trabajo burocrático y entre el trabajo de docencia para poder trabajar “El inventario de las naves”. ¿Cómo se gesta este libro?

Este libro se escribe por varias razones. En primer lugar, la aparición en nuestras librerías de Ediciones Siruela, que nos traía a Italo Calvino completo. Calvino es un gran escritor que escribe libros de cuentos estructurados, que desarrollan un solo tema en riquísimas variaciones. Todos sus cuentos giran sobre una sola idea y, en realidad, van completando una especie de panorama de fondo. La lectura en conjunto de ellos genera una historia nueva. Eso me pareció increíble. El clásico Boccaccio lo hizo antes en “El Decameron”, pero nosotros teníamos eso como que muy perdido de vista aquí en Latinoamérica y aquí en el Perú, en particular, me parece.

Y en segundo lugar, el carácter apocalíptico es una cosa que se junta de muchas experiencias, desde el miedo que yo tuve siempre desde chico al Apocalipsis. Era uno de los libros de la Biblia que más me daba miedo y que mi tía abuela leía con furor, además. Por otra parte, el primer cuento que escribí, de manera más o menos azarosa, fue “Sábado”, y del que una amiga mía me dijo “Esto es un Apocalipsis, acá se acaba el mundo para estos personajes”. Sobre esta base estructural, fui construyendo la historia de un barrio que se va destruyendo sobre principios analógicos.

Bueno, para ponerme sencillo: una historia es el reflejo de otra pero en otros términos. En realidad, las siete historias del cuento son espejos. Pero descubrir de qué manera son espejos es lo que puede divertir y enredar. Y yo quiero que divierta y enrede a todos los lectores posibles. También es eso el sentido de las profecías apocalípticas.

Se nota mucho al leer “El inventario de las naves” mucho de esa influencia que se suele asociar con las lecturas universitarias: Borges, Calvino, Cortázar. ¿Cuánto te ha marcado este aprendizaje con estos autores?

Es curioso porque, en realidad, yo creo que si existe alguna marca generacional que pueda unir a un montón de escritores que estamos apareciendo ahora o que tratamos de aparecer ahora, es nuestro paso por la academia universitaria. Todos lo hemos dado. Niegue quien lo niegue, todos hemos tenido un contacto más o menos fuerte con una formación de carácter académico, y esta formación de carácter académico nos dio a los autores que tú estás señalando: Cortázar, Borges, Ribeyro para otros. Estoy pensando en el caso de Alarcón, por ejemplo, con Ribeyro. Se trata más bien de modelos apreciables y, además, que confirman las teorías que nos dan algunos grandes críticos, como Harold Bloom, de por qué un escritor decide un camino especial para escribir.

En realidad, uno decide un camino especial para escribir, no solamente por las cosas que tiene que decir, sino para emular a otros que uno piensa que lo dijeron mejor que uno. Entonces, uno está en esa competencia. Creo que Borges es inimitable; su capacidad de condensación en la frase es otro lugar común que siempre se dirá de él pero que nunca se agota. Cortázar y Calvino son semejantes en su potencia fabuladora, aunque uno la saque de la intuición y el otro de la geometría.. Creo que son tres autores que para el siglo XXI no van a poder ir separados jamás y que me gustan un montón también.

Otra cosa que se encuentra es que, aunque se trata de cuentos fantásticos, hay una presencia bastante bien descrita de la vida cotidiana. ¿Cuánto coges tú del día a día, del estar en el mundo, de tu vida cotidiana?

La cotidianidad de los cuentos se puede ver estructuralmente en que muchos de ellos, creo en cinco, y de ello me he percatado ahora revisándolos, empiezan con el despertar de una persona, generalmente del protagonista. O sea, una persona sueña., despierta, sale a mirar el mundo, camina cuadras, le pasan cosas, se encuentra con el Absoluto o lo Imposible, da la vuelta y luego vuelve a dormir, a soñar. Yo creo que parecerá estúpido, de repente, pero el ciclo diurno, el ciclo del día, sus veinticuatro horas con sus distintas fases es una estructura que define bastante bien la obra. Además, la relación con el sueño. En lo particular, es una cuestión casi confesional, tengo sueños muy cargados y siempre están reverberando a lo largo del día en las cosas que me pasan o me dejan de pasar. Entonces, eso de mi vida cotidiana, de hecho también está en los cuentos.

Has mencionado la aparición de una generación de escritores recientes. ¿Cómo te ubicas tú en esos marcos de categorización? ¿Perteneces a alguna generación, perteneces a algún marco generacional?

Esa es la pregunta de la trampa de oso, porque siempre la respuesta sobre si uno pertenece a alguna parte o a algún hace que los que se sienten que pertenecen a la otra parte, vean a un aliado o a un enemigo dependiendo de las cosas. Mi reciente inclusión en el medio literario limeño me ha hecho ver eso, me ha hecho ver que hay bandos profundamente susceptibles, de pudores de anciana burguesa. Y lo peor de todo es que honestamente se pelean por saber quién es el rey de los camotes, quién manda en el circo de las pulgas.

No sé. Si debo ser honesto, yo diría que pertenezco a un grupo de gente que lee mucho y tiene explicaciones del mundo vinculadas a su paso por las universidades. ¿Somos los sujetos letrados de los que hablan los académicos norteamericanos? Sí, pero qué escritor no lo ha sido. El asunto está en que me parece que si tuviera que ubicarme dentro de un grupo sería de un escritor que no quiere hablar de escritores, que quiere hablar de personas.

Con Luis Hernán Castañeda, un amigo muy próximo, conversábamos y él me decía: “Tu tema no es la formación de un escritor, sino la formación de una persona”. Y yo estuve de acuerdo. Me di cuenta de que lo que me interesa no es ver el crecimiento artístico de alguien, sino el crecimiento ético. En esa medida yo pienso que me diferencio de este grupo que está apareciendo –y que me parece muy bien que aparezca–, que escribe literatura desde una vinculación con el medio académico, pero para solo hablar de escritores. Es inevitable la mirada a uno mismo.

Pero tengo que decir que para mí no tiene ningún interés la idea del escritor que escribe sobre escritores, porque me parece una idea por ahora agotada, una vuelta de tuerca narcisista y sin muchos caminos que no sean el autorretrato heroico o complaciente. Los motivos son muy largos de explicar. Me interesa sí la otra, porque habrá que decir que de la formación interior y moral de las personas, y estoy hablando “moral” en un sentido bastante amplio del término, no se escribe mucho. De hecho, algo de búsqueda de carácter hay en todos mis personajes.

Parte de una polémica actual en la literatura peruana se relaciona con la posición del escritor en su medio. ¿Ha desaparecido este escritor, hombre público? ¿Ha desaparecido este escritor político? ¿Ha sido un espejismo del siglo XIX, del XX?

Pienso que la política es una cosa que debe hacerse. Probablemente sonará pedante, pero el término en castellano no se da a entender bien: no “discursearse”. Creo que los escritores que quieren hacer política harían muy bien saliendo a marchar o a protestar, o sus-cribiendo causas que consideren legítimas, o dando el magisterio en política sobre el tema, o aprendiendo y leyendo de política y diciendo las cosas tales cuales les importan. No hay ningún pecado en que eso se exprese en novelas y ficciones brillantes. Pero lo primero es escribir. Si se definen como escritores, me parecería que mucho más interesante sería que dieran buenas novelas, cuentos y poemas, así fuesen novelas, cuentos y poemas políticos, antes que ficciones políticas que las personas que las juzgan moralmente las evalúen como políticamente correctas.

Finalmente, este año te ha ido muy bien, Alexis. Ganaste el Premio Nacional PUCP, publicaste tu libro de cuentos. Incluso apareciste en una antología de narradores peruanos publicada por la editorial Estruendomudo. ¿Qué vienes trabajando ahora? ¿Qué podemos esperar de ti en los próximos años?

Yo estoy trabajando una cosa que se llama “Light”. Y digo el nombre, porque me parece un golpe de suerte. Todavía no tengo claro si van a ser nueve o doce cuentos, pero van a tratar de dos cosas fundamentales: las relaciones de pareja y la sociedad de consumo. Y no quiero decir que una tenga que dominar obligatoriamente a la otra o influya necesariamente sobre la otra, sino que me interesaría mostrar cómo hay un complejo diálogo que hace que nuestras decisiones amorosas tengan que ver con cuestiones tan básicas y absurdas como qué marca de ropa usa otra persona.

Eso es lo que tengo ahora. Los cuentos los tengo muy en boceto. Yo pienso que me voy a demorar. Los diez años como me demoré para hacer “El inventario de las naves”, no lo sé. Pero es una cosa que espero, tengo la esperanza que me salga bien, y como está marchando, veo que está yendo bien. Un buena oración vacía esta última, ¿verdad?


 Detalle


"El Inventario de las Naves" se encuentra a la venta en las librerías Crisol, El Virrey y La casa verde, entre otros, así como en la librería del Fondo Editorial PUCP. Su precio es de 10 soles, pero en la Feria del Libro de Miraflores lo puede encontrar a 7 soles y en Crisol a 8 soles.
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