Reconocen su necesidad y la aceptan a regañadientes. Evitan propagandizarla y la mencionan cuando no tienen más remedio. Todos se reclaman católicos, pero se hacen los locos cuando se les recuerda la opinión de la jerarquía eclesiástica sobre la dichosa píldora. Se llenan la boca hablando de planificación familiar y paternidad responsable a sabiendas que ni siquiera se les ocurrirá hacer desde el gobierno una campaña por la difusión del condón. Para nuestros candidatos, el sexo es todavía un tema tabú del cual solo se acercan para trivializarlo. Les da miedo hablar de ello. En pleno siglo XXI evidencian otra cara más de nuestro subdesarrollo.
Porque hablar de sexo en el Perú, desgraciadamente, no es hablar de placer y libertad, sino de asuntos demasiado serios. Y tristes: El embarazo adolescente, por ejemplo.
Casi 180,000 jovencitas -el 13% de las adolescentes peruanas entre los 15 y 19 años de edad- ya son madres. El 25% de las mujeres atendidas por abortos incompletos son adolescentes; el 15% de las muertes en mujeres por causas asociadas al embarazo, parto y puerperio son de adolescentes. Los adolescentes son el grupo poblacional más expuesto a sufrir violencia física y sexual. El 60% de las agresiones sexuales son cometidas por adolescentes de sexo masculino menores de 18 años ¿Ha escuchado usted a nuestra robusta candidata conservadora o al siniestro ex -presidente aprista citar estos datos? ¿Usted cree que les importan?
Según una estimación de datos oficiales, se producen en el Perú una media de 54 mujeres violadas. Más de dos peruanas por hora. Y cada año más de 400,000 peruanas se someten a abortos en condiciones de riesgo. Aunque esto no debe significar nada a quienes no quieren ni discutir la despenalización del aborto ¿Verdad señor Paniagua?
La mortalidad materna en Perú está entre los niveles más elevados de América Latina, solo nos gana Bolivia. Pero, sin embargo, desde los años noventa el gasto público en salud y educación ha descendido hasta terminar siendo casi el último en todo el continente, apenas superado por Guatemala, otro país problemático. De los nefastos años del fujimorismo, la única política de salud sexual fue esa suerte de limpieza étnica bajo el nombre de anticoncepción quirúrgica femenina: auténticas esterilizaciones forzadas que se aplicaban exclusivamente sobre las campesinas pobres, como si tuvieran la culpa de haber nacido en las zonas más atrasadas de los Andes ¿Se acuerda de esto, señora Marta Chávez?
La familia no es ningún refugio contra estos males. Según datos publicados en la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar -ENDES- 2000, el 41 por ciento de las mujeres alguna vez ha sido empujada o agredida físicamente por su esposo o compañero. Datos recogidos por el Instituto de Medicina Legal del Ministerio Público revelan que en el Perú, durante el 2004 se produjeron 215 casos de violencia doméstica al día, aproximadamente 9 casos de violencia familiar por hora. ¿Es esa la institución familiar que se quiere defender, señor Humala?
A esto agreguemos el machismo (manifiesto y encubierto) que es uno de los puntales de nuestra cultura cotidiana, la tremenda ignorancia en materia sexual y reproductiva alimentada por la precariedad de nuestro sistema educativo y el clima supersticioso que promueve la iglesia católica peruana. La polémica suscitada en torno a la Anticoncepción Oral de Emergencia (acostumbrémonos de una vez a su nombre oficial) es solo un pequeño botón de muestra de la necedad de nuestra clase política. A esa gente no le interesa nuestra salud sexual ¿Por qué, entonces, darles nuestro voto? ¿Por qué, entonces, votar?
En todo caso, dentro de una hora otra paisana será violada. Da igual si vote o no.