La ira de los musulmanes vuelve a subir. Y la causa es una caricatura de Alá con una bomba en su turbante -entre otros doce dibujos jocosos- publicada por un periódico danés. Frente a la creciente cólera islámica, en Europa se hace hincapié en la libertad de expresión: En Palestina se queman banderas de Dinamarca, en Francia otro rotativo reproduce en primera plana la caricatura como muestra de solidaridad. Lo que en los países desarrollados significa libre ejercicio de un derecho, en el mundo musulmán se entiende como una prepotente ofensa a las raíces de su identidad ¿Quién tiene razón?
Si hay algo que diferencia Europa del mundo islámico en términos culturales, es la diáfana laicidad de la primera frente a la protagónica presencia de la religión en el segundo. En Europa lo religioso es otra construcción cultural más, sujeta al Estado de Derecho y sin ningún privilegio. En buena parte del mundo musulmán la religión tiene un papel de suma importancia en cualquier acontecer cotidiano.
La separación entre Iglesia y Estado, que es obvia y elemental en Europa; resulta mucho más confusa y opaca en las sociedades islámicas. En éstas, buena parte de las leyes están inspiradas en el propio Corán, muchas autoridades religiosas son también jefaturas políticas. La mezquita, lejos de ser solamente un centro de recogimiento de piadosos, es una auténtica ONG cuyas atribuciones pueden ir desde la alimentación de los niños a las pensiones de viudedad. Criticar la religión no es un ejercicio diletante, es cuestionar las bases y la organicidad misma de una sociedad sufrida, nostálgica de su pasado, agredida de forma cruel en el presente y que mira su futuro con ansiedad e inquietud.
Es cierto que no siempre fue así, el mundo musulmán vivió un peculiar renacimiento laico a lo largo de buena parte del siglo XX. Frente al inmovilismo de las jerarquías político-religiosas que llevaban siglos malgastando el poder, las nuevas generaciones de turcos, egipcios o iraquíes vieron en las ciencias y las doctrinas políticas de Occidente una salida para modernizar sus sociedades y hacerlas más justas y prósperas. Los intentos de reforma naufragaron en los avatares de la Guerra Fría y en la incapacidad de estos renovadores por cambiar radicalmente las estructuras de su sociedad. Dictaduras militares, caudillos tercermundistas, reyezuelos corruptos, ese fue el triste resultado.
Como reacción, las generaciones siguientes retornaron a las instituciones del Islam como base para entender y solucionar los problemas de su comunidad. Aunque esta vez no estaban tan solos: Recibían un extraordinario apoyo monetario de millonarios árabes con complejo de culpa así como de servicios secretos yanquis que veían en el fundamentalismo una barrera invencible frente a la expansión soviética en Oriente Medio. O como el caso de Hamás, en sus inicios promovido por Israel en un candoroso intento de crearles competidores incómodos a la entonces poderosa OLP de Arafat.
Las consecuencias, veinte años después: Las estructuras religiosas musulmanas tienen hoy un poder, una presencia y una articulación con sus pueblos como nunca antes la tuvieron: Cajas de ahorro, popularísimos sitios web, canales de televisión, ejércitos privados, redes de informantes a nivel mundial, conglomerados empresariales en todos los sectores (desde el petróleo a los refrescos, pasando por las finanzas y el petróleo), sistemas educativos que se encargan de decenas de miles de adolescentes y jóvenes, plataformas digitales con sus propios satélites
Pedir laicidad en el mundo musulmán es tan o más difícil que conseguir igualdad en el Perú de hoy. Además el mundo musulmán está a la defensiva: Bombardeados, engañados, humillados, caricaturizados. Para ellos Occidente no significa libertad ni inteligencia. Solamente hipocresía y venalidad. Burlarse de Dios para ellos no es el ejercicio de un derecho, es un nuevo acto de desprecio hacia su tragedia, otra puñalada más a su pobre vida cotidiana que desgraciadamente- solo ve en el Profeta su única salida y su única verdad.
Con el campo de concentración que Bush ha levantado en Guantánamo ¿Con qué cara le hablamos a los musulmanes de libertad de expresión? Así de sencillo.