Sí, empiezo fuerte el 2006. Os confieso mi desdén por estas ceremonias eleccionarias en un país donde estás obligado a votar porque sí y, sin embargo, no puedes fiscalizar de ninguna forma a los sinvergüenzas que uno elige. Así que cada cinco años, para bien o para mal, somos espectadores de este panorama que, y ya lo dice mucha gente, tiene más de circense que de político.
Porque, veamos lo que llega al JNE: Un pequeñajo con enormes guantes de boxeo que encabeza una plancha que parece sacada de una truope de mimo, un bigotón en traje de chalán que se presenta en público si fuera Segio Leone a las puertas de un "Saloon", un gringuito dueño de una aerolínea rodeado de bailarines cuzqueños al punto de parecer una bizarra postal turística. Otro rancio criollo de toda la vida desfrazándose de folklorista andino (costumbre electoral de todos los candidatos criollos que veremos sucesivamente en estos días). No podía faltar el candidato de la escobita bailando algo remotamente parecido a un huayno. Danza que, sospechamos por similares movimientos y música de fondo, es también habitual en el repertorio electoral de la candidata engreída de la prensa conservadora. Javier Díez Canseco, que ya podría retirarse a su finca a escribir sus memorias, persiste en su enésima intentona electoral, exhibiendo en los afiches callejeros una espantosa dentadura por sonrisa. Mientras que el Apra pone el tono siniestro a la campaña presentando en su plancha a los dos responsables del genocidio de presos políticos en El Frontón. En ese barbárico nivel también tenemos a las listas fujimoristas, cada una más hilarante que la otra, donde igual cabe un empresario pirotécnico que una de las más feroces brujas que ha conocido el parlamento en los últimos años.
Podríamos seguir hurgando en las miserias colectivas de cada una de estas venticuatro productoras de promesas eternas, pero -como no podía ser de otra manera- tenemos que detenernos para dedicar unas líneas a El Candidato, al hombre que desde el anonimato de una agregaduría diplomática subió como la espuma al punto que los resultados de las encuestas empezaron a dar miedo. Este hombre que sin ser un gran orador, ni un especialista en publicidad y márketing, ni mucho menos ser un ideólogo refinado; se ha convertido en un tremendo aglutinante de masas, un dínamo que ha llegado a conectar con el grueso de los sectores C y D, que son los que al final eligen a los mandatarios. Un hombre que de ser un solitario estigmatizado por su aparente radicalidad, ahora cuenta tras sus espaldas con el apoyo incondicional de dos jefes de Estado y, probablemente, con las simpatías de buena parte de los progresistas de la región. Porque el Candidato no solo ha sabido salir airoso de los ataques de nuestra trasnochada derecha, ha terminado por robarle los votos a un Alan García que debe darse cabezazos de desesperación contra las paredes y se ve cortejado (de forma cada vez más humillante) por una izquierda atomizada, anémica y comodina. ¿He aquí al César?
No encuentren en mí a otro esperanzado votante que ve en El Candidato la venida de un nuevo Inkarri liberador que convertirá al Perú en la próxima potencia regional de América. El Candidato tiene tras de sí un partido que en sus inicios no se diferenciaba mucho de los Fascios di Combattimento (estamos extrañando ese hitleriano estandarte exhibido en Andahuaylas, ese con la chakana haciendo de svástica en una bandera nazi y coronado por un hipotético cóndor imperial) y cuya prédica política inicial ganó adeptos increíbles por lo radical y extremista del discurso. Su actual moderación aún no sabemos si ha sido fruto de una reflexión personal desde hace unos años o, simplemente, una estrategia electoral más para no asustar a demasiada gente. Por último, los líos familiares que arrastra (un padre pródigo en pensar disparates en voz alta, un hermano distanciado y resentido que no sabemos a qué jugó con el "putsch de la cervecería" andahuaylino, otro luciéndose en brazos de una candidatura criolla) hacen pensar que sonó la flauta por casualidad y todos los Humala decidieron vender su apellido como garantía electoral. El panorama se oscurece más todavía si vemos las maniobras por repartirse los curules del congreso, donde medran las puñaladas traperas, los vetos caprichosos y el desfile de excongresistas y plutócratas que ven en el congreso poco más que una inversión pecuniariamente rentable.
Porque en última instancia hablamos de personas, de esas figuras y figurones que retrataba Manuel González Prada hace cien años y que ahora cobran una paradójica actualidad. Nuestros partidos siguen siendo clubes electorales y sindicato de notables, solo que con miembros cada vez más mostrencos y desalmados. Qué podemos esperar pues de un sistema político sin instituciones fiables y serias. Circo e infierno electoral: Payasos que entretienen por no convencer y leviatanes que no les importa nada -ni siquiera el país- con tal de apoderarse de todos los recursos y el poder que uno pueda ambicionar. Feliz 2006.