Varias de generaciones de peruanos hemos sido educados en el estereotipo alemán. Puntualidad, eficiencia, trabajo duro, perseverancia, ahorro, disciplina. Todo eso se ha acabado ya y la locomotora germana hace años que ha perdido lustre y fuelle. A la crisis económica se le une otra política : Los dos grandes partidos terminaron empatados en la última elección y han decidido hacer un gobierno en común. ¿Disparate político ? A lo mejor solo sensatez económica.
Entrando al tercer milenio, la economía alemana es una de las más endeudadas de Europa, su tasa de paro se va engrosando progresivamente, el índice de crecimiento ya es negativo y la coyuntura actual -sea la debilidad de la economía europea, sea el impacto del precio del petróleo- no puede ser más negra. El ex-presidente Schröder fracasó con su bloque de reformas laborales y decretos de impuestos. Por un lado se clavaron impuestos a una infinidad de cosas que iba desde la venta de objetos de arte hasta la comida para perros. La legislación sanitaria se endureció gravemente y los famosos tres días que un trabajador podía darse de baja aduciendo unilateralmente depresión acabaron, al parecer, para siempre. A buena parte de los funcionarios públicos no solamente se les ha congelado el salario sino incluso tuvieron que pasar por el trago amargo del recorte de aguinaldo de Navidad casi en una tercera parte. Lo peor de todo esto es que apenas sirvió para cambiar el rumbo económico.
El problema es que la crisis de la economía alemana es, sencillamente, una exhibición de los problemas que tiene el viejo Welfare State (El Estado del Bienestar) de las socialdemocracias europeas. Es decir, una economía que protegía al trabajador, abundante en gasto público y servicios sociales, que resolvía la vida de sus ciudadanos desde antes de su nacimiento (subsidios a embarazadas y parejas jóvenes) hasta después de muertos (las casas de renta módica se pueden traspasar de padres a hijos, después del fallecimiento). Escolarización gratuita, créditos a los jóvenes, un abanico de instituciones sociales, educativas y sanitarias para el ciudadano, una legislación laboral avanzada y el subsidio al desempleo más generoso del mundo. Y también bondades como las transferencias por maternidad, vacaciones subvencionadas para los trabajadores, una cobertura médica tan magnánima como la de los extintos países comunistas, espléndidas residencias para la tercera edad...osea, el paraíso. Pero alguien tenía que pagarlo.
Antes, la economía alemana era tan expansiva y dinámica que podía ofrecer todas esas ventajas. Pero la globalización por un lado (que ha restado competitividad frente a los asiáticos y yanquis) y el peso de la unificación con la antigua Alemania Oriental (Que incrementó en un 50% el gasto social durante la última década) terminaron por encarrilar a los germanos a un callejón sin salida. Se gana menos pero se sigue gastando bastante. Así, desde hace algunos años los presupuestos federales se saldaban con agujeros de alrededor de 30,000 millones de dólares.
Está claro que las viejas recetas socialdemócratas no funcionan pero la alternativa democristiana de Angela Merkel no parece lo suficientemente atractiva a buena parte de los alemanes. El trabajador medio alemán es cualificado, bien pagado y con una serie de derechos laborales que no está dispuesto a renunciar. Así que se ha impuesto un pacto inédito : Los tradicionales partidos enemigos firman una coalición conjunta, reparto de ministerios incluído.
Es un atrevido paso adelante. Dos cabezas que se vigilarán mutuamente pero puestos de acuerdo en una cosa : Los resultados. Si las cifras anuncian mejoras económicas (algo predecible dado la confianza del sector financiero y el aumento de inversiones en I+D) la transición del modelo alemán a la economía globalizada se hará sin sobresaltos. De persistir los problemas, Alemania se podría hundir en disputas políticas periódicas como sucedía en Francia o Italia. Pero algo peor :Europa se quedaría sin locomotora.
Datos del autor
(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.