Se lamenta terriblemente el crítico Leonardo Aguirre cuando constata la miseria de nuestra demanda cultural. Lógica es la rabia cuando, buscando financiar una publicación cultural o alguna otra iniciativa decente, regateas e imploras dádivas a un plutócrata ignorante mientras dinero no falta para promocionar publicaciones sensacionalistas o músicos mediocres que copian cualquier burrada venida de Miami. Pero llorando no arreglamos nada. Y yo soy de los que se resisten a creer que este es un país abandonado a la ignorancia y la barbarie. Por eso fui a Tingo María.
Por estos días RUNA, una pequeña asociación cultural compuesta por escritores y artistas plásticos, se está dedicando a difundir su producción cultural por las ciudades del oriente peruano. En alianza con algunas autoridades locales y muchos amigos docentes, se han apañado para realizar exposiciones, conciertos, recitales y charlas en lugares como Tocache o Aguaytía. Me invitaron a compartir sus jornadas en Tingo María y esto vi.
Pesimista como soy se me hacía imposible montar una exposición de artes plásticas en zonas tan alejadas dado el alto costo que significa trasladar adecuadamente las obras de arte. Y porque una exposición necesita de un local en condiciones, personal, iluminación apropiada, rotulación, seguridad, etc. lo que encarece todo el proceso y hace económicamente inviable una exposición en plena zona Rupa Rupa. Pues, inasequible a todos estos reparos, se montó una agradable exposición en la propia municipalidad de Tingo, y nada menos que en la sala de regidores, la misma que fue desamueblada y acondicionada para la actividad. Dicha exposición, de las mejores que haya podido ver la ciudad en décadas, contó con obras de artistas de reconocida trayectoria como el pintor peruano Alfredo Alcalde o el dibujante vasco Eneko Las Heras. Incluso se montaron dos instalaciones del polifacético artista plástico Fernando Cassamar, las primeras en su género que se exhiben en Tingo. Ver para creer.
Otro rubro fue ir a los colegios. Me parecía atroz hacer recitales entre escolares gritones que, probablemente, no tenían ni idea de lo que era literatura. Grave error. Los maestros, al margen de los medios y del Estado, están haciendo su propia revolución cultural en muchos centros educativos de provincias. El colegio "Gomez Arias Dávila" -el más grande de toda la provincia de Leoncio Prado- publica su propia revista literaria donde escriben los estudiantes. El "César Vallejo", en las afueras de Tingo, realiza todos los años sus juegos florales con masiva participación. Y en la ciudad existen torneos interescolares de declamación lírica. "Los heraldos negros" o "Los dados eternos" son poemas más que conocidos entre la muchachada tingalesa. Y los poetas que recitaron en esos planteles se sintieron como en casa.
Tingo María ya tiene sus escritores. Gloria Dávila Schreiber -"Colibrí" para los amigos- es probablemente la primera poetisa tingalesa en publicar un poemario. Escribe versos en español, quechua o portugués indistintamente. Tiene un tremendo orgullo por su tierra y sus raíces, en Alemania es la primera en reírse del Elba, un río de juguete si lo comparamos con el mayestático Amazonas. Eli Caruzo es un prometedor narrador que vive en un pueblito situado en las afueras de la ciudad. Ya ha publicado un libro de cuentos, tiene otro en la imprenta y está preparando una vigorosa novela sobre su tierra. Su obra ya ha sido alabada por titanes de las letras peruanas como Oswaldo Reynoso y Andrés Cloud. Gloria y Eli son esa otra literatura -todavía ninguneada por la crítica oficial- que manifiesta otra sensibilidad. Con ellos nos metemos en el monte, subimos peligrosas cuestas y pendientes resbaladizas para gozar de villas recónditas y paisajes escondidos. La literatura peruana del futuro solo existirá si se alimenta de estos paisajes, si se nutre de los relatos de estas gentes, si baila al sabroso ritmo de esta parte del Perú.
Mentira que el Perú está abocado a la incultura terminal. Lo que se muere es ese país oficial que siempre ha sido tan ignorante como injusto. Se muere una Lima pituca que ni siquiera sabe copiar bien. Se muere un Estado criollo de tercera clase que no ha aportado nada a la cultura universal. Pero el país de verdad, el país de escuelas destartaladas pero afanosas, de adolescentes soñadores, de anónimos luchadores de la cultura; ese país está vivo y sigue buscando sus propios caminos de libertad y felicidad. César Vallejo se pasea alegre por Tingo María ¿no lo ven?