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 Artículo
 23/09/2005
 CÁSATE CON UN ESPAÑOL QUE ESO A TÍ SÍ TE CUMBÉ
Los matrimonios de conveniencia, la última moda entre los emigrantes

Dicen que en los Estados Unidos es una auténtica industria que mueve millones de dólares; pero en la península ibérica es un fenómeno relativamente reciente. Lo cierto es que la cuarta parte de los inmigrantes inscritos en España están casados con ciudadanos españoles y, por ende, prestos a adquirir la nacionalidad y formar parte además de la Unión Europea. Y ya que entre los peruanos la idea de emigrar sigue siendo un sueño masivo, es mi obligación decirles la dura realidad.

Vayamos por partes. Los casos más frecuentes de matrimonio con españoles vienen de la Perla del Caribe: Cuba se ha convertido en el paraíso sexual para los peninsulares de todos los tipos y edades. Predomina el español cuarentón, gordito, feo y con una predecible mala suerte con las mujeres. No es un millonario pero ha trabajado lo suficiente como para tener su empresa (aunque sea un bar piojoso en los extraradios) casita propia, coche, ganar en un mes lo que la inmensa mayoría de cubanos ganarían en décadas y tener una estabilidad social suficiente como para costearse sus vacaciones rumbosas a Cuba o República Dominicana, otra isla caliente.

El asunto es que entre daiquiris, habanos y playas, nuestro españolito encuentra más de una escultural cubana dispuesta a calmar sus apetitos humanos hasta el cansancio. Durante quince días o más, uno llega a creerse un auténtico jeque árabe y piensa razonablemente que ese estado puede continuar en la Madre Patria. Por lo general, la cosa cambia una vez se firma el matrimonio: Más de una vez la recién casada desaparece apenas cruza el umbral del aeropuerto de Barajas y deja al flamante recién casado hecho un lloroso tarugo.

Situaciones penosamente similares vive la menopáusica asidua a bares de strippers masculinos, el cuartel de secretarias de mediana edad cansadas de comentar las maravillas de los consoladores de última generación fabricados en Finlandia, el homosexual reprimido y desesperado que se traga el cuento del tamaño de los miembros viriles cubanos, la lesbiana hambrienta de nuevas y tropicales sensaciones, etc... Es evidente que entre tanta patología también tengamos ejemplos felices, pero su insignificancia es tal que sólo sirven para rellenar guiones de cine (sobre el asunto ya se han filmado cerca de una docena en ambos países) y no aportan nada a nuestro análisis en cuestión.

Asunto aparte son los matrimonios de conveniencia "conscientes y expresamente pactados" sea para hacerles el favor al chico y chica tercermundista y resolver sus problemas de papeles, sea por ganar dinero de la manera más cínica. En el primer caso, buena parte de las motivaciones son altruistas y hasta políticamente correctas, si sabemos que buena parte de los "favorecidos" son víctimas de regímenes tiránicos o fugitivos de países enloquecidos por la guerra.

Desgraciadamente lo que abunda es el segundo caso: El estilo yanqui de pagarle a un español cualquiera una cantidad equis por casarse y hacer que el cónyuge extranjero adquiera la nacionalidad. A veces se ha intentado hacer a lo bestia, como sucedió hace años en Galicia, cuando se quisieron organizar unas nupcias fraudulentas a 200 prostitutas simultáneamente. A cada ciudadano interesado en modificar su estado civil, la mafia proveedora de meretrices le pagaba alrededor de 9.000 dólares. No es de extrañar que la oferta local se concentrara en jóvenes universitarios gallegos y asturianos sin trabajo. Claro que la iniciativa era tan burda y aparatosa que la Policía tuvo tiempo y eficacia en acabar con esos matrimonios forzados por mero interés pecuniario.

Pero la práctica ha continuado, aunque con más discreción y profesionalidad. La Fiscalía General del Estado lo sabe y en el Registro Civil se mira más detenidamente los casos de matrimonios mixtos. Cosas como la disparatada diferencia de edad entre los contrayentes da a lugar a interrogatorios virtualmente humillantes. El novio o la novia deben conocer bastante las intimidades de la otra parte, pues ese es un aspecto sobre el que hacen hincapié los letrados a la hora de conceder o no la licencia de matrimonio. La barrera de la lengua es otra cosa que pone en alerta a los funcionarios, más aún porque el español medio es bien bruto para los idiomas. Estas sutilezas no son molestia en el caso de inmigrantes hispanoamericanos: Muchos "españoles" nacidos en Lima o Trujillo, pero ya nacionalizados por el tiempo de residencia, han visto en este tipo de matrimonios de conveniencia una oportunidad para ganarse buen billete y beneficiarse de la numerosa oferta de rumanas, búlgaras o moldavas sin romperse mucho la cabeza y no tener problemas con la ley. La Policía se dedica con energía a perseguir redes de prostitución o mafias de inmigración ilegal, pero no se complica la vida ante un negocio de este tipo al por menor.

Sí, ya lo sé. Usted aquí en una cena familiar jura que nunca llegará a esos extremos para conseguir papeles y futuro en el mundo desarrollado. Pero ¿Cree que eso no decían en su momento la prostituta búlgara que necesita enviar dinero a su familia, el cubano desesperado por largarse de la isla, la sindicalista kurda perseguida a muerte por el ejército turco, el joven colombiano obsesionado por rehacer su vida en una paz y abundancia desconocidas en su país natal ?

Emigrar es también una manera de negarse. Pensadlo bien antes de despegar del Jorge Chávez.


 Datos del autor



(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.


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